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Ciclo de conferencias Tribuna Pública
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| La fábula del bosque de Mario Alfagüell, paradigma de la música latinoamericana Cecilia Casas C Profesora Asociada. Universidad Nacional de Colombia Crítica profesional El estreno de La Fábula del Bosque, ópera del compositor costarricense Mario Alfagüell, basada en el texto poético de Fernando Centeno Güell, plantea un nuevo paradigma de la música latinoamericana y del mundo. A finales del siglo pasado, el eminente compositor norteamericano George Crumb había sentenciado: "quizás muchos de los complejos problemas de la nueva música se podrían ver desde una perspectiva nueva, si introdujéramos de nuevo la idea antigua de que la música es un reflejo de la naturaleza." Alfagüell, logra concretar esta visión de Crumb transportando al auditorio a un escenario de vida natural y haciéndolo reflexionar sobre la sabiduría de la naturaleza, de la cual el ser humano de hoy se ha apartado cambiando su entorno natural por un entorno de cemento y elementos sintéticos. Este concepto no habría podido concretarse en otro universo diferente al de Costa Rica. Alfagüell logra extraer de la poesía de Centeno Güell su más pura esencia que, sin lugar a dudas, forma parte de la identidad del costarricense, y de la imagen que Costa Rica proyecta al mundo; mas allá de la fábula, Centeno Güell plantea temas de reflexión filosófica de gran contenido didáctico, sobre valores éticos y culturales, que hacen del texto un himno a la vida, e invitan al ser humano a asumir su responsabilidad como parte integral de la naturaleza. El concepto estético de Alfagüell, expresado en un lenguaje propio que no admite concesiones y por lo tanto auténtico y bien cimentado, se articula claramente con la tendencia de muchos compositores latinoamericanos, dirigida a revalorizar y reutilizar el riquísimo patrimonio musical de América Latina, no en forma de citas o elaboraciones a partir de un género o estructura determinada, sino como un punto de partida para la construcción de su obra. La conformación de la orquesta, constituye una síntesis de la diversidad cultural, objeto de estudio y máxima preocupación de músicos y artistas de hoy frente a la amenaza que representa la globalización. Con la acertada inclusión de instrumentos de origen étnico, como güiros, ocarinas, palos de lluvia y dijeridú (de origen australiano), de instrumentos de tradición occidental tratados con novedosos efectos sonoros, y con la original innovación en instrumentos de percusión, Alfagüell logra crear un ambiente que evoca el mágico entorno sonoro del bosque, y acentúa el carácter de cada cuadro y de cada personaje, aspecto que fue resaltado por la impecable batuta de su Director Álvaro González, quien supo extraer lo mejor de la orquesta y de los solistas, logrando momentos de gran dramatismo, contrastando con episodios de un gran lirismo y sutileza. Partiendo de la reutilización de material autóctono como el del canto indígena bribri de Costa Rica, basado en una escala pentatónica, Alfagüell crea mediante tradicionales y originales transformaciones, una propuesta con grandes posibilidades expresivas, de factura sumamente compleja y gran dificultad, brillantemente afrontadas por instrumentistas, solistas, bailarines y coros con gran profesionalismo y compromiso. Todos ellos ofrecieron un ejemplo de verdadero arte y fuerza expresiva que merecerían un comentario aparte que cuenta en detalle de su excelente interpretación. Un gran aplauso merece la Compañía de Cámara de Danza UNA por su intensidad y energía, y su coreógrafa, Ileana Álvarez, quien logra ofrecer una lectura teatral de gran impacto. Palmas para el Director de escena Luis Carlos Vásquez, quien supo construir una unidad, en la interacción de los diferentes medios y enriquecida por una espectacular escenografía, acentuada por acertada iluminación y original vestuario. Difícil tarea la de los técnicos de sonido, para sortear en forma inteligente los problemas que ofrece la acústica del teatro. Esta excelente producción del Fondo de Producción Artística del Centro de Investigación, Docencia y Extensión Artística (CIDEA) de la Universidad Nacional de Costa Rica, merece un especial aplauso por el compromiso y profesionalismo con que los jóvenes asumieron el enorme desafío de montar una ópera de la magnitud de la Fábula del Bosque, y constituye un ejemplo a seguir, en muchos de los países del área latinoamericana, como modelo de integración académica y trabajo en equipo. El brillante estreno de la Fábula del Bosque, logró atrapar a un público atento, identificado con el argumento, y agradeció con gran entusiasmo la gran oportunidad de acceder a un nuevo lenguaje musical, en armonía con su entorno y su cultura. |
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