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Entre Paréntesis: Cementerio vial


Édgar Delgado Montoya
Periodista

Lo reconozco. De esto se ha hablado mucho, pero creo que el tema no puede desaparecer de la discusión pública.

El otro día estaba viendo un episodio de Los Simpson (¿se puede?) en el cual el cantinero Moe le pide a Homero un favor y se lo reclama recordándole todos los favores que él le ha hecho en el pasado. Moe dice algo más o menos así: “Recuerda todos los favores que te he hecho en el pasado. ¿Quién fue el que te dio las llaves del auto cuando todos decían que estabas demasiado ebrio para conducir?”

Esta referencia cómica me hizo reflexionar sobre uno de los más grandes problemas que está viviendo hoy nuestro país: las constantes muertes por accidentes de tránsito.

A finales del mes pasado, se reportaron 284 fallecidos durante el 2006, cuatro más que todo el 2005, prácticamente 26 muertes por mes, es decir, casi una al día.

Todos los días vemos, oímos o leemos sobre cómo, por una simple imprudencia, mueren personas y familias enteras en las carreteras.

Para algunos, el problema se resuelve aumentando las multas, el número de oficiales en las carreteras o incrementando el número de días festivos con “ley seca” en el país.

Pero para mí, el tema pasa más por un asunto de conciencia y de educación.

Y es que lo veo todos los días cuando llevo a mi hija a la escuela o cuando regreso del trabajo: la mujer que conduce al trabajo en medio de la presa y va pintándose los ojos; el tipo que va hablando por celular mientras busca algo en la guantera del carro; el matón que quiere que todos sepan que su vehículo tiene un gran motor y por eso raya por la derecha a los demás conductores o el taxista que no puede esperar a que los demás vehículos crucen en una intersección y entonces se inventa un carril más para cruzar de primero.

Y quizá el más grave: el vecino que llega ebrio a la casa y venía manejando con una vaso plástico lleno de cerveza.

Todos estos ejemplos simplemente demuestran la pobre educación vial que hay en el país y la poca conciencia de la gente al volante.

Dado que ya llegó la Navidad y Año Nuevo, la época de mayor consumo de alcohol y pronto estaremos en enero, tiempo en que muchos aprovechan para irse a vacaciones, creo que es importante recordar que lo importante no es llegar primero sino saber llegar y que, ante todo, debemos ponernos la mano en el corazón y pensar en todos aquellos conductores que queremos llegar sanos y salvos a nuestra casa y tener unas felices fiestas en compañía de nuestros seres queridos.

Ojalá este año sean más las familias que celebran el fin de año en su cálido hogar y no en un frío cementerio.


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