| Archivo | Indicadores | Lun 6 nov, 2006 - Dom 12 nov, 2006 | Escríbanos |
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Poda en las entidades agrícolas El engranaje de instituciones del sector agrícola, unas sin razón actual de existir, otras sin efectividad y con duplicidad de funciones, y unas más envueltas en una profunda corrupción, es un buen ejemplo de lo que la ausencia de una verdadera reforma le ha hecho al Estado costarricense. De reforma integral en el sector público dejamos de hablar formalmente en el país hace más de 15 años, cuando un intento más organizado desde un ministerio sin cartera produjo la movilidad laboral de trabajadores, algo que actualmente muchos cuestionan por que las estructuras siguieron siendo las mismas e incluso crecieron, y porque los empleados más valiosos fueron los que dejaron el sector público. Bien mencionó el ministro de la Producción, Alfredo Volio, en una actividad del proyecto Tribuna Pública de El Financiero, que limitar la reforma del Estado a quitar empleados no arregla el problema. El Estado debe ser fuerte en aquellas áreas en que su acción es fundamental: como soporte al sector productivo para que la economía crezca, se genere empleo y bienestar; como fiscalizador y supervisor de la actividad privada en beneficio de la colectividad; como ejecutor de proyectos, principalmente en el sector social, en salud, educación y seguridad. ¿Por qué no ha sido posible, pese al consenso sobre los cambios en el sector público, que el tema prospere? La discusión sobre este tema en Tribuna Pública demostró incluso entre los mismos participantes que el consenso solo llega hasta la intención, pero no a la forma de ejecución. Adicionalmente, el clientelismo político no ha permitido dar una visión de conjunto de manera que los ajustes parciales que se han ejecutado en las últimas administraciones no tienen el impacto esperado. Desde esta perspectiva, la tarea que se ha propuesto el ministro Volio de reformar las instituciones del sector agrícola pareciera titánica y bastante idealista tomando en cuenta el grado de gobernabilidad, prioridades y tiempo que esta administración tiene. Sin pretender recomendar que el Ministro se enfoque en acciones cuya vinculación y efectividad no redunde en aportes significativos, como en el pasado, creemos que es importante que se definan objetivos específicos claros, metas concretas y plazos razonables. En esta línea de objetivos, el saneamiento de las instituciones es fundamental. Esto pasa por dos grandes extremos: generar estabilidad financiera y eliminar y llevar a la esfera judicial todos los focos de corrupción promovidos por sus empleados y los jerarcas de turno. En el primer tema, bien se está haciendo con disminuir la operación del CNP, institución cuyo fin dejó de tener sentido hace muchos años. La movilidad de empleados a otras áreas ya acordada por sus máximas autoridades debe tener un sentido de análisis de efectividad para las nuevas tareas, pues sino simplemente se estaría trasladando el problema de un lado al otro. Y en cuanto a la corrupción, la ya conocida en el IDA, el CNP, los fideicomisos agrícolas y Oirsa, no puede gozar de beneplácitos. La credibilidad y la confianza del sector productivo y de los trabajadores honestos de estas entidades es fundamental para que contribuyan en la reorientación de las instituciones. La Contraloría General de la República parece estar dispuesta a dar un paso que resultará fundamental en este proceso. Las recomendaciones puntuales que este fiscalizador pueda dar son también indispensables para que el Gobierno tenga mayor legitimidad y apoyo político a la tarea. Y corresponde después un extraordinaria firmeza en la ejecución de los acuerdos. El éxito del alcance de otras tareas que se ha planteado, como simplificación de trámites, investigación de mercados y banca de desarrollo, por citar solo algunas de su ambiciosa lista, estará en función de pocas pero bien escogidas acciones administrativas claves y de la capacidad que desarrollen las instituciones y sus empleados para ejecutarlas. Pretender que esto se resuelva en el seno legislativo, es condenarlas a una larga espera y a un valioso tiempo perdido. El Ministro de la Producción tiene en sus manos una oportunidad de oro para hacer cambios importantes siempre y cuando la dimensión de la tarea no lo haga perder el foco de lo que es indispensable y que se dejen las bases para lo que puede hacerse en el futuro. |
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