Opinión
¿Un país más desigual y dividido?
Jorge Mora
La prolongada crispación política vivida por el país ha colocado el concepto de polarización social en un lugar central de la polémica. Con insistencia este término se entiende como sinónimo de confrontación social.
Aunque puede existir relación entre ambos, pues por lo general lo primero trae como consecuencia lo segundo; la polarización social se refiere al ensanchamiento de las desigualdades, producto de una mayor concentración de la riqueza, los ingresos y las oportunidades en los grupos de rentas más elevadas y a la disminución de esas condiciones entre los de menores ingresos.
“La división ante el Cafta es una expresión de un proceso que se mantiene latente en la sociedad”.
Sociólogo
Exrector de la Universidad Nacional Autónoma (UNA)
El Estado de la Nación señala que la brecha del desempleo entre el quintil más rico y el más pobre se duplicó entre 1990 y 2003, al pasar de 4,7 a 8,7. Esta desigualdad creció más en el grupo de 12 a 17 años, en el cual la distancia se quintuplicó. En cuanto a la escolaridad, prevalece la primaria incompleta entre los más pobres y la secundaria completa entre los más ricos. La desigualdad en el porcentaje de personas de 18 años o más que tiene secundaria completa creció un 28,6% entre 1990 y 2003.
En este último año el 54,5% de la población que declaró dominar el idioma inglés pertenece al 20 % de la población con ingresos más altos y, en ese grupo, las personas que hablan un segundo idioma es 10 veces más que en el quintil más pobre.
Costa Rica mantiene elevados índices de desarrollo humano, pero son evidentes el crecimiento de las desigualdades y el origen de una sociedad opulenta, con acceso a servicios y pautas de consumo a los cuales les resulta difícil acceder a los grupos de ingresos medios y bajos. Esto conduce a una sociedad en la que paulatinamente surge una separación: centros de salud, educación, espacios urbanos y recreación exclusivos para las élites; deterioro de los servicios de educación y salud públicos y del sistema de bienestar.
Posibilidades para aprovechar las oportunidades ofrecidas por una sociedad global económica, política y culturalmente más integrada para los grupos de mayor riqueza; exclusión y alejamiento de esas posibilidades para los grupos de menores ingresos.
Imaginar que el crecimiento económico, por sí solo, es capaz de derramar sus beneficios entre toda la población, colocar las políticas sociales en un segundo plano, permitir el deterioro de las instituciones y la inversión pública y abandonar la redistribución del ingreso, menoscabaron la alta integración y cohesión social generadoras de estabilidad política y social, y contribuyeron a crear una estructura social bipolar.
Resultados de esta situación son la pérdida de confianza en los partidos políticos y las principales instituciones democráticas, la aparición de nuevos movimientos y agrupaciones políticas, la sustitución del bipartidismo por el multipartidismo y el creciente sentimiento ciudadano de pertenecer a un sistema al que no debe lealtad por no responder a sus demandas y aspiraciones.
De no existir espacios de diálogo y negociación entre las diversas fuerzas políticas y grupos de la sociedad civil, el país podría encaminarse gradualmente a una confrontación social.
La división surgida ante el Cafta es una expresión de un proceso que se mantiene latente en la sociedad, con la presencia de momentos de mayor tensión, como las movilizaciones ocurridas a raíz de la reforma de la ley de pensiones del Magisterio Nacional o contra la aprobación del “combo del ICE”. Estas pugnas sociales y la crispación política continuarán, con independencia de los resultados obtenidos en el referéndum, hasta tanto no exista una clara disposición al entendimiento y la negociación, empezando por las que en un régimen democrático deben producirse entre la coalición gobernante y la oposición.


