| Archivo | Indicadores | Lun 5 jun, 2006 - Dom 11 jun, 2006 | Escríbanos |
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El flat tax: ¿qué es? Diego Salto Van der Laat Para El Financiero La mayor desventaja que presenta un impuesto lineal es la pérdida de progresividad del sistema El impuesto lineal, o flat tax, es una tendencia económica que pretende establecer una única tarifa de impuesto aplicable a todas las rentas percibidas, tanto por personas físicas como jurídicas. Normalmente, se hace referencia a su aplicación relacionada con el impuesto sobre la renta, aunque también resulta asimilable al consumo. Idea antigua En realidad, la aplicación de las tarifas únicas fue una de las formas rudimentarias e iniciales de gravamen, de manera que la evolución de los sistemas generó la introducción de sistemas progresivos (a mayor renta mayor gravamen) principalmente a inicios del siglo XX. La evolución de los sistemas tributarios se caracterizó por el afán de fortalecer la progresividad del sistema mediante la aplicación de diferentes tarifas en razón del nivel de renta de cada contribuyente. De esta forma, la búsqueda de mayor equidad generó complejidad. La propuesta contemporánea de un impuesto lineal ha sido sustentada por Robert Hall y Alvin Rabushka como una modificación comprensiva del sistema fiscal en Estados Unidos (1981). Su propuesta establecía la inclusión de una tarifa única del 19% sobre todas las rentas obtenidas, tanto por personas físicas como jurídicas, eximiendo de gravamen a los dividendos y las ganancias de capital. Asimismo, se proponía que el impuesto no fuese aplicable sobre un monto mínimo de ingreso, a fin de que se exima de gravamen a las rentas más bajas de la economía. Si bien la propuesta no ha prosperado en dicho país, ha existido una constante discusión técnica y política sobre las ventajas y desventajas de su implementación. No obstante, durante la década de los noventas, algunos países de Europa oriental, tales como Estonia, Lituania, Rusia, Serbia y Ucrania, entre otros, han adoptado diversas versiones de un impuesto lineal. Así, por ejemplo, Rusia adoptó un impuesto lineal para las personas físicas mientras que Estonia lo implementó para personas físicas y jurídicas. Diferentes aplicaciones El impuesto lineal ha sido adoptado de muy diversas formas, siendo por lo tanto, que no existe una única y limitada concepción de qué debe considerarse como tal. Por esta razón, el análisis de su eventual implementación en Costa Rica no resulta sencillo, dado que debe definirse qué tipo de impuesto lineal se pretende implementar dada la ausencia de una "fórmula única". Quienes apoyan la introducción de un impuesto lineal afirman que ello simplificaría el sistema fiscal y lo convertiría en más eficiente. Este argumento ha sido bien recibido en la mayoría de países desarrollados cuyos sistemas tributarios son muy complejos. Nuestro sistema tributario es ineficiente, anticuado, impreciso y posee muchos problemas, pero el cumplimiento fiscal no resulta tan complejo en comparación con otras jurisdicciones. Las obligaciones formales son relativamente pocas y las tarifas aplicables a las personas físicas son incluso bajas y con muy pocos tramos. En el caso de sociedades, el impuesto resultaría incluso confiscatorio en caso de que la tarifa se aplique sobre la renta bruta, convirtiéndose en un impuesto sobre la facturación total de las empresas. La mayor desventaja que presenta un impuesto lineal es la pérdida de progresividad del sistema: se sacrifica la progresividad en aras de una mayor recaudación. Quienes apoyan el impuesto lineal, afirman que la progresividad real del sistema no depende de los niveles de tramos o tarifas marginales, y por ello, la adopción del impuesto no elimina la progresividad, modifica su enfoque. No obstante, algunos estudios (Slomrod y Yishake, 1983) han indicado que el impuesto lineal favorece a las rentas bajas y altas, pero perjudica a las rentas medias. Esto hay que analizarlo para una economía como la nuestra. El análisis del impuesto lineal no se agota con la discusión de la tarifa, sino que resulta indispensable determinar la forma de su implementación: sobre renta bruta, sobre renta neta, con mínimo exento, etc. Y por supuesto que la gran pregunta es ¿cuál es la tarifa razonable para cumplir con los objetivos propuestos? La elección de la tarifa debe considerar la necesidad de una adecuada distribución de las cargas públicas y de fortalecer la eficiencia del sistema, lo cual, como se indicó en el Informe Meade (Gran Bretaña, 1978), es desgraciadamente un asunto de naturaleza política más que jurídica o económica.
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