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EDITORIAL

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La política en el 2007

Se ha dicho que no todo es política, pero casi todo pasa por la política. He aquí por qué el Estado y los partidos políticos son imprescindibles para vivir en democracia, el Estado como árbitro y garante del bien común, y los partidos políticos como crisol de la democracia, en aras del bien común.

La política en el 2007 no puede vislumbrarse sin el telón de fondo de los últimos ocho años, cuya característica fue, en el orden electoral, la desafección popular, manifestada en el abstencionismo de los votantes, documentado particularmente y con dramatismo en las dos últimas elecciones, y, en el orden político, la incompetencia gubernamental, generadora de desconfianza e incertidumbre, lo cual tuvo una fuerte repercusión en la esfera económica.

En esta realidad política subyace el desafío de este nuevo año. El objetivo ha de ser, entonces, la reconquista de la confianza en la democracia, en el sistema político y en las instituciones públicas.

Estamos claros que esta no es una tarea fácil por cuanto, en poco tiempo, el pueblo anhela palpar con mano, ojos y oídos, el único elemento de juicio capaz de restaurar la fe en estos valores básicos de la vida en libertad: la prueba de ácido de los resultados, de los gestos y de los hechos. Como Tomás, la gente quiere ver y tocar para verificar el acto de la resurrección.

Las perspectivas del 2007 se nutren de las vivencias pasadas, como expresamos, pero también de estos primeros 10 meses de la actual administración. Desde este punto de vista, hay motivos para el optimismo. El primer logro político radica en la vuelta, lenta pero firme, de la confianza, aunada a indicadores económicos excelentes en diversos campos.

El respeto, con la excepción de un diputado, ha prevalecido en el parlamento y los intentos de entorpecer la tarea legislativa han abortado. El gobierno ha iniciado una intensa labor de limpieza y de retorno al sentido común y a la racionalidad en la función pública y el Poder Judicial ha avanzado en el proceso de modernización, que debe consolidar, en el 2007, con el pacto, ya iniciado, de los poderes del Estado por la justicia.

Si los resultados definirán el futuro de la política, esta encuentra ante sí una oportuna sementera para actuar: en el campo social, el plan estratégico de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) para el 2025, la nueva visión del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y el replanteamiento de la educación pública, mediante la acción conjunta del Ministerio de Educación Pública (MEP) y del Consejo de Rectores; en el científico y tecnológico, la Estrategia Siglo XXI, con miras al 2050, y en cuanto a la infraestructura vial, el nuevo plan elaborado por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) y la Cámara Nacional de la Construcción.

En este marco, urge poner en marcha, de una vez por todas, la nueva política tributaria y, aprobado en comisión el tratado de libre comercio con Estados Unidos (Cafta, por sus siglas en inglés), se han de atacar sin dilación los grandes temas de la agencia de implementación y la agenda complementaria. En el campo electoral, las nuevas reformas pueden remozar la política nacional.

Ningún proyecto ni conjunto de ellos cristalizará en obras ni podrá relanzar la política nacional y el sistema de partidos, si no prevalece una mentalidad fraguada en el diálogo y la negociación política. A la democracia callejera, adoptada ya por un partido político, se ha de anteponer la democracia representativa y con ella la primacía de la institucionalidad democrática. Estos valores han sido cuestionados por dirigentes gremiales y dirigentes políticos en estos meses. Es preciso, a toda costa, contener estas aberraciones, minoritarias, pero muy peligrosas, y reforzar la fe en el sistema democrático y de partidos, como expresamos, mediante resultados tangibles.

Las perspectivas del 2007 se concentran, entonces, en el binomio inseparable de la eficacia política y de la institucionalidad democrática. El 2007 se nos presenta como el punto de inflexión de la geometría política. Los partidos políticos deben, desde ahora, tener bien aprendida la lección: ni el populismo ni la cultura del no forjan victorias políticas. Estas se fundan, dado el grado de madurez de nuestro pueblo, en las propuestas constructivas, en el control político responsable y en la lucidez para avanzar con visión de futuro y sentido de lo concreto. La mesa está servida.


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