Scientia
Tecnología para la productividad

Edwin Aguilar Sánchez
¿Cuánto menos haríamos al día sin nuestra portátil con su conexión a Internet y aplicaciones diversas? ¿Cuántas transacciones menos harían los bancos sin redes de datos? No lo sabemos, pero se puede medir cuánto más se logra si se adoptan estrategias tecnológicas que apoyen o reiventen los procesos de las empresas.
Convencionalmente la productividad se concibe como la relación entre los productos o servicios obtenidos con un determinado insumo.
En la nueva economía está probado que la productividad es una función de la madurez de la infraestructura tecnológica, que permite hacer lo mismo con menos insumos o hacer más con los mismos.
Esta función, que tiene consecuencias productivas importantes, tiene también otras económicas como lo es el desempeño financiero.
El desempeño financiero cuando crece la productividad, vía tecnología, tiene tres momentos. En un primer momento, el aumento de la productividad reduce los costos, con lo cual se incrementan las ganancias de los accionistas.
Pasado este primer momento, esa productividad permite bajar los precios de venta y el beneficio es para los clientes. Finalmente, esto permite elevar los salarios con lo cual los beneficios van a parar a los bolsillos de los trabajadores.
Este desempeño financiero hace que la productividad sea un objetivo económico y social a perseguir por todas las empresas. La década pasada fue rica en mostrar este desempeño en Norteamérica y Europa, con el apoyo de las tecnologías de toda clase, pero especialmente con el apoyo de las tecnologías de información y comunicaciones. Lo que a inicios de los años 90 fue la paradoja de la productividad, que la tecnología no se reflejaba en los estados financieros, fue superada en los últimos 10 años con la maduración de la infraestructura tecnológica y estrategias tipo ERP, CRM y SCM.