| Archivo | Indicadores | Lun 23 oct, 2006 - Dom 29 oct, 2006 | Escríbanos |
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Una vida que gira alrededor de 35.000 discos de acetato Sergio Morales Chavarría 40 años en radio Rumbo y Sinfonola, hicieron de Carlos Lafuente una leyenda Los 35.000 discos de acetato perfectamente ordenados en las repisas cuentan la historia de Carlos Lafuente Fernández. Cuarenta años, casi toda una vida, los ha dedicado a la radio primero con la emisora Rumbo y desde el 2002 con Sinfonola, ambas orgullosamente cartaginesas. Los discos de acetato que llenan las paredes son los que sonaron en Rumbo a los largo de los años. Algunos, los programan aun en Sinfonola. Son 26.000 discos de larga duración, 9.600 en el formato de 45 revoluciones y 4.000 discos compactos. Todos de música en español y de fechas que van desde 1956 a 1985. La voz grave de don Carlos es la característica de los locutores que escuchábamos en la radio durante la década de los años 70 y 80. Conversar con él me recordó mi niñez cuando radio Rumbo transmitía el programa Las visitas navideñas. Uno de los principales atractivos eran los cuentos y entre los más famosos estaba el de Marcelino pan y vino. Don Carlos narra que para poder tener ese cuento, se fue con su equipo a un cine en Cartago y grabó el audio de esa famosa película española. Luego pasó muchas horas recortando la cinta abierta para que quedara como un cuento para radio. Para mi pesar y el de muchos niños y jóvenes, el programa navideño tuvo un triste final pues alguien se robó los 160 cuentos que tenía radio Rumbo. Así como tuvo que despedirse de los cuentos de Navidad, fue necesario que don Carlos le dijera adiós a radio Rumbo a principios de los años 90.
El inicio en Rumbo Su interés por la radio inició desde que era niño pues su padre tenía una en la casa. Inicialmente iba a ser ingeniero civil, pero la inundación de Taras en 1963 le cambió sus sueños. Cuando el agua bajó, su familia regresó a la vivienda y descubrió que había sido saqueada. Una de las cosas que desapareció fue la radio. Todo esto lo obligó a salir de la universidad. Primero se le ocurrió que podría ir en bicicleta y con el paraguas abierto cuando llovía, pero pronto se dio cuenta de que era mala idea. Entonces fue policía, trabajador en la elaboración de los diques de Cartago y administrativo en la Casa Presidencial. También laboró en el departamento de vialidad del Ministerio de Transportes, pero renunció porque pasados tres meses no le habían pagado. Cuando salió del Gobierno ya sabía que montaría una emisora para su pueblo de origen y la puso en marcha el 12 de mayo de 1966. En ese entonces una emisora para la antigua capital era una buena idea. “Antes ser de Cartago era una ventaja”, dice con seriedad. El arranque de Rumbo le costó ¢18.000, cifra que no se compara con lo que cuesta un transmisor actualmente, cerca de US$46.000 (unos ¢24 millones). Apagando una emisora Para 1992 Rumbo empezó a ser poco rentable. Con la ayuda de su amigo José Luis Enosa, quien laboraba en Televisa de México llegó a la conclusión de que había que cerrarla. “A Rumbo había que desaparecerla o venderla” fue la sentencia. Pero, don Carlos se negó a salir del negocio de la radio y junto con las ideas de su familia fundó Sinfonola, una emisora para adultos mayores de 35 años. Este nuevo formato le permitió seguir en el negocio. La emisora representaba un desafío porque la mayoría estaba migrando a la frecuencia modulada (FM) y se estaba introduciendo la tecnología digital. La complicación surgió porque la mayoría de la música estaba en acetatos y cintas magnetofónicas. Tuvieron que conseguir la música en formato digital y directamente con las fábricas para lograr tener una buena calidad. Compraron grabaciones en Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, México, Estados Unidos y España. Ahora don Carlos atesora los grabaciones exclusivas que probablemente nadie tiene en el país.
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