| Archivo | Indicadores | Lun 6 feb, 2006 - Dom 12 feb, 2006 | Escríbanos |
|
|
Negociación y acuerdos democráticos: tarea obligada Invitada por El Financiero, la politóloga Juany Guzmán analiza en esta sección los retos que enfrentará el próximo gobierno en el espinoso campo de la negociación política. Juany Guzmán Léón La conformación de la Asamblea Legislativa del periodo 2006-2010, va a ser nuevamente diversa, no necesariamente fragmentada. Cuando se hace referencia a la diversidad, apelamos a que esté integrada por las fuerzas políticas que parecen estarse decantando en el país y que han cambiado no solamente la escena política, sino que también marcan la transición hacia un nuevo sistema de partidos. En este sentido, es una riqueza y una cara más plural del sistema que se pone de manifiesto en la Asamblea. Ahora bien, si no asumimos la diversidad como una riqueza (si seguimos pensando que esto es un juego de dos y que si los necesito, o si quieren o pueden, se sumen los otros a mi juego, si no tenemos posiciones claras respecto del país que queremos desde cada una de las bancadas y, frente a las diferencias, solo nos ubicamos en posición defensiva o de capacidad de veto desde la curul) es claro que se camina hacia la fragmentación que empobrece el debate y se traduce en desperdicio de la oportunidad preciosa de crecer conjuntamente, mientras la parálisis abona en favor de la desafección política ya existente y, por ende, en contra de la legitimidad que las instituciones requieren para responder a las aspiraciones democráticas y de bienestar de la ciudadanía. En esta perspectiva, los diputados electos a la Asamblea Legislativa tienen un doble desafío en relación con la gestión parlamentaria: hacerla más eficaz y más democrática, dos objetivos que hay quienes parecen poner como excluyentes. En efecto, es crucial que uno de los propósitos sea precisamente hacer más creíble la labor parlamentaria, más incluyente en la construcción de acuerdos legítimos y más atenta y a la escucha de los intereses diversos de la gente a la que representan. ¿A quién se debe el diputado? ¿Cómo enfrentar ese desafío? Desde la opción por la democracia. Ello implica asumir, con todas sus consecuencias, el concepto de representante. El diputado se debe al electorado. El partido es el medio para representar al electorado desde una organización política, pero a quien debe representar es a la ciudadanía. No al partido y menos al candidato al Ejecutivo, haya resultado electo o no. En el pasado, al lado de congresistas que han hecho honor a su condición de tales y a quienes les debemos, entre otros, los enormes logros de este pequeño país, algunos diputados pareciera que han perdido la perspectiva de su investidura de representantes y a veces hasta dan la impresión de considerarse delegados presidenciales o de excandidatos presidenciales o hasta de expresidentes, no representantes de las ciudadanas y los ciudadanos que les han elegido. El candidato a diputado, como sabemos, puede ser seleccionado por procesos internos desde las bases del partido o ser designado por el mismo candidato a la silla presidencial, pero el diputado es electo popularmente. Si se deben al electorado, la negociación es una responsabilidad, no una posibilidad. El Congreso es el lugar para ejercerla. Es una tarea asignada con cumplimiento a plazo fijo. Evidencia de madurez No tenemos muchos mecanismos de control ciudadano hasta el momento para evaluar la labor de los legisladores, porque no hay siquiera reelección consecutiva para los parlamentarios, que verían su labor con esta proyección y el electorado al menos tendría la posibilidad de dar votos de premio y castigo. Las listas son cerradas, la individualidad del elegible no está resaltada en nuestro sistema electoral. Pero cada curul tiene un nombre estampado en una placa y un hombre o una mujer que responde a este. La capacidad de promover la construcción democrática de acuerdos, da cuenta de la madurez personal, la claridad y la perspectiva de quien ha resultado electo para ocuparla. Liderazgo colectivo Esta perspectiva de negociación democrática y eficaz implica un concepto de liderazgo más colectivo, menos individualista. Supone la prioridad de construir alianzas entre grupos parlamentarios que no se definan únicamente alrededor del eje de articulación de partido, que conocemos es importante pero solamente uno de los posibles: están sobre todo las alianzas respecto de temas específicos, así como de orientaciones estratégicas. Están las alianzas que pueden avanzar hasta visiones de conjunto cada vez más amplias e inclusivas. Y por supuesto las alianzas-puente, sobre todo entre el Ejecutivo y el Legislativo, tarea no solo del grupo parlamentario afín al gobierno, es también objeto de atención para la iniciativa de las demás fracciones legislativas. Para ello, los liderazgos no se dan por designación, se construyen en el día a día, porque se fundamentan en la legitimidad que le van concediendo los mismos resultados obtenidos: consecución de acuerdos a partir de la búsqueda de puntos de intersección, lugares de encuentro, delimitación de los puntos contradictorios, respeto absoluto de las diferencias e intolerancia hacia la discriminación y la exclusión. Tres funciones La negociación para la consecución democrática de acuerdos contribuye al ejercicio eficaz de las tres funciones básicas de la Asamblea: Primera: representación, mediante una lectura asertiva de los intereses de las mayorías. Segunda: legislación, que no refiere a cuántas leyes, sino a qué leyes y con qué compromiso se crean. La capacidad de construir acuerdos legítimos no se refiere únicamente a lograr los cabalísticos 29 o 38 que se requieran según el tipo de proyecto en discusión, sino a la capacidad de que esos números den cuenta de un eco ciudadano más amplio e informado. De ahí que los acuerdos democráticos incluyen tanto aprobar como no aprobar proyectos de ley, según afecten positivamente o negativamente los intereses de las mayorías. Y tercera, el control político, atribución clave del primer poder de la República, tan venida a menos. Lecciones aprendidas La construcción de acuerdos también apunta a definir temas de investigación y seguimiento sobre asuntos específicos a fin de fortalecer la capacidad de control legislativo de la gestión del gobierno y la vigilancia sobre la función pública. Esperamos que haya lecciones aprendidas, y sean la sal que le pondrá sabor a la nueva Asamblea Legislativa, principal escenario público del cambio político por el que transita nuestro país. Más que a la pluralidad en la conformación de la Asamblea Legislativa, los retos apuntan a la disposición y capacidades de las personas electas, para asumirla como una oportunidad para avanzar en proyectos de más largo aliento, construidos a partir de procesos de negociación transparentes y eficaces. |
Multimedia De nuestros anunciantes
Todo Nuevo Pathfinder 2006: Emociones en grande |
|
|
| ¿Quiénes Somos? | Condiciones de Uso | Privacidad | Anúnciese en la versión impresa de El Financiero y Capital Financiero |
|
© 2006 El Financiero y Capital Financiero. El contenido de El Financiero y de Capital Financiero no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de El Financiero o de Capital Financiero. |