| Archivo | Indicadores | Lun 29 may, 2006 - Dom 4 jun, 2006 | Escríbanos |
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La competitividad es más importante que los TLC Andrés Pozuelo A. Presidente de Alimentos Jacks de Centro América En Costa Rica, una vez que estén firmados todos los tratados de libre comercio (TLC) que podamos firmar, que tengamos a nuestra disposición todos los productos importados que necesitemos, que todos los servicios estén en plena competencia con el capital público y privado, y que todo el potencial de exportación y de venta local de materias de bajo valor agregado lleguen a su máximo tope, tendremos que preguntarnos lo que debimos haber preguntado antes de iniciar este proceso de apertura tan controversial: ¿Qué hemos hecho para aumentar nuestra competitividad y capacidad productiva, para beneficiarnos realmente de esta gran economía globalizada? No es que los tratados de libre comercio sean malos de por sí mismos, pero el hecho clave radica en que no estamos en la coyuntura de ver cuál país firma la mayor cantidad de tratados, sino más bien en la verdadera faena competitiva de cuál país logra niveles altos de productividad e innovación en productos de alto valor agregado, acordes con las exigencias de la realidad mundial. Lo que otras naciones nos han demostrado es que la simple apertura de un país hacia el exterior no cumple ningún propósito práctico, a no ser que vaya acompañada de una apertura interna de los diferentes sectores económicos, de un cambio estructural en el nivel gubernamental y de un cambio radical en nuestra apertura mental. ¿Qué es primero? ¿Teníamos que negociar tantos TLC para ser competitivos, o era preciso ser antes competitivos para poder firmar estos contratos? Todo depende de las características del país con el que estemos negociando. En el caso de Estados Unidos, estamos no solo en total desventaja en términos competitivos, sino que la mera sofisticación y magnitud de su mercado interno nos convierte en el ratón que tiene que robarle la comida al gato cuando este se descuida. Lo anterior al punto de que nosotros podemos apenas aprovechar tan solo pequeños nichos de mercado descuidados por ellos, mientras en nuestra casa les damos el plato servido y hasta con postre. ¿Qué podemos hacer si queremos contrarrestar esta notable diferencia en el marco de un tratado ya negociado (Cafta) y con posibilidades de ser aprobado por ambos países? La respuesta que se me ocurre solo podría darse en un marco en el que todos los sectores económicos y gubernamentales nos pongamos a trabajar juntos en una agenda de consenso sobre un proceso de mejora continua de la competitividad del país. El compás de espera que estamos experimentando actualmente es un primer paso importante, ya que nos da tiempo para generar una estrategia a mediano plazo. Esta estrategia debe incorporar los siguientes aspectos: a) Mejoramiento de la educación científica y técnica, b) conformación de un equipo multidisciplinario y dinámico en el seno del Ministerio de Comercio Exterior, que se responsabilice de administrar el tratado una vez en vigencia, defendiendo agresivamente nuestros intereses, c) desregulando de manera inteligente y paulatina el mercado interno, permitiendo la formación de agentes económicos dinámicos, eliminando leyes y reglamentos que impidan la libre competencia, d) lo más importante: una agenda de cambio estructural en la esfera gubernamental con el objeto de facilitar las gestiones relacionadas con la productividad del país, eliminando trámites y gestiones innecesarias. |
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