| Archivo | Indicadores | Lun 20 nov, 2006 - Dom 26 nov, 2006 | Escríbanos |
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En esta esquina: La injusticia que nos ahoga Silvia Castillo Nieto Editora
Ella trabaja en un salón de belleza, él es guarda en un condominio. Son pareja y tienen tres hijos que asisten a la escuela pública del barrio. Viven en una casita que lograron conseguir con un bono de vivienda pero, la plata alcanza cada día menos para comprar lo básico. Viajan en bus al trabajo y encomiendan a Dios su casa y los chiquitos a quienes volverán a ver hasta la noche. Ella tiene libre el domingo, él de vez en cuando. Ambos saben que nacieron en familias pobres y luchan por darle a sus hijos un nivel de vida mejor. Pero, durante los últimos años un sentimiento de frustración se apoderó de ellos pues creen que Costa Rica es hoy un país diferente. Mientras ella pinta las uñas de las señoras, las escucha hablar sobre los hoteles de playa adonde van continuamente. US$100 o más por noche mientras ella no puede ahorrar un poco para llevar a sus hijos un día al año, en bus, a Puntarenas. Él esta pidiendo un aumento salarial porque con ¢100.000 tiene que andar en carreras para alimentar a la familia, pero los inquilinos que ganan salarios de más de ¢1 millón dicen que están apretados de plata y no pueden pagar más. Muy extraño pues él fue testigo de que cambiaron el carro por uno nuevo y van de compras todas las semanas al mall.
Costa Rica es una sociedad cada vez más desigual. Lo dice el Estado de la Nación de los últimos años, el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas de este año, la Encuesta de Hogares del 2006 y habría que ser ciego para no darse cuenta. El columnista de La Nación Jorge Vargas Cullel nos decía hace unas semanas que de acuerdo con estudios recientes, la desigualdad (más que la pobreza) es la que promueve la violencia delictiva. No es de extrañar entonces que Costa Rica sea un país violento. Los ticos nos agredimos en todas partes, en la calle mientras conducimos, en los centros educativos, en un bar, en el trabajo. Por eso urge que hagamos cambios radicales, los “remiendos” no nos regresarán al país solidario que tuvimos una vez, ni nos devolverán la paz que perdimos. |
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