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Estilos de Vida

Catie organiza feria gastronómica para ayudar a Turrialba

Feria Nacional del libro iniciará en mayo 25/04/2007 08:30 AM

Artículos Edición # 613

Dos franceses que votaron por invertir en Costa Rica

El Financiero

Rodolfo González Ulloa
rgonzalez@financierocr.com

Ella es la última francesa en Costa Rica que lleva el apellido Tournon, ligado a un pasado de barcos y café que dio origen a un emblemático barrio josefino.

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Pensamientos de bronce irán a la Sabana

El Financiero

Rodolfo González Ulloa
rgonzalez@elfinancierocr.com

Crisanto Badilla se prepara para colocar su obraCabeza-pensamiento en el Jardín de Esculturas del Museo de Arte Costarricense, en La Sabana, San José.

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El vino tiene la palabra

El Financiero

Juan Pablo Ferrari Saavedra
jferrari@elfinancierocr.com

Estar bajo el mar contemplando la luminosidad de un arrecife coralino es una de esas experiencias que nos dejan sin palabras.

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Tres para tentar

Trivia

La testarudez de un libro

Estrenarán Más abajo del aire

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Clase ejecutiva

La testarudez de un libro

El Financiero

Un libro no claudica, no se deja intimidar. Continúa opinando lo mismo con el paso del tiempo. Es un objeto noble y bien lo sabe. Está consciente de su peso, su formato, su belleza. Tiene olor y textura. Se deja portar, acariciar, esconder, robar, muchas veces, por la codicia perdonable de los amigos. Conoce a su dueño. Desde la cabecera vela su paz. Lo siente releer de vez en cuando la dedicatoria escrita a mano de la página inicial, donde el amor de aquel que lo ofrendó (padre, madre, amante, hermano) perdura intacto. Mueve montañas y por eso el déspota lo quema. Desarma el corazón y por eso el enamorado lo ofrece. Ilustra al ignorante y por eso el docto se lo extiende, bondadoso. Provoca asombro, indignación, gozo, embriaguez, claridad, derriba la represa donde se esconde, púdica, la emoción no confesada. Hace llorar a solas, reír a solas, rumiar a solas. Hace soñar a las multitudes en todos los idiomas en los cuatro puntos cardinales del planeta.

Un libro se deja releer y sonríe. Descubre, gracias a este desliz, quiénes somos, qué frases atesoramos, qué párrafo, qué réplica marcará nuestro destino para siempre. Nos devuelve al regazo de la madre y escuchamos su voz. Nos presta voz cuando debemos decirle al hijo lo que no sabemos cómo. Nos permite ser compatriotas de un desconocido: somos hermanos en el país del mismo libro que amamos.

Es fuente de discordia cuando dos que se quieren se separan. Es fuente de placer cuando se desflora. Es fuente de saber. Es fuente. Vivirá más allá de nosotros, pobres mortales, y el papel de su carne llevará a otras manos a siglos de distancia el calor de nuestras manos.

Corren tiempos duros, pero no será destronado: no pudo con él ni el celuloide. Y su reino no tendrá fin. Y volverá a primar sobre la tierra tarde o temprano, cuando de nuevo el pensamiento exija izar las velas y no se deje aplastar por esa dictadura sin disensiones de la imagen. Estamos hechos de la materia de los sueños, dijo el poeta. Somos, de alguna forma, los libros que hemos leído. Nada seremos, entonces, si no leemos.



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