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ENTREVISTA

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RICARDO ARAYA tuvo su primer negocio a los 19 años. En diciembre pasado inauguró el hotel Kioro frente al volcán Arenal.
fotos alejandro sandino / para el financiero

Activo como el Arenal, soñador como Disney


Carlos Cordero Pérez

Ricardo Araya es el propietario de un hotel que recibirá turistas de la famosa compañía estadounidense

Encontramos a Ricardo Araya Cubillo, propietario del hotel Arenal Kioro, en La Fortuna de San Carlos, prendido al teléfono, resolviendo detalles y supervisando personalmente las últimas obras, haciendo consultas y dando órdenes claras y directas con el propósito de tener todo preparado cuando reciba al staff de Aventures by Disney.

Los ejecutivos de esta compañía, cuya visita está prevista para finales de mayo, revisarán las condiciones y el servicio de Kioro antes de que lleguen los primeros grupos de turistas estadounidenses que enviarán a nuestro país como parte de un proyecto de Disney para capturar un mayor porcentaje del segmento vacacional familiar de Estados Unidos.

Con esta iniciativa, la compañía estadounidense procura también posicionar más su marca sin tener que construir más parques temáticos.

Además de Kioro, Disney escogió --en conjunto con la agencia de viajes Horizontes-- a los hoteles Marriott, en San Antonio de Belén, y Parador, en Manuel Antonio. Así lo informó El Financiero en su edición No. 566 (13-19 de marzo del 2006).

En el caso de Kioro, la selección se dio cuando este hotel acababa de ser inaugurado en diciembre pasado.

¿Cómo fue que lo escogieron prácticamente sin funcionar? "La confianza del operador local (agencia de viajes Horizontes) generó ese mismo sentimiento en el operador internacional", explicó Araya.

Es posible que tenga razón. Patricia Forero, gerenta de investigación y desarrollo de Horizontes, no se reservó calificativos positivos sobre el empresario sancarleño.

Ella dijo que en Horizontes conocen a Araya desde que estaba como copropietario y gerente del hotel Tilajari, ubicado en Muelle de San Carlos.

Asimismo, vieron cómo construyó el hotel Kioro en La Fortuna, siempre demostrando un gran apego a su familia. Araya tiene 46 años de casado e hizo a sus hijos Ricardo, Roger y Roxana, socios y colaboradores en Kioro.

"Siempre hace lo que promete. Sobre todo demostró en este proyecto con Disney entusiasmo y una actitud al cambio que es difícil de encontrar", expresó Forero.

Agro, sastrería, deportes...

Ricardo Araya demuestra en su negocio que no deja nada al azar.

Debe ser así para quien a sus 64 años tiene una larga trayectoria empresarial, al tiempo que se conserva fiel y disciplinado en los deportes, en especial el voleibol y el tenis. Según su hijo Roger, se levanta a las 5 a. m. a hacer ejercicios, jugar tenis o andar a caballo.

Araya se ve a sí mismo como un soñador, impulsivo y trabajador, una filosofía que conserva el espíritu de los pioneros que extendieron la frontera agrícola en la zona norte.

"Hay que trabajar, es la única forma de lograr las cosas en la vida", manifestó.

Nació en Zarcero, pero su familia -como muchas de esa zona, así como de San Ramón, Palmares y Grecia- se trasladó a San Carlos para dedicarse a la producción agrícola.

A los 12 años Araya siguió otro rumbo cuando aprendió y se dedicó a la sastrería. La educación primaria y la secundaria --hasta el cuarto año-- la cursó en los centros de enseñanza nocturnos de Ciudad Quesada.

A los 19 años fundó la sastrería Zig Zag, un emblemático negocio local que llegó a tener 20 operarios y luego se convirtió en tienda.

Pero no se dedicó solo a sus negocios.

A finales de la década de los 70 y principios de los 80 colaboró con el exdiputado William Corrales en la organización de los primeros juegos deportivos nacionales y en la preparación de la delegación cantonal de San Carlos que participó en esa época en tales competencias.

A su familia también le inculcó el deporte y los negocios. Cuando sus hijos Ricardo y Roger eran adolescentes debían atender a los clientes de Zig Zag durante las vacaciones y días libres.

Posteriormente, cuando ambos terminaron los estudios de administración, le ayudó a su hijo mayor Ricardo a abrir una tienda y le encargó a Roger la Zig Zag.

Entonces se dedicó a un sueño suyo, la hotelería. En 1987 fundó, con el estadounidense James Hamilton, un club para tennis, Tilajari.

Ahí empezó a vivir su propio vuelco hacia el turismo.

En esa época en la zona norte únicamente el hotel Tucano se orientaba hacia el turismo nacional y extranjero.

Araya contó que el terremoto de Limón, en 1991, desvió los turistas extranjeros hacia La Fortuna y como no había infraestructura hotelera los visitantes eran alojados en cuartos y hasta bodegas que fueron acondicionadas por la población local.

Así se inició el boom turístico de esta región. Las inversiones más recientes -suman ¢7.984 millones desde el 2004- reorientaron la oferta hacia un turista más sofisticado, fenómeno del que Kioro es uno de sus más nuevos protagonistas.

Defensor de Setena

Según Araya, la idea del hotel Kioro nació cuando junto con su familia identificó que en La Fortuna había un nicho turístico de un nivel socioeconómico alto.

Atrás quedó el negocio de la tienda, donde según Araya ahora hay solo dos opciones: vender ropa barata y de mala calidad, o vender a un nivel más elevado en un segmento de mercado más limitado.

El proyecto del nuevo hotel lo concretaron cuidadosamente. En el 2003 alquilaron la propiedad frente al volcán Arenal y un año más tarde instalaron un toldo donde la familia Araya empezó a operar un restaurante.

Previo a la creación del hotel se hicieron todos los estudios que se demandan en nuestro país para empresas de este tipo; entre ellos, del suelo, del aire --para determinar el curso de la lluvia ácida del volcán-- y ambientales.

Los exhaustivos estudios no desanimaron a Araya. Más bien los esgrime como pruebas sobre la seguridad del hotel y de cómo el país puede y debe conservar su oferta en el ecoturismo.

Así lo dice incluso al referirse a la tan criticada Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena).

"Los estudios de Setena son muy importantes. Por el cuidado de la naturaleza, esta entidad no debe desaparecer, a pesar del atraso que provoca en los proyectos", declaró.

La inversión planeada demandaba cuidar todos los detalles, tanto por el nivel de exigencia de los turistas a los que se enfoca Kioro como por el volumen de inversión.

Este hotel tiene 53 habitaciones, un amplio restaurante donde se prepara comida internacional, parqueo, amplios jardines y una cómoda recepción, entre otros servicios.

Araya no quiso revelar la inversión que realizó, aunque sí dijo que provenía de capital familiar y de créditos bancarios. Según empresarios de la zona el costo de construcción de una habitación oscila entre ¢3 millones y ¢10 millones.

Exigente con la calidad

Para este empresario, la oferta turística de la zona y de su hotel debe ser cada vez más sinónimo de calidad.

"Desde que abrimos tenemos la obligación de dar lo mejor. El cliente paga por un servicio más eficiente. No hay alternativa", sostiene.

En esto Araya no tiene concesiones. "Es muy exigente y enérgico", dice su hijo Roger.

En mayo el hotel Kioro tuvo una ocupación de hasta el 40%, a pesar que el sector vive su temporada baja del año. Según Araya, la ocupación total se logrará a partir de noviembre.

Cuando este proyecto logre madurar, incluya servicios de aguas termales para los turistas y sus hijos lo operen totalmente, Araya continuará otro sueño.

"Primero quiero tomar un poco de aire y hacer un nuevo proyecto en otro lugar del país", expresó.

Así es Araya

¿Cómo es Ricardo Araya Cubillo? El mismo, y algunos allegados, trazan un pérfil:

Ricardo Araya, propietario de Kioro: "Soy un poco impulsivo y soñador, pero son sueños de la vida real. Además, soy exigente para hacer las cosas".

Roger Araya, hijo: "Es emprendedor, muy trabajador y dinámico. Además es muy exigente y enérgico".

Patricia Forero, gerenta de investigaciones y desarrollo de agencia de viajes Horizontes: "Es impresionante pues hace lo que promete y eso es difícil de encontrar hoy. Es una persona de familia. En este proyecto demostró entusiasmo para aprender y actitud ante el cambio".


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