Estilos de Vida
Artículos Edición # 645
Tres crónicas del arte práctico

Rodolfo González Ulloa
En Costa Rica hay 200 diseñadores industriales y 400 que estudian la carrera, según estimaciones del Instituto Tecnológico de Costa Rica y consultas a la Universidad Véritas.
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CLASE EJECUTIVA
Solo el amor mueve el mundo
Ana Istarú
Me casaré con velo y con corona, lo juro por mi madre. Ya casi de cincuenta y con alguien de cincuenta. Que el amor arrebate a todo el que me mire: me casaré con velo y con corona. Juro luchar por lo que creo: que el amor mueve el mundo y que no hay imperio ni roca que detenga esta verdad.
Me casaré con velo y con corona porque allí donde se miren dos que se aman, donde destile el oro de su incendio, no habrá poder ni mal que arrodille su fe. Porque el amor mueve el mundo y renace en la terca primavera. Porque el amor golpea su tambor para orientar el vuelo de los pájaros que emigran a buscar otro plumaje. Hay una estela de tortugas que desovan sobre la arena de este corazón. Un viaje alucinado de salmones y su sangre es más fuerte que las aguas.
Porque el amor los mueve. Juro por el amor a pesar del pesar y de estas dos manos que han sufrido. A pesar del cielo que perdí.
Para que nuestros hijos puedan oír el mar de nuestro beso y escuchen, mundo, las letras de tu nombre y sepan: sólo el amor mueve el mundo, sólo el amor hace girar a los planetas y sin amor no hay órbita que exista. Para que sea bálsamo y paz y aceite sobre sus corazones de miga de pan. Para que puedan inscribir el don inclaudicable, y jurar como yo juro y entregar mansamente su cabeza. Para que emerja en mí la luz acumulada, allí, donde pusieron su amor los que me amaron, el hilo que se inicia en la boca de mi madre y atraviesa a esta niña que todavía resuena como una cascarilla en el recuerdo dulce del que fuera mi padre. Que emerja en mí la luz y salte de sus sedimentos y mane hasta cubrir a todos mis hermanos.
Se casará con velo y con corona esta vieja doncella que soy. Que este puño de flores que mi mano esgrime escriba en el aire para siempre la dicha sin regreso de mi fe. Que el sol se solace en los ojos de mi amado, desde donde me miran los del león de San Marco. Y que me arrojen encima granos de arroz: no tendremos más hijos, pero tendremos nietos. Porque el amor mueve el mundo y no hay nada que quebrante esta verdad.