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Intel: 10 años en Costa Rica

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EDITORIAL

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10 años de Intel, cosecha y poda

El 13 de noviembre de 1996 la empresa tecnológica estadounidense Intel Corporation anunció su decisión de instalar en Costa Rica una planta de ensamblaje y prueba de microprocesadores, la cual empezó a operar en marzo de 1998 en un terreno de 52 hectáreas ubicado en Belén, Heredia. Desde entonces, el brazo de este gigante en nuestro país, Componentes Intel, ha invertido más de US$700 millones en esta nación y ha desempeñado un papel determinante en su economía, a tal punto que hoy no se concibe hablar de algunos indicadores de carácter macro –como el crecimiento del PIB y las exportaciones– sin mencionar la consabida frase: “con Intel y sin Intel”.

Sería un acto de mezquindad poner en tela de duda la influencia que esta compañía ha ejercido en Costa Rica, una huella que quedó aún más patente el pasado viernes 6 de octubre, durante la presentación de un estudio sobre el impacto de Intel en Costa Rica, elaborado por Cefsa a petición de la trasnacional.

Intel ha contribuido con un 4,5% del Producto Interno Bruto, en promedio, cada año desde que comenzó a operar. Para dimensionar este impacto, las palabras de Alejandro Cruz, coordinador de Estrategia Siglo XXI, son elocuentes: “Esto quiere decir que si tuviéramos 20 compañías como Intel en el país, duplicaríamos la producción total”.

Asimismo, el 20% de las exportaciones corresponden a Intel, la inversión anual de la empresa equivale en promedio a un 0,5% del PIB, lo que se traduce entre un 10% y un 20% del total de inversión extranjera directa al país. Casi 3.500 empleos de nivel técnico, un salario mensual promedio que duplica el de la industria urbana y cuadruplica los del sector agrícola, una inversión promedio en capacitación de su personal de US$7 millones por año se suman al balance. Además, en el 2005 Intel compró a empresas proveedoras locales ¢21.288 millones.

Retomando la frase de Alejandro Cruz, ¿podemos tener otras empresas como Intel? Más que un alto poder de negociación y una rápida capacidad de respuesta a las peticiones de la trasnacional, que sin duda fueron factores clave para la instalación de Intel, si Costa Rica quisiera atraer a otras compañías de primer orden, la lista de tareas es grande debido a los desafíos de un mundo de cambios acelerados y los rezagos de décadas en el país. La alta calidad del recurso humano que sedujo a Intel la mantenemos, pero hay retos inmediatos y de mediano plazo importantes: atacar la deserción en secundaria, mejorar la calidad de la formación técnica y aumentar el dominio del inglés en los estudiantes, son solo algunos de los elementos de la agenda educativa vitales para el desempeño del país.

La infraestructura también demanda acciones. Los puertos y aeropuertos encarecen los costos de las exportaciones y por tanto nos hacen menos competitivos. El mal estado de la red vial desestimula el desarrollo de los negocios. La conexión con el mundo, factor vital en esta era globalizada, es un privilegio del cual no disfrutamos los costarricenses por anacrónicas ideas que no han permitido modernizar las telecomunicaciones. Y no menos importante, un régimen de zonas francas que estimule sin trabas irracionales la inversión.

Con transformaciones efectivas, como las mencionadas, no solo estaríamos en capacidad de atraer a otras Intel, sino además de darle mayores posibilidades de desarrollo a las empresas nacionales, desde las grandes compañías hasta las pequeñas y medianas empresas. Esto sería verdadera y pragmática justicia y equidad social, y no por la que claman los sectores que opuestos al Cafta no proponen otra alternativa de desarrollo para el país.

En fin, son diez años de Intel en Costa Rica y la cosecha es fructífera. Sin embargo, hemos desaprovechado buena parte del potencial que la llegada de esta empresa le dio al país. Por esto, además de recoger la cosecha, es imperativo e impostergable podar también aquellas actitudes que impiden echar mejores raíces y un mejor crecimiento. Entre ellas, el temor al cambio, posiciones ideológicas trasnochadas y defensa de intereses particulares disfrazados y maquillados de intereses nacionales.


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