| Archivo | Indicadores | Lun 6 feb, 2006 - Dom 12 feb, 2006 | Escríbanos |
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Los difíciles desafíos que plantea el multipartidismo Invitado por El Financiero, el politólogo Constantino Urcuyo analiza en esta sección los retos que enfrentará el próximo gobierno en el espinoso campo de la negociación política. Constantino Urcuyo Mucho hemos discutido sobre la fragmentación de la Asamblea Legislativa, y al calor de esa discusión se han generado temores de que el fenómeno actual se vuelva a repetir con consecuencias negativas para la gobernabilidad. Las investigaciones en ciencias políticas han demostrado que no existe formula más segura para la ingobernabilidad que la combinación de multipartidismo con presidencialismo. Resulta claro de las encuestas, y probablemente de los resultados electorales, que el fenómeno multipartidista llegó para quedarse. El bipartidismo murió en las elecciones del 2002 y esta tendencia se profundizará con los magros resultados que se auguran para el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). Sin embargo, los efectos del nuevo sistema de partidos sobre la negociación legislativa van más allá de si el partido victorioso en la elección presidencial alcance también una mayoría en el parlamento. El tema relevante es el multipartidismo y no la mayoría legislativa. ¿Es suficiente la mayoría? Una mayoría facilita las cosas, pero dado el cuadro institucional (reglamento), aún con esta mayoría -y también depende de que tan grande sea-, las minorías legislativas gozarán de un gran poder para obstaculizar los procesos legislativos y de pocos incentivos para establecer alianzas de largo alcance. A pesar de las reformas, el reglamento sigue privilegiando las facultades del legislador individual, lo que faculta a partidos unipersonales o pequeños para realizar la guerrilla parlamentaria. Por otra parte, la existencia de varios interlocutores hace difícil el diálogo con la fracción de gobierno, hay mucha gente a la que hay que poner de acuerdo, en contraste con la era del bipartidismo donde se contaba con un solo interlocutor que disciplinaba a la fracción opositora. A lo anterior debe añadirse que la diversidad ideológica de la oposición hará difíciles las negociaciones en temas que como la reforma fiscal y el tratado de libre comercio entres Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (Cafta, por sus siglas en inglés) han polarizado a las fuerzas políticas, en torno a perspectivas ideológicas, alejándolas del pragmatismo y flexibilidad. El pecado del multipartidismo El multipartidismo también dificulta la negociación, en la medida en con tantos actores y con tantas diferencias entre estos, cada negociación tiene un costo para los opositores: ser acusados de cogobierno y en consecuencia ser sometidos a este juicio en las elecciones siguientes. El temor a la identificación con un mal gobierno puede llevarlos a una competencia por la bandera de la verdadera oposición, lo que hará muy difícil el entendimiento con la fracción de gobierno, y fomentará, en el caso de fracciones unipersonales, las políticas de clientelismo político. El panorama que se vislumbra es de alianzas fluidas y puntuales. No cabe esperar una alianza programática de largo aliento, como en los regímenes parlamentarios. Sí se pueden vislumbrar alianzas fluctuantes en torno al Cafta (Partido Liberación Nacional, PLN+Movimiento Libertario+Unión Para el Cambio) o a la reforma fiscal (PLN+Partido Acción Ciudadana). Presiones sobre los partidos Los incentivos para establecer alianzas sobre temas sustantivos vendrán de formadores de opinión y editorialistas que adoptarán el discurso del interés nacional por sobre el cálculo político, discurso que tiene efectos y crea presiones sobre los partidos. Sin embargo, en los últimos años se ha demostrado que este discurso no ha sido capaz de disuadir completamente al filibusterismo. Por otra parte, quienes optan por esta vía, siempre pueden recurrir a la táctica del corto plazo, obstaculizar en la jugada corta, esperando que el día de las elecciones nadie se acuerde de los pecados de la primera legislatura y que otras acciones borren el recuerdo de las desviaciones, condenadas desde las páginas editoriales y de opinión. El panorama de la futura negociación en la Asamblea Legislativa será moldeado por los resultados electorales. Una situación será con un partido ganador mayoritario, otra que este requiera de votos ajenos para lograrla, y de cuántos votos necesite para alcanzarla. La otra tiene que ver con las características de la oposición parlamentaria, una cosa será negociar con partidos de fuerzas similares, o hacerlo con una minoría grande. El peor de los casos será la negociación con seis o siete grupos parlamentarios de dimensiones reducidas, pues esto estimula el guerrillerismo o las concesiones de pequeños favores políticos en cadena innumerable de nombramientos o de fondos para comunidades. Valores a cultivar El multipartidismo es el gran reto estructural para la negociación, la nueva configuración del sistema de partidos exige cambios en la cultura política del país. Los valores de la paciencia, la perseverancia y la apertura al diálogo tendrán que ser cultivados de manera permanente durante los próximos cuatro años. A lo anterior, debe sumarse un liderazgo, entendido como visión y como acciones que marquen un rumbo a la fracción de gobierno. Si estas condiciones no se dan corremos el riesgo de continuar con la parálisis legislativa, derivada de la mala definición de las funciones de la Asamblea Legislativa, pero también de una obsoleta definición institucional de las relaciones entre el Parlamento y el Poder Ejecutivo. |
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