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Sus favoritos. El reparto ideal de Luis Carcheri: Actor, Al Pacino; actriz, Emma Thompson o Kate Winslet y director, Robert Altman, por su valentía, afirma.
Foto Francisco Rodríguez / Para EF

Luis Carcheri: la vida del empresario de 35 milímetros


Édgar Delgado Montoya

Considerado uno de los pilares del desarrollo del cine en el país

Quizá lo que más sorprende de Luis Carcheri Schwartz es su estatura: mide dos metros y un centímetro.

Pero, lo curioso es que su vida ha transcurrido en imágenes que se captan en 35 milímetros.

Panameño de nacimiento, pero costarricense por convicción, este empresario tiene más de 30 años ligado a la industria de cine, primero como socio del Circuito de Cines Magaly (CCM) y ahora como dueño de Distribuidora Romaly, firma que representa aquí a los estudios Paramount, DreamWorks, Universal, Miramax, Walt Disney, Buena Vista y Touchstone.

Puede que suene trillado decir que este empresario de 51 años lleva el cine en la sangre, pero en su caso es cierto.

Se involucró en el negocio dado que su abuelo materno, Luis Schwartz y su tía, Viola, tenían tres cines en Panamá.

Por lo tanto, al salir de la universidad empezó a trabajar como contador de esa empresa y por esa labor conoció al empresario Antonio Hassán, quien acababa de adquirir la mitad de las acciones del Cine Capri (propiedad de Ligia Chamberlain de Volio) en Costa Rica.

Era el año 1973 y Carcheri decidió mudarse a nuestro país y ayudar a Hassán a fundar varios cines; entre ellos, el cine Colón y el Magaly, hasta hoy el más grande del país. Era 1978.

¿Por qué Magaly? En honor a una de las hijas de Antonio Hassán, Gretel Magaly.

Carcheri se casó con la otra hija de su socio, Lydia, y con ella tiene tres hijos: Fernando, Jéssica y Anabelle.

Pero este hombre de verbo ameno reconoce que el arranque del negocio no fue fácil, sobre todo porque en los 70 los impuestos para traer equipos de proyección eran altísimos (150% de arancel), lo cual produjo una fuerte reducción en el número de salas que existían.

Aun así, CCM creció y hoy tiene más de 40 salas de cine en el país, y acapara el 50% del mercado.

Un cambio necesario

Pero, Carcheri –con la humildad que lo caracteriza– reconoce que el mercado cambió y que la gente empezó a buscar mayor seguridad y comodidad para ir a ver las películas. Así surgieron las multisalas de cine en los centros comerciales, arrancando en el Mall San Pedro, en 1995.

Esa expansión hizo más difícil la tarea para Hassán y Carcheri, pues CCM no solo administraba las salas sino también se encargaba de la distribución de películas.

Por ese motivo, en 1998, Carcheri le propuso a su socio venderle su participación en CCM y quedarse con el negocio de la distribución. Entonces, fundó Distribuidora Romaly, una de las cuatro empresas dedicadas al negocio en Costa Rica.

“Es una actividad muy dinámica, que disfruto mucho y me da no solo la oportunidad de representar a importantes casas productoras sino también de ser flexible para adquirir películas que a uno le interesan por su valor artístico”, afirma con entusiasmo.

Y es que Carcheri es conocido por el amor a las películas de alto contenido humanista y que exalten el valor de la amistad, las tradiciones y el concepto de familia.

Quizá por eso dos de sus películas favoritas son Derzu Usala (1975), de Akira Kurosawa, y Los Coristas (2004), de Christophe Barratier.

Optimismo de película

Carcheri se mueve dentro de un negocio con altibajos, pues por un lado se pueden producir películas que dejan grandes ganancias, pero por otro se debe luchar contra la piratería y los nuevas tecnologías, como los DVD o los teatros caseros (home theater) –que tratan de hacer sentir a la gente como en el cine–.

No obstante, no pierde la fe en el cine y cree que este le seguirá dando a la gente una experiencia única. Incluso, ve con optimismo el futuro de la industria en Costa Rica.

Aunque asegura que el cine no deja grandes márgenes de ganancia (un 9% por tiquete, según afirma), Carcheri trata de no guiarse tanto por el valor comercial de las películas y trata de que aporten algo a la sociedad.

Es sabido que este panameño generalmente aprovecha las grandes ganancias de algún éxito hollywodense para traer alguna cinta alternativa de alto valor humano, pero que sabe que no generará ni un cinco en taquilla.

También es conocido no solo por su amor por el sétimo arte, sino también por su generosidad y sus buenas intenciones. Fue imposible encontrar algún conocido que no lo describiera de esa manera.

Uno de ellos incluso dijo que su corazón es tan grande como su físico.

Lo cierto del caso es que Carcheri trata por todos los medios de evitar ser el centro de atención y dar méritos a otras personas.

Por eso asegura que Antonio Hassan es el verdadero pionero del cine en Costa Rica, mientras sus amigos aseguran que sin Luis Carcheri el cine nunca hubiera surgido en nuestro país.

Así como le cuesta reconocerse méritos propios, también le cuesta decidirse sobre cuál es su película favorita o su escena preferida.

Luego de meditarlo con calma, como es característico en él, Carcheri relata una escena de la película El Violinista en el tejado (1971), de Norman Jewison:

“Luego de Tevye (personaje interpretado por Topol) decide desconocer a su hija pues ella decide casarse con un hombre de otras creencias, la familia debe irse ante la represión del ejército, pero en la huida la hija busca despedirse de su padre al que seguro verá por última vez, y, en un fugaz momento, se produce un gesto de esperanzadora reconciliación”.

¿Tiene futuro el cine?

Luis Carcheri habla de lo que viene en la industria del cine.

—Entre el 2002 y el 2005, las taquillas en Estados Unidos cayeron. ¿Cómo podrá la industria volver a crecer?

—El cine es una actividad moldeable, pero no la moldeamos nosotros sino el público, pues el público nos dice qué quiere ver.

“Ahora la tendencia es a tener salas de cine muy confortables, pues la premisa es seguridad, comodidad y estar a la vanguardia en tecnología y sonido.

“Un nuevo elemento es que el público ahora es más selectivo y eso significa que debe haber una mayor variedad de películas de una mayor cantidad de países.

“Pero uno de los grandes problemas es el costo de la distribución, pues cada copia cuesta US$1.500 y se necesita tantas copias como salas haya. El costo de la copia es un factor de enorme peso en la industria y por eso para reducir ese costo y enfrentar la piratería la industria ya tiene planeado nuevos estándares de producción digital y ahora las películas van a ser enviadas vía satélite, codificadas y guardadas en un disco duro.

“Esto hará que el cine independiente se vea beneficiado. Entonces, habrá más material de países como Alemania, Francia, India, Argentina y Brasil, y así habrá una diversificación de las salas de cine”.

—¿Qué falta para que el cine surja con fuerza en Costa Rica?

—Tiene que haber un apoyo indudable del Estado como se ha hecho en España y Brasil, y promover la actividad vía impuestos, con incentivos a la empresa privada.

“Además, el país debe facilitar todos lo servicios para que las empresas productoras encuentren aquí las comodidades para filmar. Por ejemplo, al traer equipos especializados, las aduanas son un pequeño infierno.

“También, los productores locales deben enfocarse en buenas historias, pero no quedarse aquí, sino pensar en una presentación global. Nuestro cine es poco ambicioso”.


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