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Entre Paréntesis: Gracias a Dios por el cine


Édgar Delgado Montoya
Periodista

La semana pasada leí con entusiasmo un breve cable internacional que daba cuenta de que la película El Código Da Vinci (2006) ha recaudado en todo el mundo US$642 millones desde su estreno, hace cuatro semanas.

Y lo digo entusiasmado porque esto me confirmada algo en particular: que la Iglesia Católica aún tiene un alto poder de convocatoria, pero para temas que le afectan.

Los US$642 millones -que no incluyen los millones que ha ganado Dan Brown por la venta del libro- demuestran que el enojo de la Iglesia Católica y el Opus Dei fue la mejor publicidad que esta película pudo recibir y gracias a ello ya se convirtió en uno de los mayores éxitos en la historia del sétimo arte.

¡Qué ingenua es la Iglesia! Creyó que haciéndole guerra y tildándola de errada y blasfema, los fieles de todo el mundo le darían la espalda a una película tan inofensiva como esta.

Ahora solo me imagino que los contadores de Sony Pictures (productora del filme) deben tener cansadas las manos de contar los billetes que les entraron gracias a la furia sin sentido de la Santa Iglesia Católica y Apostólica.

Pero, aunque este favor ya quedó registrado en los libros de historia, lo que más me llama la atención es que la Iglesia no solo es ingenua sino que también tiene poca memoria. Esto porque no es la primera vez que el cine usa o se burlan de temas religiosos, pero no he visto a los líderes católicos protestando con tanta vehemencia en esas otras ocasiones. La última vez fue en 1988 con La última tentación de Cristo.

Permítanme, refrescarles la memoria.

Primero, en Superman II (1980), el personaje del General Zod tenía superpoderes y caminaba sobre el agua. ¡Qué sacrílego!

Segundo, en Viaje a las Estrellas V (1989), el Capitán Kirk se atreve a decir que posiblemente Dios solo exista en el corazón del hombre. ¡Blasfemo!

Tercero, en Estigma (1999) el sacerdote se enamora de la mujer a la cual le aparecen las heridas de Jesús. ¡Qué barbaridad!

Cuarto, en Bruce Todopoderoso (2003) Dios le entrega por una semana sus poderes a un mortal, quien los usa en beneficio propio y en cosas burdas. ¿Cómo se atreven?

En fin, podría seguir enumerando casos, pero creo que he demostrado mi punto.

Sin duda, la Iglesia necesita unas clases de relaciones públicas, y ahora más que nunca cuando cada día pierden miles de fieles porque otras religiones sí hacen su tarea.


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