| Archivo | Indicadores | Lun 5 jun, 2006 - Dom 11 jun, 2006 | Escríbanos |
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Vacuna contra el meningococo B Adriano Arguedas Pediatra infectólogo En la edición No. 566 de El Financiero (22-28 de mayo del 2006), se publica una entrevista que la periodista Silvia Castillo Nieto le hizo a Francisco Domínguez Álvarez, farmacéutico cubano, vicepresidente comercial de Vacunas Finlay S.A., empresa exportadora del centro de investigación y producción de vacunas del Instituto Finlay en Cuba. En principio, la entrevista resulta interesante, particularmente para aquellas personas interesadas en la salud pública y en la medicina preventiva. Efectivamente, estas dos herramientas, tan valiosas en el sector salud, son la que hacen que países como Costa Rica tengan índices de salud impresionantes. A pesar de lo anterior, mi impresión es que la entrevista publicada por este semanario presenta solamente un lado de la historia de la vacuna cubana contra el meningococo B. Este lado de la historia, como se indica en la publicación, es la que Cuba ha intentado presentar pero desgraciadamente los resultados de inmunogenicidad y eficacia clínica reportadas en ese país con esa vacuna no se han podido reproducir en otros países. Diferencia vital Como investigador clínico, puedo manifestar que uno de los pilares más importantes en la ciencia es que los resultados de cualquier estudio clínico puedan ser duplicados por investigadores independientes. Lograr lo anterior es, precisamente, la diferencia entre "experimentar" y conducir "estudios clínicos controlados". En el caso específico del meningococo (bacteria que puede producir meningitis o infecciones fulminantes), existen varios serotipos; sin embargo, los tipos B y C son los que más frecuentemente producen epidemias a gran escala. Existe una vacuna efectiva contra el serotipo C; sin embargo, a la fecha no existe una vacuna, contra el serotipo B que sea efectiva en pacientes pediátricos menores de 24 años. La vacuna cubana se aplica, rutinariamente, en el esquema de vacunación de ese país, a todos los lactantes desde 1991. Publicaciones que han aparecido en la Revista Cubana de Pediatría (v. 70, n. 3, de julio a setiembre de 1998) y en la Revista Cubana de Medicina Tropical (v. 51 n. 3, de julio a diciembre de 1999) sugieren que la vacuna sí ha tenido un efecto positivo en esa población, con una reducción en la letalidad producida por esta vacuna uno a cuatro años luego de la vacunación. Estos resultados son, por supuesto, alentadores. Sin embargo, no se han podido duplicar. No produce anticuerpos Estudios de inmunogenicidad (producción de anticuerpos luego de que un niño es vacunado) realizados fuera de Cuba por investigadores independientes, han demostrado que esta vacuna no es capaz de inducir la producción de anticuerpos (defensas) cuando los niños son vacunados a edades entre uno y cuatro años de edad. Un ejemplo de estos estudios fue el ensayo clínico llevado a cabo en Sao Pablo, Brasil, a raíz de una epidemia de meningococo B, el cual dio resultados alarmantes con una eficacia estimada de la vacuna de tan solo un 47% (intervalo de confianza: -72% a 84%) en niños con edades entre 24 y 47 meses de edad y una eficacia de -37% (intervalo de confianza: - 100% a 73%) en niños con una edad inferior a los 24 meses de edad. Otros estudios utilizando vacunas con el mismo principio que el de la vacuna cubana (compuestas por la proteína externa del meningococo B), no solo han corroborado los hallazgos publicados por el citado grupo de investigadores en Brasil, sino que también han reportado una falta de erradicación de la portación de esta bacteria en la faringe de las personas y una actividad bactericida (capacidad de matar a la bacteria) muy reducida. Los avances de la medicina han sido y serán gracias a la investigación clínica. Esta debe ser basada en los principios claramente delineados en las guías para la buena práctica clínica y deben poder ser reproducidos por investigadores independientes para que los mismos sean creíbles. Este no ha sido el caso de la vacuna cubana contra el meningococo B, a pesar de la impresión, que los productores de esta vacuna quieran transmitir. |
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