| Archivo | Indicadores | Lun 9 abr, 2007 - Dom 15 abr, 2007 | Escríbanos |
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Lima una capital gastronómica El Mercurio/GDA/Chile La mejor forma de conocer a los limeños es vivir la noche con ellos En Lima estás obligado a pasear. La comida es deliciosa, el pisco sour mejor y por eso no hay más remedio que caminar y caminar para quemar esas irresistibles calorías extras. Lo que sigue es un menú de cuatro platos, con los mejores datos nuevos y clásicos para disfrutar de la capital gastronómica latinoamericana. Comience por San Isidro, el barrio más verde, sofisticado y tranquilo de la ciudad. Ahí se toma el mejor pisco sour en Malabar (Av. Camino Real 101), donde la carta es amplia e ideal para comenzar a explorar sabores criollos. No muy lejos de ahí, hace pocos meses el chef James Berkemeyer se hizo cargo del restaurante del hotel El Olivar (Pancho Fierro 194), dando mucho que hablar entre los sibaritas de la ciudad. Desde las mesas del local se ve el Parque el Olivar, el más lindo y grande de toda Lima, perfecto para una caminata al atardecer entre sus árboles plantados en la época del virreinato. Luego visite el Museo Privado de Enrico Poli (Lord Cochrane 466), con una de las mayores colecciones de piezas precolombinas del país, incluido un altar y otros restos de la famosa tumba de Sipán.
Entrada: Miraflores El ritmo de la ciudad sube en Miraflores, antiguo barrio residencial de la clase alta limeña Antes de sentarse a la mesa, mejor dar una vuelta por su malecón. A la hora del ceviche –recuerde que la mayoría de restaurantes de pescados solo abren al almuerzo, pues la tradición dice que no caen bien de noche– váyase a la segura con La Mar (La Mar 770), del premiado chef Gastón Acurio, el mismo del famoso “Astrid & Gastón”, que tiene el honor de preparar el mejor ceviche de todo Perú. Ahora, si prefiere lugares más clásicos, anote: El Señorío de Sulco (Malecón Cisneros 1470), de sabores peruanos; y Rafael (San Martín 300), con una deliciosa e imaginativa carta fusión. Por la noche, tiene alternativas para todos, como Huaringas (Av. Bolognesi 460), con pisco sour de decenas de frutas, o Palos de Moguer (Emilio Cavenecia 159), con la mejor variedad de cerveza artesanal de la ciudad. Para gustos más exclusivos, los datos son Café del Mar (Santa Cruz 850) y Vocé (Jr. Risso 326), donde se reúne el jetset limeño.
De fondo: el centro Para su menú limeño, nada es tan imperdible ni contundente como el tradicional centro de la ciudad. Caótico y sucio a ratos, es cierto, y con fama de peligroso e inseguro, la verdad es que se trata de un área tranquila y bien custodiada. Tomando las precauciones básicas, uno puedo moverse tranquilo hasta la noche por la preciosa Plaza Mayor, lugar donde Francisco Pizarro fundó la ciudad en 1535, o por el borde del Rímac, donde está la cara más auténtica de la capital peruana. Flanqueada por la magnífica Catedral, el Palacio de Gobierno y la Municipalidad, la remodelada Plaza Mayor debiese ser su punto de partida. Para huir del ajetreo, la recomendación es la Iglesia y Convento de San Francisco (Jr. Ancash, cuadra 3), que alberga el Museo de Arte Virreinal, donde están las catacumbas que sirvieron de cementerio en el periodo colonial. Otro imperdible es el Museo de Arte (Paseo Colón 125), con cerámicas, orfebrería y textiles de culturas prehispánicas, donde está la mayor colección de pinturas y piezas de arte de todo el país. Eso sí, tenga claro que para conocer la estrella museográfica limeña, el Museo Larco (Bolívar 1515), tendrá que moverse hasta la zona de Pueblo Libre. ¡Y vale la pena!, pues son 45.000 piezas de oro y plata del antiguo Perú, reunidas en una bella mansión colonial construida sobre una pirámide precolombina. Tanto paseo le exigirá más energías y qué mejor que reponerlas con platos criollos y abundantes frijoles. El lugar es El rincón que no conoces (Bernardo Alcedo 363), especialista en comida casera, con los mejores ingredientes naturales. ¿Sugerencias? El seco de cabrito y los picarones. Para cerrar el día en el centro, a una cuadra de la Plaza San Martín, pruebe el Bar Queirolo (Camaná con Jirón Quilca), uno de los boliches más tradicionales, donde se puede comer embutidos y beber cerveza Cusqueña, mientras escucha guitarreos criollos.
Postre: Barranco La mejor forma de conocer la idiosincrasia de los limeños es vivir la noche con ellos. Y para tan noble tarea, el sitio indicado es el distrito Barranco, antiguo balneario de la aristocracia de comienzos del siglo 20, hoy reducto de la juventud más cool.
Después del paseo por la costanera, vaya al Museo Colonial Pedro de Osma (Av. Pedro de Osma 423) para ver su colección de arte virreinal. Programe la salida para almorzar en Mi Perú (Avenida Lima 861), la picada más popular de la capital. En la misma clave, pero más sofisticada, los datos nuevos son Chala (Bajada de Baños 343) y Maximiliano (Prolongación San Martín 130). Al anochecer, las opciones sobran. El rock manda en La Noche (Bolognesi 307), el baile en Saquara (Av. República de Panamá 240) y la taquilla en Cala (Playa Barranquito s/n). |
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