| Archivo | Indicadores | Lun 22 may, 2006 - Dom 28 may, 2006 | Escríbanos |
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File Personal: El índice de la felicidad Marjorie Ross Colaboradora
Ganar el pan con el sudor de la frente. Una frase que puede suscitar visiones de esclavos construyendo pirámides o de ejecutivos ejercitándose en el gimnasio para calzar con la imagen que se espera de él. En el primer caso, pensamos en dolor ante una suerte aciaga. En el segundo, esperaríamos la satisfacción de un empleo y un buen salario. El tema de dinero y felicidad es complejo. Diversos estudios afirman que a nivel personal, el dinero sí puede comprar una cuota razonable de felicidad; no obstante, incluso un aumento al doble muchas veces no tiene igual significación a contraer matrimonio, o tener un hijo. Una reciente encuesta realizada en Gran Bretaña por la firma City & Guilds, que se denomina "índice de la felicidad", trata de medir la satisfacción de los trabajadores con sus respectivos oficios y profesiones; algunas de sus conclusiones son sorprendentes. Por ejemplo, los ejecutivos de la banca, envidiados por su alto nivel de vida, figuran en la segunda mitad de la lista, al mismo nivel que las secretarias. Su mayor problema es el estrés y los horarios eternos que deben cumplir. Los más infelices son los farmacéuticos, quizás porque sus boticas se han convertido en blanco del hampa. A ellos les siguen los abogados, que sufren por la percepción negativa que tiene de ellos. De terceros quedan los burócratas del Estado, aburridos y desmotivados (como en casi todas partes) y a pocos pasos los arquitectos. Los agentes de viaje, electricistas, fontaneros y científicos, aparecen entre los británicos con "peor equilibrio entre el trabajo y el disfrute". Las más felices son las esteticistas, a quienes siguen muy cerca los sacerdotes, las floristas y las peluqueras; mientras que quienes mejor equilibran el disfrute y la responsabilidad, son los "disc jockeys", los diseñadores de interiores, los chefs y los carniceros. El estudio concluye que quienes trabajan con las manos tienden a ser más felices que quienes no lo hacen, especialmente si su labor combina un reto intelectual junto con las destrezas prácticas. Según el estudio, la conclusión es que la posibilidad de ser creativo, una buena relación con los colegas y la sensación de que se está haciendo un trabajo significativo, son valores más importantes que el salario, para producir satisfacción. Aunque inicialmente se busca el dinero, el estatus y la jerarquía, a largo plazo la satisfacción está más bien en gozar de autonomía, poder progresar en la carrera y, en mucho más casos de los que podría pensarse, en ayudar a otros a través del trabajo que se desempeña. |
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