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Ciclo de conferencias Tribuna Pública
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Entes ambientales venden servicios para mantener programas científicos Carlos Cordero Pérez Capitalfinanciero.com Tras la caída de la cooperación internacional para programas ambientales varias organizaciones alcanzaron altos niveles de sostenibilidad económica para financiar proyectos de investigación científica, capacitación y asesoría. Ese es el caso del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio), la Organización para Estudios Tropicales (OET) y el Centro Científico Tropical (CCT). Pero en todos los casos sus directores se anticipan a decir que aunque cobran por los servicios institucionales no se han convertido en empresas mercantiles y lo que hacen es obtener ingresos que mantenga los proyectos pues de otra forma sería imposible. "No tenemos fines de lucro, pero tampoco ánimos de pérdida", indicó Rodrigo Gámez, director ejecutivo del INBio. De acuerdo con estas organizaciones no gubernamentales los recursos de cooperación internacional, en especial de gobiernos de países desarrollados, ahora tienen como prioridades los temas de seguridad, terrorismo y pobreza. Según Enrique Ramírez, presidente ejecutivo de CCT, Costa Rica también se vio afectada porque la cooperación internacional considera que tiene mejores índices de crecimiento y menos necesidades que Nicaragua o Haití. Además, las naciones desarrolladas dirigen buena parte de su cooperación hacia sus excolonias en Africa. Esto tiene un importante impacto para el desarrollo de proyectos de desarrollo rural, medio ambiente, conservación de recursos naturales, corredores biológicos, investigación y becas. Agua y calentamiento global Ante esta situación las entidades están fortaleciendo sus estrategias de sostenibilidad con venta de servicios y fuentes que les generen ingresos propios y sólidos. El INBio, por ejemplo, pasó de depender del 80% de la cooperación internacional hace una década a un 24% de su presupuesto de casi US$7 millones en la actualidad. De esta forma el 76% de su presupuesto proviene de ingresos generados por el INBioparque, bioprospección (que realiza investigaciones para identificar y desarrollas productos comerciales a partir de especies), capacitación y asesoría y publicaciones. Según Gámez tanto la bioprospección como las actividades de capacitación y asesoría se reorientaron para satisfacer la demanda existente en el mercado y cubren buena parte de los ingresos institucionales (66%). Por ejemplo, las necesidades de empresas en materia de biotecnología. También hay temas ambientales que se colocan en la agenda de preocupaciones de la coyuntura a los que ponen atención para ofrecer servicios, como los temas de agua y calentamiento global donde pueden identificar proyectos que les generen recursos. Ese sería el caso de municipalidades, acueductos, empresas o entes internacionales que requieran estudios, asesorías, capacitación, evaluaciones o desarrollo de proyectos en uno u otro tema. Pero dentro del presupuesto de esta institución el INBioparque ocupa un lugar particular, pues además de generar el 20% de los ingresos este parque temático en el ambiente ya superó su punto de equilibrio. Su éxito fue sistematizado por el Incae en un estudio de caso pues del 2000 al 2005 recibió 408.000 visitantes. Para el final del 2006 se espera que esa cantidad ascienda a 104.000, cifra de la cual ya en julio pasado se había recibido 89.000 personas. De la mano del turismo Para la OET y el CCT la generación de recursos esta vinculada a los ingresos por donaciones, servicios a investigadores y ecoturismo -en especial en el caso de la CCT- en las estaciones ambientales que tienen en varios lugares del país. La OET de Costa Rica -que tiene ingresos de más de US$7 millones- obtiene más del 83% de sus ingresos de servicios de hospedaje, alimentación y otros a investigadores que se encuentran en sus estaciones de La Selva en Sarapiquí, Palo Verde en Bagaces y Las Cruces en la zona sur, así como de donaciones de materiales, cursos de educación ambiental y becas o financiamiento a proyectos específicos. Esta entidad tiene un programa de recaudación de fondos que se basa en una red de donadores a nivel internacional. Por su parte el CCT cuenta con fuentes propias de recursos a través de varias reservas privadas que reciben 70.000 visitantes al año, que incluso permiten transferir ¢50 millones al año al Sistema Nacional de Areas de Conservación. La CCT también brinda servicios de estudios ambientales, capacitaciones, planificación de uso de la tierra y manejo forestal, educación ambiental, turismo educativo, evaluaciones de captura y fijación de carbono y está empezando un programa de donaciones. Todo esto le permite que el 99.9% de su presupuesto sea generado por fondos propios, según Enrique Ramírez, financiando proyectos de reciclaje en San Luis de Monteverde, la reserva Museo Alexander Skutch en Pérez Zeledón, plan de manejo de la reserva de Monteverde, investigaciones y publicaciones, entre otras iniciativas. |
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