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Opinión

Editorial

Inversiones y crecimiento

Ll a Inversión Extranjera Directa (IED) que el país recibió el año pasado alcanzó los $1.400 millones, sobre todo en zonas francas, proyectos inmobiliarios y el sector financiero. Para este año, Cinde espera cumplir con la proyección del Banco Central y atraer inversiones por $1.170 millones.

La IED es una expresión del rumbo de apertura económica que adoptamos hace más de 20 años. El país ha demostrado tener condiciones para la instalación de nuevos negocios, año con año. La llegada de Intel marcó un antes y un después en las características de la IED e igualmente importantes sectores de manufactura y servicios han encontrado terreno fértil para sus actividades y han ayudado a delinear el modelo económico nacional. De ahí la preocupación general para que nuestros hijos tengan mejor conocimiento de las matemáticas, que potencie su pensamiento lógico y les dé las bases para su desempeño en actividades como el desarrollo delsoftware . Igualmente el enfoque en las escuelas y colegios a la práctica del inglés.

El turismo ha venido surgiendo paralelamente, primero, un tanto silencioso, y luego con fuertes evidencias de que nuestra marca como país representa un valor importante en el mercado turístico internacional.

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En resumen, el modelo de desarrollo económico nacional actual lleva más de dos décadas de generarse , de la mano de múltiples reformas, políticas, incentivos y tratados comerciales orientados todos a sacar el mayor provecho del proceso de globalización. Nuestro modelo social, más longevo, ha sido base importantísima para el desarrollo económico. Ambos son por tanto indivisibles y deben seguir teniendo la capacidad de alimentarse mutuamente.

El desarrollo de las costas guanacastecas, del Pacífico central, de la zona norte y de una parte del Caribe nos sorprende. El Pacífico Sur se va uniendo a esta tendencia. Pero el boom turístico va más allá de la playa o los volcanes, alcanza a muchas zonas del país y tiene distintas expresiones, algunas de estas de grandes proyectos y otras de pequeños, medianas y locales iniciativas. Este es un beneficio particular de la actividad turística; con un poco de agresividad es posible para muchos encontrarle potencial de negocios a la presencia de los visitantes del extranjero.

Las noticias de los últimos meses sobre megainversiones turísticas deben verse en este contexto. Lamentablemente, en la convulsa coyuntura actual, los mismos que le atribuyen al Cafta un alcance mayor al que le corresponde como instrumento comercial –una pieza más en el engranaje del desarrollo económico– ven en la llegada de estos megaproyectos expresiones de un colonialismo que niega la esencia del desarrollo turístico de las últimas décadas.

El Cafta merece y requiere un Sí porque es el marco para el comercio con el principal mercado del mundo y porque es una parte más del engranaje que hemos venido conformando en nuestro modelo de desarrollo económico. Decirle No es decidir dar marcha atrás. Esa misma lógica es la que nos dice que estos proyectos turísticos permitirán, como otros en el pasado, atraer una mayor cantidad de visitantes que podrán ser abordados por otros negocios locales y, adicionalmente, generar empleo y desarrollar a muchas comunidades.

Pasada la discusión sobre el Cafta, tras el Sí en el que confiamos, el país debe concentrarse en múltiples trabas, más que conocidas, que frenan la velocidad del desarrollo o impiden un mayor provecho de él. Pero igual importancia debe tener, para el Poder Ejecutivo, la Asamblea Legislativa y demás instituciones democráticas, avanzar en el fortalecimiento del modelo social nacional. Mejor calidad de la educación, mayor inversión en salud e infraestructura pública, transparencia en las instituciones del Estado y una vocación pública de servicio son el complemento que se requiere para el crecimiento económico. Desarrollo económico y social son indivisibles y la consolidación de ambos deben ser nuestra prioridad.

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