| Archivo | Indicadores | Lun 22 may, 2006 - Dom 28 may, 2006 | Escríbanos |
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Política | Ministro de la Presidencia asegura que la clave es el respeto Rodrigo Arias reescribe su código para negociar Mario Bermúdez Vives Sus principios no cambian, pero el panorama varió en 20 años El código de Rodrigo Arias no tiene claves secretas ni fórmulas encriptadas, sino la capacidad para reescribirse día con día, hoy como hace 20 años. Demostró que sus condiciones se mantenían intactas cuando logró una inesperada alianza de 38 votos para el Directorio Legislativo, tras años de votaciones fragmentadas. Fue una señal de que el Ministro de la Presidencia estaba de regreso, dispuesto a desempolvar en Zapote la estrategia de negociar. Pero él mismo advierte que no conviene lanzar las campanas al vuelo. Afirma que la negociación es mucho más dura que hace dos décadas, cuando empezaron cambios profundos en el modelo económico. "Hace 20 años, la estructura del país hacía que la negociación política fuera entre Casa Presidencial, el partido oficial y el partido opositor. Ahora hay cinco, seis partidos, y afuera de la Asamblea, la negociación es más complicada con los actores civiles, hay movimientos más fuertes y más radicales", explicó. Más que nunca, se requiere de alguien que pueda unificar los códigos de diferentes grupos. Y al terminar su primera ronda con las fracciones de la Asamblea -con buenos augurios- Rodrigo Arias se prepara para reeditar esa condición. El estilo de Arias No será fácil: hay sectores que lo miran como enigma sin respuesta. "Nos nos quieren oír, creemos que llaman a la confrontación", dijo Edgar Morales, secretario adjunto de la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP), quien enfatizó que no hay contactos con los sindicatos. Otros lo consideran un modelo de negociación: ya sea en el ámbito legal, con el bufete Facio y Cañas; en el financiero, como uno de los fundadores de la Bolsa de Valores; en el empresarial, con los negocios familiares del azúcar; o en el político, como el imprescindible ministro de la Presidencia de su hermano. Él admite que la experiencia en todos esos campos le ha permitido afinar un estilo. "En toda negociación, hasta en la familiar, los principios son los mismos. El elemento clave es que lo respeten a uno, esto es vital. Lo segundo es actuar de buena fe, y que la gente lo perciba así", declaró. Son apenas los primeros principios de su enfoque (véase recuadro: "El código... "). Luego viene la búsqueda de coincidencias. En este aspecto, sus allegados le atribuyen dos características: saber escuchar a los otros actores y poner atención al más mínimo detalle. Encuentros cercanos Entre su círculo de confidentes, aparece su familia, su hermano Óscar y dirigentes como Carlos Espinach, Fernando Berrocal, Adriana Prado, Enrique Castillo, Víctor Ramírez... con ellos alterna su pasión por la política, el cine y la pintura. Ellos pintan un cuadro ecléctico y a veces contradictorio de Arias, pero bastante homogéneo. "Es reservado y conversador. Escucha mucho, no se le va nada, pero nada, de lo que está pasando en la familia, en el país, en el mundo", lo describe una persona que lo conoce bien: su hija María Andrea Arias. Este es un rasgo en el que coinciden otras de sus amistades. "Es un hombre sereno, gran observador de detalles, muy difícil que se le escape uno. Esta capacidad le permite ver mejor el bosque, el conjunto", manifestó el diputado liberacionista Francisco Antonio Pacheco, presidente de la Asamblea Legislativa. Fuerte mesura Otro elemento en el que hay un alto grado de consenso es en la doble condición de persona prudente, casi tímida, pero a la vez de pulso firme. "Escucha siempre las diferentes versiones, y nunca toma una decisión apresurada. Es tímido y muy fuerte, una mezcla rara. Tiene un gran sentido del humor, pero cuando toma una decisión, puede ser muy duro", lo describió su amiga Adriana Prado. Una impresión similar tiene otro dirigente cercano a los Arias, Fernando Zumbado, hoy ministro de Vivienda. "Es muy cuidadoso, inspira un liderazgo silencioso, sin tener que levantar la voz. Le gusta trabajar por partes, no junta a todo el mundo, sino que conversa con los involucrados para luego buscar la forma de lograr acuerdos", comentó. En la otra acera En la oposición de 1986 dejó una buena impresión. "Es un hombre muy prudente, que sabe escuchar, y muy cercana al Presidente", comentó la diputada Lorena Vásquez, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). "Por su forma de expresarse, al mismo tiempo es firme y exquisitamente prudente. No es precipitado en sus juicios, y maneja un fino ingrediente de malicia, no perversa, acuciosa", destacó Danilo Chaverri, exministro de la Presidencia. Pero no todo ha sido color de rosa: durante el pasado gobierno, colaboró con el presidente Abel Pacheco como asesor. Esto le valió críticas dentro del PUSC, que lo veían como un puente del arismo para infiltrarse en Zapote, y en el PLN, donde algunos dirigentes se preocuparon de la imagen de cogobierno que podía generarse. Al final, tomó distancia. Pero su reto será mayor en la actual administración, en la cual los sindicatos opuestos a procesos de aperturas lo ven como una especie de campeón de la privatización. La construcción de la confianza será difícil. Y Arias reconoce que, sin confianza, no hay mucho que negociar. El aprendizaje de Rodrigo Arias considera que negociar no se trata de una ciencia, sino de "tener la voluntad de escuchar, entender lo que piensan los diferentes actores y buscar las coincidencias". Genio y figura, dicen. Así era desde su época estudiantil, según lo recuerda el abogado Enrique Castillo, su compañero en las aulas del colegio Saint Francis y la UCR, y luego en el bufete Facio y Cañas. "Siempre ha sido de temperamento calmado, callado, racional. Nunca se sale de sus casillas. En el colegio no manifestó interés por la política, pero muy joven fue presidente del Concejo Municipal de Heredia", rememoró Castillo. Pero Arias confiesa que para esto no hay modelo, ni escuela. "Probablemente son los años", aseguró. Y se apresta para reescribir su código de negociación y procurar resolver con él su mayor reto: descifrar la falta de acuerdos en el país.
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