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Una tarea de todos

Los costarricenses, por más de 100 años, hemos recurrido a las urnas a decidir el destino del país. Pero en las elecciones de este domingo 5 de febrero hemos emitido un mensaje que demandará un tiempo para poder interpretar en su verdadera dimensión. A partir de la votación presidencial, se evidencia cómo los costarricenses hemos conformado una nueva estructura bipartidista, por un lado, quienes optaron por un partido de larga trayectoria, Liberación Nacional, liderado por el expresidente Óscar Arias Sánchez -virtual ganador de las elecciones, por un reducido margen- y, por otro, quienes manifestaron su apoyo a una agrupación con cinco años de vida política activa, fundada y dirigida por Ottón Solís Fallas. A nivel legislativo, sin embargo, la historia es otra pues seguimos favoreciendo, como hace cuatro años, una estructura multipartidista, que empuja a la negociación y a los acuerdos.

Además de haber emitido nuestra opinión con los votos, también lo hemos hecho con la ausencia en las urnas. El país registró el mayor margen de abstencionismo de las últimas cuatro décadas. La apatía de este importante porcentaje del electorado es la mayor evidencia de la falta de credibilidad en la clase política.

Queda claro que la reconstitución del país, luego de cuatro años de total ausencia de liderazgo y de falta de resultados en el Congreso, es desde ahora una tarea de todos. Arias deberá tener la sabiduría de reconocer que una mayoría de la población decidió negarle el voto directamente; Solís tendrá que actuar con la prudencia de quien no recibió en el Congreso el apoyo suficiente para impulsar sus proyectos. Sin duda, una tarea compartida, en la que también desempeñan un rol importante los partidos minoritarios, donde se sigue situando el Movimiento Libertario y ahora también el Partido Unidad Social Cristiana.

La agenda es amplia y la situación política es compleja, pero hemos perdido demasiado tiempo sin llegar a resolver nuestros problemas, ni siquiera los más apremiantes, y eso exige una alta dosis de responsabilidad. Debe haber acuerdos. Es imperativo.

Es importante que las reformas administrativas y reglamentarias identificadas por Liberación Nacional como necesarias para el desentrabamiento de la burocracia estatal estén listas para entrar a regir con el nuevo gobierno. Esto es esencial para deshacernos de la sensación de parálisis generalizada que hoy nos embarga y que afecta de manera particular las decisiones de inversión del sector privado, nacional y extranjero.

En lo referente al rescate de la infraestructura, es menester que el nuevo gobierno enfrente este reto con carácter de emergencia. No hay razón alguna para que el país siga padeciendo el caos actual. Los recursos existen y hay financiamiento disponible, pero ha faltado decisión política y, en especial, capacidad de ejecución. Las reformas legales que se ha propuesto el equipo de trabajo de Arias en cuanto al régimen de concesiones, contratación administrativa, y la función de la Contraloría General de la República son importantes para un desempeño más efectivo del Gobierno en el campo de la obra pública, sobre todo para el desarrollo de nuevas autopistas, puertos y aeropuertos, pero mucho es lo que se puede hacer mientras la Asamblea Legislativa les da su visto bueno. Aquí, de nuevo, ha hecho falta mucho liderazgo y agallas para sacar la tarea.

En el quehacer legislativo, la situación es más compleja. Y es aquí donde la deuda pendiente es extremadamente grande: el tratado de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (Cafta), la reforma fiscal, los cambios que promuevan y amparen la apertura del sector de telecomunicaciones, la reforma al mercado de seguros, y la agenda complementaria al Cafta, entre otras iniciativas importantes, hacen que las nuevas autoridades y los nuevos legisladores no puedan darse el lujo de perder un minuto de su tiempo en discusiones estériles. Es quizás en esta área donde más claramente se pondrá a prueba la capacidad de negociación política del nuevo gobierno.

Finalmente, de los últimos tres meses de la administración saliente esperaríamos la colaboración que se requiere para que experimentemos una transición rápida y ordenada.

Lo que no hay que olvidar es que el deber patriótico de todos los costarricenses, y principalmente de los partidos políticos, es brindar un apoyo decidido al nuevo gobierno, sin distingo de colores o ideologías. El reto de sacar adelante a Costa Rica solo será posible con el trabajo y compromiso de todos.


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