| Archivo | Indicadores | Lun 19 jun, 2006 - Dom 25 jun, 2006 | Escríbanos |
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Para gobernar con excelencia Johnny Meoño Segura Economista Gobernar mal en cualquier país es muy fácil, pues cualquier hijo de vecino puede hacerlo con solo llegar a la Presidencia sin visión, ni preparación, ni liderazgo, ni buena fe. ni nada. Gobernar de manera excelente, sin embargo, puede ser también muy fácil en Costa Rica: todo lo que se requiere es que quien sea el mandatario, y quienes lo acompañen, tengan claras las normas constitucionales, sobre todo del artículo 140 sobre deberes y atribuciones del Poder Ejecutivo. También deben tener presentes unas tres leyes superiores para dirigir y planificar los complejos procesos públicos caracterizados por el desordenado o fragmentado devenir de múltiples ministerios y entes autónomos, así como unas pocas que norman aspectos básicos de política sustantiva en varios campos o sectores de actividad. Si, además, la Asamblea Legislativa y la Contraloría General de la República ejercieran idóneamente el control político y la fiscalización integral y constante de la Hacienda Pública que les corresponde, el gobernante -aún si fuera muy malo- no tendría más remedio que hacer un gobierno excelente. Encrucijada deleznable Costa Rica ha estado en una encrucijada deleznable en los últimos 30 años, pues teniéndolo todo para convertirse en un país del primer mundo, se las ha agenciado para mantenerse en el umbral. Hemos tenido un modelo constitucional de país solidario y de bienestar en la forma de los derechos del habitante, pero hemos carecido de la actitud, la visión y consistencia en el ejercicio del liderazgo político y tecnocrático. Están las instituciones, pero no hemos tenido los conductores. El nuevo Gobierno reactivó los esquemas de sectores de actividad bajo ministros rectores. Así lo hizo con sustento en la Ley General de la Administración Pública de 1978, y las regiones de desarrollo; ambos sistemas bajo el alero del sistema de planificación normado en 1974 y diseñado operativamente -y aplicado- durante varios años por la entonces Oficina de Planificación (Ofiplan). Esto está bien. Por otro lado, simplificar trámites para flexibilizar la gestión pública es muy sencillo, aún si no existiera la Ley No. 8220 del 2001, que ha obligado todo este tiempo a hacerlo; pero, ni gobiernos ni Contraloría ni Asamblea Legislativa se han preocupado por lograrlo, más allá de la promulgación formal de la ley. Si Óscar Arias esta vez, pues no lo hizo en su primer gobierno (1986-1990), va en serio y decide ejercer el liderazgo visionario -que sólo implica reconocer, entender y ejercitar articuladamente estas normas superiores para el excelente gobierno-, y logra el concurso obligado y transparente de su gabinete, el país verá mejores días. En realidad, muchos mejores días. Si, además, la Contraloría fiscaliza como tiene que hacerlo, asegurando que el Gobierno administre esfuerzos y recursos por sectores y regiones, y si la Asamblea controla políticamente que esto se haga bien, el país verá mejores años. Interpretaciones simplistas Téngase esto bien claro: en pobreza, ambiente, salud, educación, producción, infraestructura, vivienda, etcétera, el país podría estar fácilmente mucho mejor si solo los sectores y regiones -y unas leyes específicas en cada campo- son bien activados y utilizados. Pero si se abusa de estos por desinformación, prepotencia o falta de liderazgo del bueno, el país no avanzará y habrá más corrupción de todo tipo. Periodistas, analistas y grupos de interés deben vigilar que todo esto se cumpla, lo cual exige conocer esas reglas de oro superiores y saber cómo todos pueden tener una participación protagónica en esos procesos en los ámbitos de sectores y regiones, y enriquecer así la perspectiva oficial sobre el desarrollo nacional más viable y deseable. El sistema político e institucional es un todo. No puede ser visto de manera fragmentada como es usual, pues eso lleva a interpretaciones simplistas y, peor aún, a soluciones inviables u ocurrencias que no resuelven ningún problema. No hay que esperar a tener una nueva constitución o contar con leyes para que Costa Rica funcione como debió haberlo hecho durante estos últimos 30 años: como un colectivo en pos del modelo de país solidario y de bienestar plasmado en la Constitución a través del Estado de excelencia también legado por los constituyentes de 1949. Apuesto a que muchos no se han dado cuenta de esto. |
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