| Archivo | Indicadores | Lun 25 dic, 2006 - Dom 31 dic, 2006 | Escríbanos |
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El Empresario del Año: Franklin Chang / Una escala en Guanacaste Por tener visión, abrir el negocio a inversionistas de la región y creer en la capacidad de Costa Rica Franklin Chang Díaz cambió el laboratorio por las oficinas de los inversionistas y el contacto con los bancos. Sigue hablando de plasma, pero ya no con científicos como lo hizo por 25 años, sino con empresarios. Finalmente él ahora es un hombre de negocios. ¿Sus proyectos inmediatos?, se le pregunta. Un primer contrato con Applied Materials Inc, fabricante de equipos de capital de semiconductores ubicado en Silicom Valley, California, entre otras alianzas en proceso derivados del uso del plasma y que generarán flujo de caja inmediato a Ad Astra Rocket. ¿Su competencia? La empresa EuroJet, en el estado de Washington, Estados Unidos, aunque considera que la aventajan pues el cohete de esta firma es de menor potencia que el desarrollado por Ad Astra. ¿La visión de su negocio? Generarle un ahorro de más de US$100 millones al año a la NASA y que esa sea la principal fuente de ingresos y rentabilidad de su empresa. Así habla Franklin Chang en su faceta como empresario, en la que se estrenó formalmente este año con la conformación de su compañía, tras obtener un acuerdo pionero con la National Aeronautics Space Administration (NASA), y el proceso de búsqueda de inversionistas en la región.
Ad Astra Rocket Co. tiene su sede en Houston, Texas, y una sucursal en Liberia, Guanacaste, laboratorios que perfeccionan el diseño del Cohete de Impulso Específico Variable de Magnetoplasma (Vasimr). Pero El Empresario del Año 2006 designado por El Financiero sigue mostrando el rostro más conocido por todos, el que inspira a muchos niños costarricenses y que lo convirtió en un ícono nacional. Creer, estimular, soñar Franklin Chang implantó una parte de su negocio en la pampa porque está convencido de que “el costarricense tiene ganas de soñar” y que el país tiene la capacidad de participar activamente en las tecnologías de punta. Entre sus propósitos está “crear un vivero de mentes” para que más niños y jóvenes apuesten a las matemáticas, las ciencias y la tecnología. Por eso, niños guanacastecos se pasean por los pasillos de la sede en Liberia, ubicada en los terrenos de la Universidad Earth, en la finca La Flor, y cuatro jóvenes de la zona trabajan allí, uno de ellos un estudiante destacado en bachillerato que trabajaba como pistero en una gasolinera. Su visión queda clara en el primer objetivo de su empresa, expuesto en la recepción del edificio en La Flor: contribuir con el desarrollo científico, social y ambiental del país mediante la investigación multidisciplinaria. Pero su meta comercial está integralmente relacionada: mejorar la exploración espacial y colaborar con el perfeccionamiento del motor de plasma Vasimr. En la búsqueda de socios, en un mes contaron con un primer grupo de inversionistas, principalmente europeos, y más recientemente se han sumado al proyecto inversionistas costarricenses, mediante una emisión privada de acciones. “No son inversiones muy grandes, pero finalmente se están arriesgando en un proyecto que, literalmente, está fuera de este planeta”. Hace cuatro años, cuando el exastronatura desde la NASA comenzó a darle forma a su anhelo, no se imaginó que disfrutaría tanto anclar sus pies en la tierra.
Se declara un soñador, porque sus ambiciones son grandes, y reconoce que esos anhelos son los que le permitieron hacerle la propuesta de negocio a la NASA, algo insólito en ese momento para un investigador y astronauta, que actualmente otros están replicando.
Hoy ve como Ad Astra tomó forma y se fortalece, y como cada vez que le explica a un potencial inversionista tico su proyecto, estos se fascinan con la idea. Finalmente se trata también de aprovechar el interés de millonarios en todo el mundo de ir al espacio. Los negocios inmediatos previstos son sencillos de desarrollar, según Chang. Entre estos están la desintegración de desechos tóxicos y la producción de hidrógeno y electricidad.
“Esto que me ha pasado es un cambio radical en mi vida”. Lamenta –como muchos empresarios– el tiempo que le tiene que robar ahora a su familia, la cual está radicada en Liberia, debido a los regulares viajes que le corresponde hacer. “No sabía que me iba a gustar tanto lo que estoy haciendo ahora. Este reconocimiento de El Financiero nos da mayores deseos de seguir adelante”, expresó.
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