| Archivo | Indicadores | Lun 1 ene, 2007 - Dom 7 ene, 2007 | Escríbanos |
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42 años en el negocio de engolosinar al mercado Sergio Morales Chavarría Chiclera costarricense inició en 1965 por una coincidencia Hernán Fumero Monge se encontró literalmente con una fábrica de chicles en el camino. El encuentro con la goma de mascar ocurrió en México, donde un proveedor del producto le ofreció la maquinaria porque se iba a salir del negocio. Fumero vio que podía ser un buen negocio y la puso a funcionar en 1965. Su hijo, Adrián Fumero Patiño, cuenta cómo la decisión de iniciar una fábrica de chicles se dio por una oportunidad, así nació Chiclera Costarricense. Su padre, hoy con 80 años de edad, se dedicaba entonces a importar diferentes productos de Guatemala, incluyendo chicles. Como la demanda de estas golosinas en Costa Rica estaba subiendo y en Guatemala conseguía poco producto se fue a México para buscar más y ahí se topó con el proveedor que le ofreció el equipo. El problema era que no había gente que supiera hacer chicles en el país. La solución fue enviar a uno de sus hermanos a tierras aztecas por tres meses para que aprendiera cómo se hacían los chicles. Curiosamente otro de sus proveedores mexicanos fue quien se encargó de darles la capacitación, a pesar de que con el paso de los años significó perderlos como clientes. Al principio de la industria, todo era manual y a cargo de unas cuatro personas en donde está hoy la Fábrica Nacional de Trofeos en San José. En 1983 se trasladaron a Zapote, donde están todavía. Por más de dos décadas la fábrica creció gracias al chicle de bola. En la Costa Rica de la década de los 60 y 70 se vendía en “un cinco” (¢0,05) y con el paso del tiempo llegó a costar ¢1. Ahora vale ¢10. Con la llegada de los hijos a la empresa, también ocurrió un cambio principalmente en el campo de la innovación y el mercadeo. Actualmente, Adrián Fumero es quien está al frente de la empresa junto con su padre. Un impulso A inicios de la década pasada, la empresa dio varios cambios: creó marcas (Pogo), nuevas presentaciones, más promoción y aumentó capacidad productiva de manera considerable. Ahora las ventas en suelo costarricense serían insuficientes para cubrir los costos fijos. Entraron en el campo de la exportación y sus chicles van a todos los países de Centroamérica, Panamá, República Dominicana, Haití, Venezuela y ocasionalmente a México. El plan era consolidar las ventas en el exterior. Por eso establecieron su propia distribuidora en Venezuela, El Salvador y Dominicana. “Si uno quiere tener éxito en un mercado del exterior, lo mejor es tener distribución propia, porque nadie hará lo que uno necesita”, dice Fumero. A pesar de ese impulso, la empresa ha pasado por momentos apremiantes. En el 2002 sus ingresos se vieron perjudicados por la restricción que tiene el Gobierno venezolano para sacar divisas. Venezuela les representa el 35% de las ventas totales y Costa Rica un 20%. Esas condiciones persisten por lo que procuran lograr una posición más moderada en ese país y aplicar la enseñanza que les dejó esa experiencia: poner los chicles en diferentes cajas para evitar los riesgos.
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