| Archivo | Indicadores | Lun 5 jun, 2006 - Dom 11 jun, 2006 | Escríbanos |
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¿Qué le impide al precio del petróleo golpear con más fuerza a las economías? José Luis Arce Los efectos adversos moderados de este shock se han debido a una coincidencia afortunada de factores Quizá usted se ha hecho esta pregunta: ¿Por qué los efectos macroeconómicos de los aumentos sostenidos en el precio del petróleo desde el 2003 han sido tan moderados? Esta duda es relevante pues desde setiembre de ese año hasta hoy, el precio del petróleo ha aumentado casi 180%, pasando de alrededor de US$30 por barril a niveles que rondan los US$75 por barril durante abril del 2006 (véase gráfico aparte).
En términos reales, esto es descontando la inflación, el precio del barril de petróleo hoy -en dólares del 2005- es muy similar al registrado durante episodios anteriores de marcadas alzas en las cotizaciones de este bien básico, como por el ejemplo, el primer shock petrolero de mediados de los setentas y el segundo periodo de fuerte alza en los hidrocarburos, al inicio de los ochents. Diversos factores explican el comportamiento observado en los precios del petróleo durante los últimos tres años (véase recuadro: "Razones de peso"). Pero volviendo a la pregunta inicial, veamos varios elementos que contribuyen a delinear una respuesta tentativa: Primero. A diferencia de los tres shocks petroleros anteriores (1974-1975, 1980-1982 y 1991), en esta ocasión los aumentos en los precios no están siendo generados por interrupciones de la oferta de esta materia prima, sino por un crecimiento sostenido de la demanda que refleja el rápido crecimiento de la economía mundial. El impulso que muestran la producción y la expansión del ingreso contribuye a minimizar el impacto negativo asociado con los aumentos en los hidrocarburos y el deterioro de los términos de intercambio y del ingreso real que ello significa para los países importadores netos de petróleo. Menor dependencia Segundo. Prácticamente todas las economías son menos dependientes de los hidrocarburos, como resultado de una mayor eficiencia energética y del crecimiento y diversificación de los sistemas productivos. Tercero. El actual episodio de aumento en los precios de los hidrocarburos ha coincidido con un periodo de altísima liquidez en los mercados internacionales originado en políticas monetarias laxas aplicadas en países como Estados Unidos, Japón y los de la Unión Europea, con el fin de mitigar los efectos de periodos recesivos. Así, con tasas de interés reales en sus mínimos históricos y alta liquidez en los mercados financieros internacionales, las economías avanzadas y en desarrollo importadoras netas de petróleo han podido enfrentar sin contratiempos los aumentos en los precios de la energía recurriendo al financiamiento externo, más que mediante el ajuste en sus niveles de gasto y en consecuencia de sus desequilibrios externos. Así, los efectos sobre el crecimiento de las economías nacionales ha sido mucho más moderado que en otras ocasiones y los ajustes cambiarios y en tasas de interés asociados con el shock externo adverso virtualmente innecesarios. El aumento en los precios del petróleo además ha generado para los países exportadores netos elevados superávit externos, lo que ha incrementado las corrientes de capital desde esas naciones hacia los centros financieros internacionales; esos recursos han contribuido a mantener las condiciones de alta liquidez de la economía mundial y a financiar los desequilibrios de los importadores netos. ¿Y la inflación? Cuarto. El alza de los hidrocarburos ha tenido un impacto bajo sobre la inflación mundial. El traslado de los aumentos en las cotizaciones de los hidrocarburos a los precios al consumidor y más específicamente a la inflación subyacente ha sido limitado, gracias a que las expectativas inflacionarias se han mantenido bajo control debido a la credibilidad en las instituciones monetarias y los bancos centrales durante la última década del siglo XX. Esto contribuyó a que la política monetaria no tuviese que endurecerse en forma sustancial durante este shock, logrando mantenerse bajas las tasas de interés reales y, por tanto, mostrando pocos efectos colaterales recesivos durante el proceso de ajuste. Paralelamente, regímenes cambiarios más flexibles contribuyeron a mitigar los efectos sobre el producto generados por las perturbaciones externas, mientras que en muchas economías la afluencia de capitales y divisas del exterior contribuyó a apreciar en términos nominales las monedas locales y de esa forma compensar parte del impacto inflacionario del aumento en los hidrocarburos.
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