| Archivo | Indicadores | Lun 4 dic, 2006 - Dom 10 dic, 2006 | Escríbanos |
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Gobernabilidad y transparencia Jaime Ordóñez Consultor internacional Uno de los saltos cualitativos del debate técnico sobre el Estado en las últimas tres décadas ha sido el determinar adecuadamente las relaciones entre gobernabilidad (capacidad de la institucionalidad del Estado y su prestación de funciones públicas para atender adecuadamente las demandas ciudadanas), y el ámbito de la eficacia (capacidad fáctica para satisfacer dichas demandas mediante prestaciones económicas adecuadas ), y –por otra parte– la legitimidad. Por legitimidad, entendemos la aceptación de la ciudadanía de un orden político determinado, en el entendimiento de que esa legitimidad es de doble índole: puede ser originaria (resultante de una elección en las urnas) o sobreviviente (esto de una práctica política adecuada, justa, transparente y eficiente). Es la legitimidad que nace de la práctica cotidiana del gobierno. Esta última forma de legitimidad se acerca, nuevamente, al otro vértice de este triángulo: la eficacia.
La ecuación es más o menos simple: sin eficacia no hay legitimidad en el largo plazo, pero eficacia sin transparencia genera deslegitimación. Y ambos factores son esenciales para que exista gobernabilidad en las democracias actuales. Deterioro directo
Este presupuesto teórico tiene el doble valor de permitir reconocer el rol de la corrupción como uno de los más importantes factores de entropía de los sistemas políticos: la corrupción deteriora directamente la legimitidad del sistema político y administrativo y, en consecuencia, lesiona directamente los términos de la gobernabilidad. Un gobierno puede ser eficaz, pero más tarde o más temprano se deslegitimará si no existe un adecuado nivel de transparencia en el ejercicio de sus funciones, o si está lesionado por casos de corrupción. De tal suerte, incluso un gobierno exitoso en su gestión económica y social podrá sufrir graves deterioros en su gobernabilidad, al romperse el “difícil y delicado cristal de la transparencia”.
Todo esto tiene importancia más que conceptual o teórica en la América Latina actual, así como en otros lugares del mundo. Los hallazgos del Barómetro Global de la Corrupción 2005 evidencian creciente problemas de gobernabilidad, justamente como resultado del deterioro de los términos de transparencia y la creciente corrupción en el ejercicio de la función pública. De acuerdo con los términos del Barómetro, los ciudadanos en los países encuestados consideran a los partidos políticos, los parlamentos, la policía y el poder judicial como las instituciones más corruptas. Partidos políticos En 45 de los 69 países encuestados, los partidos políticos fueron clasificados como las instituciones más afectadas por la corrupción. Entre los países de altos ingresos, los ciudadanos de Francia, Italia, Grecia, Japón, Israel, y Taiwán tenían serias dudas sobre la integridad de sus partidos. Los participantes de países de ingresos medio-altos y medio-bajos presentaron inquietudes similares. Sin embargo, el público en 10 de las 12 naciones de bajos ingresos clasificó otros sectores, tales como la policía y la aduana como más corruptos que los partidos. Si se consideran los resultados por región, es claro que los participantes de países latinoamericanos y africanos aparecen como los más negativos en el escalafón. Los participantes en 13 de 15 países latinoamericanos piensan que la corrupción ha empeorado en los últimos tres años. El público en Costa Rica, Dominicana, Ecuador, y Nicaragua presenta una opinión crecientemente negativa. La tendencia es más o menos similar en otras regiones del mundo. La situación resulta similar en África, con ciudadanos en seis de ocho países que establecen que la corrupción ha empeorado. El panorama en Asia, Europa Occidental, Europa Central y Oriental, y el Medio Oriente es menos uniforme en términos de la respuesta negativa.
Una gran mayoría de ciudadanos en Bolivia, República Dominicana, México, Perú y Paraguay declararon que se les había solicitado un soborno directamente a ellos. Aproximadamente, la mitad de los participantes de Moldavia, India, Pakistán, Camerún, Kenia, Nigeria, Ghana y Etiopía expresaron lo mismo.
Sin embargo, la mayoría de los participantes encuestados de Europa Central y Oriental informaron que los sobornos pagados no habían sido requeridos directamente. Los resultados de estas naciones indican que en muchos contextos los sobornos son un requerimiento implícito y que a menudo es un fenómeno del lado de la oferta y no solo de la demanda. Público desconfiado
Los hallazgos de los dos últimos años reflejan la desconfianza del público en los sistemas políticos y de justicia nacionales. El resultado obtenido por los partidos políticos refleja un empeoramiento de la opinión global sobre estas organizaciones, ya que en el 2004, 36 –de un total de 62 países– calificaron a sus partidos políticos como las instituciones más corruptas. Los parlamentos recibieron un puntaje igualmente malo, indicando la preocupación generalizada sobre los efectos de la corrupción en los sistemas políticos. Los resultados a nivel regional son algo diferentes. Mientras que los ciudadanos de Asia, Europa Occidental y América Latina señalan a sus partidos políticos y parlamentos como los más corruptos, el público en África está más preocupado acerca de la integridad de la policía, y los ciudadanos en Europa Central y Oriental la consideran, junto con sus sistemas partidarios, igualmente corruptos. Poder judicial
Respecto al Poder Judicial, las opiniones más críticas provienen de Europa Central y Oriental y América Latina, donde este sector fue considerado entre los tres más corruptos. Las aduanas tienen una percepción bastante negativa en África, América Latina y la mayoría de Europa Central y Oriental. En cuanto al sector de negocios y los medios, las opiniones más críticas provienen de Europa Occidental.
Independientemente de su coincidencia o no en algunos renglones específicos, la hipótesis del italiano Norberto Bobbio se empieza a cumplir como una profecía de hierro en América Latina en la comparación estadística y analítica con otras regiones del planeta: la opacidad, la ausencia de transparencia en la gestión pública son hoy uno de los principales factores de la deslegitimación de los órdenes políticos en América Latina, a la par de la incapacidad fáctica para satisfacer demandas ciudadanas. Ambos factores inciden en el deterioro creciente de los términos de gobernabilidad. |
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