| Archivo | Indicadores | Lun 29 may, 2006 - Dom 4 jun, 2006 | Escríbanos |
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Comercio | Director General de OMC intenta concluir con éxito Ronda Doha Tratados bilaterales son menos equitativos Juan Pablo Ferrari Pascal Lamy admite que países pobres son los más perjudicados Ginebra, Suiza. Más que nunca, el director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el francés Pascal Lamy, está convencido de revivir la necesidad de tener un orden multilateral para el comercio, pues reconoce que los acuerdos bilaterales proliferan y parecen transformarse en la alternativa. Insiste en que ninguno ha ofrecido ni garantizará mejores condiciones, sobre todo para los países pobres, como las que podría brindar el sistema multilateral del comercio. Por eso, está decidido a concluir con éxito la Ronda Doha de negociaciones, pese a que debieron concluir hace un año. Las naciones en desarrollo critican al excomisario de Comercio de la Unión Europea y le atribuyen cierta inclinación hacia las ambiciones del bloque de 25 que representaba. Pero las críticas también provienen de potencias como Estados Unidos y la propia Europa, ante las presiones de Lamy para que flexibilicen sus posturas en materia de acceso a mercados, reducción de ayudas internas y eliminación de subsidios a las exportaciones. El desafío de la OMC se resume entonces en 20 temas, 150 países y una sola norma tratando de encontrar un punto de consenso mientras el tiempo se le acaba. Durante polémicos debates en el seno del Consejo General de la OMC, que se reunió la semana pasada en Ginebra, Lamy contestó consultas de periodistas latinoamericanos. -¿La debilidad en el sistema multilateral favorece los acuerdos bilaterales? -Es cierto que hoy el 50% de los acuerdos se rigen por reglas unilaterales y bilaterales que se superponen a la base común de la OMC. "No se excluye que si una negociación multilateral fracasa, deje campo abierto para más negociaciones bilaterales. "No digo que no tenga virtudes, pero son negociaciones menos equilibradas, menos equitativas, no para Estados Unidos, Europa o China, estos elefantes con mercados gigantes y profundos que a medio y largo plazo cuentan con reservas de poder adquisitivo enormes y que no tienen problemas, sino que para un país pequeño que debe negociar con estos elefantes. "Nadie me dirá que eso es una negociación equilibrada. Existe un desequilibrio porque para conseguir un trozo pequeño de ese enorme país, el pequeño termina aceptando condiciones inevitablemente menos justas que las negociadas en la OMC. "Es una realidad geoplítica de la que tenemos que ser conscientes". -¿Habría que replantear la dinámica y los alcances de la OMC? -No estamos en un callejón sin salida, estamos en una negociación y en ellas hay altos y bajos, momentos difíciles y todos sabemos que el final es más tenso y difícil que el comienzo. "Es la etapa en que debemos equilibrar la sustancia y la táctica y es el momento en que se revelen las preferencias, las ambiciones. "Si se toma en cuenta la teoría de los juegos, queda claro que si uno quiere juzgar las negociaciones, no hay que analizar nada de lo que ocurrió antes del resultado, todo lo que precedió el resultado es tan confuso y tan vinculado con preocupaciones tácticas que ocultan las verdaderas preferencias. Solo importa el final porque ahí muestran sus preferencias. El final es el momento de la transparencia, que a veces corresponde a momentos de lucidez. "Esta transición es una fase siempre políticamente delicada. ¿Tenemos que redefinir los objetivos de la OMC? No lo creo. Y nadie lo ha propuesto. Estamos tratando de eliminar los obstáculos al comercio porque eso fomenta el crecimiento y reduce la pobreza. Que hace falta cumplir otras condiciones, sí, pero es una mínima para empezar. "No tenemos que redefinir nada, sino que poner el ojo más allá de los deslindes clásicos de la organización". -¿Usted será quien desentrabe la negociación? -Es cierto que la negociación tiene varios años, que se ha demorado y que resulta frustrante. Pero recordemos que la ronda anterior (Ronda Uruguay; 1994) en un mundo comercial más sencillo, demoró ocho años. Esto no significa que nos queden tres años más, pero sí hay que poner las cosas en perspectiva. "Leo con atención la prensa cuando señala que el director general como un dios en una tragedia clásica podría presentar el documento de final perfecto, es obviamente un sueño, eso pasó una vez y nada más. "Por tanto no corresponde ni a la cultura comercial actual, ni a la organización en sí una decisión. Esta entidad es impulsada por sus miembros y así funciona, por tanto, la iniciativa será de los miembros". -¿Los plazos ahogan el proceso? -Totalmente de acuerdo. Las presiones a raíz del fin de la autoridad para negociar que tiene el mandatario en Estados Unidos (julio de 2007) ponen una fecha límite, definitiva y clara. Porque si no lo logramos dentro del plazo no habrá resultados para esta negociación. "Eso no significa que se nos venga el cielo encima al día siguiente. Nosotros trabajamos a medio y largo plazo. "Si fracasara esta negociación ahora, durante algunos años mantendríamos el marco del comercio como se fijó en Ronda Uruguay, eso sí, basado en una visión del mundo de los noventas. Es decir, vivir hoy día con normas diseñadas hace más de una década". |
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