| Archivo | Indicadores | Lun 10 jul, 2006 - Dom 16 jul, 2006 | Escríbanos |
|
VISITE NUESTRO BLOG: Jóvenes, lo amargo y lo dulce |
Vino y comida: matrimonio para toda la vida Juan Pablo Ferrari Saavedra El vino es para disfrutar en la mesa, no en una sala de catación La mejor relación entre vino y comida aguanta una enorme cantidad de consejos para los que este artículo es apenas un aperitivo: no llena pero abre el apetito. En primer lugar, el vino no se hizo para catarse en una sala de degustación. El vino se hizo para la mesa con el fin de ayudar a potenciar los alimentos, y en el camino, potenciarse a sí mismo. Es decir, gastronomía y enología, son como el matrimonio de mis abuelos, de esos que no se separan nunca. Norma de oro Existe una regla mayor, algo así como un consejo superior que sirve de base para todos los demás; cuando se encuentre frente a una estantería en el supermercado tratando de elegir el vino para lo que cocinará esa noche, lo primero es tener en cuenta el peso del vino versus el peso del plato que servirá. La finalidad es que ninguno termine devorando al otro, que ninguno se vea opacado, para que en definitiva ambos brillen sobre su mesa. Por ejemplo, si el menú incluye un robusto corte de cordero preparado al romero o un trozo de res adobado con especies, lo mejor sería contar con un tinto peso pesado que sea capaz de equilibrar las sensaciones de la boca, un syrah reserva, ojalá australiano, o bien el más concentrado de los cabernet sauvignon, ahí los españoles y chilenos tienen para regodearse. Si por el contrario elige un merlot es probable que ni lo sienta y que unos de sus invitados eche de menos algo. Ahora bien, si escogió lucirse con un filete de pescado bañado en una deliciosa crema a base de mantequilla y pimienta, elegir un tinto pesado como los anteriores sería fatal, pues el delicioso fruto del mar terminaría olvidado por la mayoría de los comensales. Por eso esta vez, y para equilibrar los benditos pesos, escoger un blanco liviano, como un chardonnay, sería estupendo, incluso, si su predilección por los tintos es irremediable -como en mi caso-, un pinot noir sería también muy recomendable. Considere el peso La verdad es que la regla del peso, equilibrio entre vino y comida, no reconoce colores (tinto o blanco) sino más bien texturas. Por eso mezclar algunos deliciosos tintos ligeros, como pinot noir, merlot, malbec o carmenère, con pescados grasos o preparados con cremas o mantequillas, suena muy bien y vale la pena intentarlo. Un día me dijo un enólogo chileno que para equiparar los pesos de vinos y comidas había que conocer las características básicas de cada cepa y su comportamiento, lejos de desilusionarme pues sería difícil que me dedicara con exclusiva pasión a transformarme en un enólogo y alcanzar tal nivel de sapiencia, me lancé a la mesa. Así es que si hay algo que se puede decir con la etiqueta de consejo es que usted haga lo mismo, descorche botellas y combínelas con el plato sobre la mesa hasta dar con la fusión correcta, esa que le haga inolvidable una velada y le saque chispas al paladar. |
Multimedia De nuestros anunciantes
Todo Nuevo Pathfinder 2006: Emociones en grande |
|
|
| ¿Quiénes Somos? | Condiciones de Uso | Privacidad | Anúnciese en la versión impresa de El Financiero y Capital Financiero |
|
© 2006 El Financiero y Capital Financiero. El contenido de El Financiero y de Capital Financiero no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de El Financiero o de Capital Financiero. |