| Archivo | Indicadores | Lun 1 ene, 2007 - Dom 7 ene, 2007 | Escríbanos |
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La otra cara de los discos costarricenses Rodolfo González Ulloa Grabar una producción oscila entre US$10.000 y US$40.000 El dicho “nadie es profeta en su tierra” no aplica para los músicos de Costa Rica. Públicos variados aceptan a solistas y grupos nacionales con el mismo entusiasmo con el que siguen a otros ídolos extranjeros. Sin embargo, no todos los segmentos están ganando. Con el cierre de centros de baile, los grupos de música tropical han tenido que recortar su planilla. Otros segmentos, en cambio, ven florecer su fama y su posición comercial, aunque esto no se traduce necesariamente en un buen negocio discográfico. Casos como Swing en 4, el Cuarteto de Trombones, Humberto Vargas, Malpaís, Bernando Quesada, Editus, Walter Flores y María Pretiz demuestran que la oferta pasa por un buen momento. De acuerdo con el músico y productor Alfredo Chino Moreno, en estos momentos hay mucho talento, gracias al Conservatorio Castella, las universidades públicas, los programas de la Orquesta Sinfónica y la participación en conciertos en el exterior. Sin embargo, paradójicamente, la tecnología y la piratería hacen que el éxito del momento se diluya cuando de ganancias por discos se trata. “En la calle se ven tantas personas con I-pod, muchos de los cuales cargan en ellos los discos de sus amigos y no tienen que comprarlos en las disqueras”, dijo Moreno. A pesar de esto, el negocio de grabar un disco en Costa Rica se mantiene, porque es lo que permite que un artista suene en la radio y logre contratos para conciertos.
Andrés Quintana, productor musical y propietario de 94,7 FM, asegura que la inversión en un disco puede oscilar entre US$10.000 y US$40.000 y prácticamente nadie recupera esa inversión. Sin embargo, son cientos los títulos costarricenses que salen año con año a la venta. “Es necesario hacerlo, pero el retorno no está en el dinero, sino en la exposición del artista”, dijo. Jesucrito Superestrella Alex Orozco, del estudio de grabación Newmix, explicó que uno de los segmentos ganadores en este momento es el de la música cristiana. “Mientras hay solistas que sueñan con alcanzar los 10.000 ejemplares vendidos, hay cantantes cristianos que venden hasta 30.000 ejemplares por año”. Orozco citó el caso de Rigoberto Amaya, que en una noche de concierto en Londres logró vender 600 discos, y Kairós, que vende mucho en San José, Costa Rica. “Es un fenómeno interesante, porque ahora no hay tanta división entre la música secular y la cristiana. Así como hay consumidores que tienen un disco de Malpaís a la par de uno del cantante cristiano Marcos Whitt, hay músicos que tocan igual para un disco de salsa o de trova que para uno de contenido religioso”, explicó. Hacer un disco De acuerdo con Arnoldo Castillo, productor y cantante, hay cuatro pasos básicos para grabar un disco, tres de los cuales se realizan en Costa Rica (véase info gráfico: “Así se hace un disco en Costa Rica”). “En Costa Rica se graba con la misma calidad que en mercados más grandes, aunque la “masterización” (proceso para evitar la saturación) aún se hace afuera”, afirmó Castillo. Jaime Gamboa, de Malpaís, explicó que los dos primeros discos del grupo vendieron casi 20.000 unidades, pero el capital se usa siempre para reinvertirlo en otra producción. “Hacer discos no es un negocio en sí, pero hay que invertir en ellos”, finalizó. Colaboró Evelyn Granados.
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