Opinión
Se acabaron las crisis localizadas
Cuando uno se detiene a observar las causas y derivaciones de las crisis en los grandes mercados financieros se da cuenta de que el concepto de una Costa Rica abierta al mundo sobrepasa la retórica.
En la edición de EF, que circula esta semana, hicimos una incursión en la reciente debacle de las hipotecas de baja calidad (subprime) en los Estados Unidos, cuyas repercusiones ya han puesto a correr a varios banqueros centrales del mundo.
Uno puede detenerse en este tema con cierta dosis de curiosidad, quizás hasta indiferencia, amparado en una engañosa sensación de que esta clase de eventos son ajenos a nuestro quehacer cotidiano.
Sin embargo, los puntos de contacto están ahí, como por ejemplo, la eventual desaceleración de la economía estadounidense, uno de nuestros principales compradores.
O bien, en los fondos de pensión complementaria, que desde hace más de dos años comenzaron a explorar con mayor fuerza las plazas extranjeras.
En este último caso los efectos de la crisis parecieran ser positivos, pues por el momento los fondos de retiro mantienen inversiones en bonos soberanos y corporativos que más bien se han visto apreciados, ante la búsqueda de instrumentos de mayor calidad.
¿Y que pasaría si de pronto deja de entrar inversión extranjera hacia el sector vivienda en Costa Rica?
También están las lecciones del naufragio, que posiblemente queden para la discusión pública o alimentar el debate académico.
Por ejemplo, el hecho de que el crecimiento de las carteras de crédito de EE.UU. se diera amarrado al deterioro en la calidad de los deudores. Algo interesante en una de las economías más desarrolladas y con mayores estándares regulatorios del mundo.
Hoy, las tormentas toman caminos inesperados y por eso Costa Rica, está expuesta a la ventisca.


