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Ciclo de conferencias Tribuna Pública
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Cafta: requisitos, humildad, prudencia Marvin Calderón Administrador bancario La gran crisis de los años 1929 y 1930 fue causada en gran medida porque una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, países que antes eran socios comerciales ahora eran enemigos y ya no comerciaban entre sí. La producción mundial se convirtió en grandes inventarios almacenados en bodegas. Así, llegó el momento en que no tenía ningún sentido continuar produciendo si no había posibilidad real de comercio, lo cual tuvo como consecuencia mucho desempleo y pobreza. Esta situación continuó hasta después de finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Entonces se creó el Fondo Monetario Internacional (FMI), con la misión de que en lo sucesivo nunca se volviera a interrumpir el flujo del comercio internacional. De esta forma se determinó que en caso de que un país tuviera problemas de balanza de pagos, el FMI lo apoyaría con recursos de corto plazo, para que su capacidad de comerciar no se interrumpiera y con ello no se detuviera su progreso. No es imposible entender que para lograr prosperidad, es necesario comerciar internacionalmente. Lo que no se produce en nuestro país, hay que comprarlo en el mercado internacional. Asimismo, lo que nosotros producimos, otras naciones que no lo pueden producir, nos lo compran. Al ver lo que sucede en nuestro país con el tema del Cafta (tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (Cafta, por sus siglas en inglés) me preocupo profundamente por lo que pueda suceder en el futuro. Por un lado, todos los grupos que son contrarios a este tratado, no desaprovechan una oportunidad para manifestarse y tocar los tambores de guerra. Y es que recuerdo lo que sucedió con el combo del ICE, porque una noche entera la pasé en un bloqueo en el puente de Grecia, Alajuela, como víctima de la situación. Por otro lado, el Presidente ha manifestado que nadie lo va a convencer de que ese tratado no debe ser aprobado por nuestro país. Y una mayoría de los diputados siguen ciegamente esa línea para no traicionar la confianza de don Oscar. Esto lo escribo con el mayor respeto por los señores congresistas. Falta humildad A mi modo de ver las cosas, tenemos a dos bandos totalmente escasos de humildad y prudencia. Y sea cual sea la razón que prevalezca cuando este tratado se pase a votación, tenemos que invocar el favor de Dios y la Virgen Santísima para que la paz social no se vea perdida. Sea que se vote a favor o sea que se vote en contra, no debemos perder de vista lo siguiente: 1. Costa Rica es un país soberano, aliado de los Estados Unidos, no representa una amenaza para la seguridad nacional de ese país y sea cual sea el resultado de la votación, esa nación no debería cambiar las condiciones de amistad, respeto y comercio con nosotros y atender nuestras razones sean a favor o en contra del tratado. 2. Nuestro país ha firmado y aprobado otros convenios comerciales con Canadá, México, Chile y algunos países del Caribe. Y no recordamos que en el trámite de negociación, firma y aprobación legislativa, se hayan presentado los antagonismos que ahora vemos con el Cafta. Por lo anterior, me atrevo a sugerir la publicación de una matriz comparativa de los aspectos negociados en cada uno de los tratados con esos otros países y el Cafta. Para entender entonces, qué hace diferente a este acuerdo con el de Canadá, por ejemplo, que es una superpotencia o con el de México o Chile. Don Oscar tuvo la virtud y la claridad de mente para ser líder y encontrar una solución al problema de la guerra en los países de América Central. El trámite de un tratado de libre comercio está muy lejos de las dimensiones de unas guerras que produjeron mucha pobreza muerte y destrucción. Y el que puede lo más puede lo menos. Los grupos que adversan el Cafta deben tener en cuenta que el país nos pertenece a todos y que en una democracia la mayoría toma los acuerdos. Sólo el tiempo puede decir a posteriori, si la decisión fue correcta o no. No importa cuál sea el resultado de la votación, habrán ganadores y perdedores. |
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