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Ciclo de conferencias Tribuna Pública
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Un líder multifácetico por nacimiento y convicción Carlos Cordero Pérez Rodrigo Jiménez es empresario y dirigente de Los Santos en tecnología, café, turismo, aguacate y más En un mezzanine ubicado en el fondo de su negocio de agroquímicos en el centro de San Marcos de Tarrazú, Rodrigo Jiménez tiene un taller de venta y reparación de computadoras. Esta es una mezcla que no extraña a quien lo conoce, pues Jiménez es un empresario multifacético: tiene una finca, dos cafeterías y participa en iniciativas que van desde la producción de aguacate, la tecnología, hasta el turismo. Además, colabora con la Iglesia Católica para crear un centro de tratamiento de personas con problemas de drogadicción en la zona y a nivel nacional es parte de la comisión que asesora al segundo vicepresidente de la República, Kevin Casas, en el impulso del gobierno digital. Sin embargo, reconoce que los primeros sacrificados por su enorme activismo son su esposa, Eugenia Quesada, economista agrícola a cargo del negocio de agroquímicos, y sus tres hijos, Silvia Eugenia, Gloriana y Luis Alberto. “Muchas veces hay que ajustarse”, reflexionó. Quienes lo conocen, como Elías Calderón y Roberto Mata, gerentes de dos cooperativas cafetaleras Coopesantos R. L. y Coopedota R. L., respectivamente, destacan su gran apertura para atender las inquietudes de otras personas, su preocupación comunal y capacidad para delegar. Pese a eso, dijo Calderón, no siempre Jiménez logra apoyarse en personas que saben responder y en opinión de Mata ese dinamismo se le puede volver en contra pues “apuesta demasiado a muchas cosas”. Un josefino en Tarrazú Rodrigo Jiménez Robles nació en 1960 y es oriundo de Barrio Luján, en San José, donde vivió con sus padres, Ávaro y Julieta. A Tarrazú llegó en 1986 tras graduarse de agrónomo y haber laborado por un breve tiempo en Orosí, pues le propusieron un negocio de agroquímicos en esta zona. Al complementar la venta de agroquímicos con la asesoría técnica, logró relacionarse con la población y entender su situación y necesidades. Esta sensibilidad social la traía desde la pastoral juvenil católica en los que participó de joven. Tras una fe ciega en los agroquímicos típica de los años ochenta, se sensibilizó también en lo ambiental y se convenció de que la clave es el uso racional y técnico de los herbicidas y abonos, entre otros. Su primer paso a nivel comunal lo dio al integrarse al centro cantonal agrícola, donde estuvo ocho años –hasta 1996– y llegó a ocupar su presidencia. Después se asoció a un grupo de productores de aguacate, cultivo que incorporó a una finca que adquirió en la zona. Con ellos se integró a una organización que reúne a productores de Zarcero, Heredia, San Vito y Miramar. En el 2000 lo cautivaron las posibilidades para el turismo rural que tiene Los Santos –zona que integran San Marcos, Santa María de Dota y San Pablo de León Cortés– para el turismo rural. Actualmente, es presidente de la cámara de turismo de esa zona. Para Jiménez, esas comunidades están bendecidas por la naturaleza, son destacadas productoras de café de alta calidad, cuentan con el atractivo adicional de la presa hidroeléctrica Pirris y se ubican en un punto equidistante entre el Valle Central y el litoral pacífico, a un “brinco” de la playa de Manuel Antonio (70 kilómetros). “Además, acá los turistas todavía pueden encontrar gente de campo que sonríe”, dice como quien no quiere que nada se quede sin anotar por un olvido involuntario. “No nos interesa el turismo masivo. El plan estratégico de la región de Los Santos busca el desarrollo del turismo rural y ecológico”. Según Jiménez, tampoco apuestan solo a los turistas pues la zona continuará modernizando sus actividades de café, mora, ganadería y truchas, entre otras. Un ejemplo son las cooperativas de la zona, las cuales utilizan Internet para comercializar el café tostado y empacado con marcas propias como Quetzal y Buen Día. Motor de cambios Rodrigo Jiménez también fue uno de los motores para que las comunidades de Los Santos incorporaran el uso de la tecnología en su vida cotidiana y en las actividades productivas. Entre 1998 y 1999 colaboró con el establecimiento en la zona de la primera estación de computadoras e Internet de Lincos, impulsada por la Fundación Costa Rica para el Desarrollo Sostenible Entebbe, que es precedida por el expresidente José María Figueres. El impacto no se dejó esperar. “Un año después se hizo la primera exportación de café con una venta por Internet”, recordó. Pero no fue fácil. Hubo que integrar a los adultos, sortear resistencias y reubicar la estación que estaba en una población muy pequeña a dos kilómetros de San Marcos. Todo eso abrió nuevas oportunidades tanto de negocios directamente relacionados –como la tienda de venta y reparación de computadoras– como en el sector del café. Jiménez abrió dos cafeterías para vender 50 tipos de bebidas de café, una ubicada a orillas de la carretera interamericana camino a Pérez Zeledón, en El Empalme, y otra propiamente en San Marcos. “Estas cafeterías sirven para demostrar a los productores por qué hay que cultivar café de calidad”, recalcó Jiménez. Los proyectos en tecnología también abrieron oportunidades para otras iniciativas con el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés) y el Incae, así como con el Centro de Inteligencia en Mercados Sostenibles para utilizar la tecnología de ubicación satelital y la informática en los cultivos. Sin embargo, más allá de lo atractivo de todas los proyectos y el renombre de esas entidades, Jiménez insiste en su potencial para la población. “Lo principal es que las personas en el agro desarrollen sus pequeñas empresas”. |
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