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File Personal: Arte por encargo


Marjorie Ross
Colaboradora

La forma en que se concretan hoy muchas obras de la plástica de vanguardia podría verse dentro de una línea similar al estilo de trabajo de los artistas renacentistas.

Un ejemplo de esto es la escultura gigante de Jeff Koon llamada "Cachorro", que se instaló en el Rockefeller Center hace seis años.

Solo el proceso de colocarla allí tomó tres semanas, con la participación de varios trabajadores. Entre ellos, construyeron una armazón de acero de más de 10 metros de alto, que fue forrada con esponja y luego cubierta con setenta mil plantas florecidas. El creador manifestó que hizo al enorme perrito como una metáfora del afecto y la ternura.

Uno de sus antiguos asistentes, Robert Lazzarini, contrató a cuarenta y cinco especialistas, desde grabadores, diseñadores gráficos, artistas de la seda y forjadores, para construir una escultura suya basada en una casetilla de teléfonos de Nueva York, que fue muy exitosa en la Bienal Whitney 2002, según señala Mia Fineman en el New York Times.

Por su parte, Mariko Moro hizo una instalación en forma de lágrima para la Bienal de Venecia del año pasado, que llamó "Onda OVNI". Su obra creaba efectos de luces basados en la proyección de las ondas cerebrales de los asistentes. Para hacerla, necesitó una decena de fabricantes industriales, además de arquitectos, compositores y técnicos en computación.

Fineman nos habla también del trabajo del escultor de origen búlgaro Konstantin Bojanov, que hace instalaciones de gran tamaño, no para ser exhibidas con su nombre, sino por encargo de artistas ya famosos. Muchas veces lo único que le envían para que empiece el trabajo es un boceto, o una pequeña figurilla plástica que un artista quiere que le repita en proporciones gigantescas. Con esa base, comienza a laborar con su pequeño ejército de ayudantes. Toma fotografías del avance de la obra y se las manda por correo electrónico a los artistas para su aprobación.

Algunos se presentan en el estudio para meterle mano al trabajo en algún momento, pero otros solo lo ven cuando ya está listo para ser llevado a la sala de exposiciones. Lo importante para que haya esa confianza ciega, dicen algunos de sus clientes, es que el "fabricante" entienda la estética del artista creador.

En todos esos casos, el resultado final es que el papel protagónico del creador no se sostiene a través de la realización de la obra, tiempo en el que pasa a ser una especie de capataz, literalmente de "maestro de obra" (aunque a veces en línea y no presencial). Pero su rol lo recupera al final, cuando los medios refuerzan su autoría y le devuelven su carácter de estrella.


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