| Archivo | Indicadores | Lun 1 ene, 2007 - Dom 7 ene, 2007 | Escríbanos |
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Política | Diez procesos electorales en los últimos 12 meses Nuevo paisaje político latinoamericano Constantino Urcuyo Para El Financiero Viejas categorías de izquierda-derecha no explican resultados electorales Las diez elecciones presidenciales en América Latina ocurridas durante los últimos 12 meses configuraron un paisaje político nuevo: para algunos se trata de un giro a la izquierda; otros hablan de irrupción del populismo. Entre quienes se adhieren a la tesis del giro se distinguen aquellos que ven una, dos o varias izquierdas. Algunos, tras el supuesto viraje, ven un complot cubano-chavista para entronizar el comunismo en América Latina.
Otros hablan de dos izquierdas, una radical y mesiánica (Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua), diferenciada de una izquierda pragmática y reformista (Chile, Uruguay, Brasil, Argentina). Otros distinguen varias izquierdas según se combinen de manera diferente las dimensiones ideológicas, nacionalistas, étnicas y geopolíticas. Populismo Según la explicación desde el populismo, la región estaría atravesando una etapa de desfase entre los órganos políticos y el sentimiento popular que cuestiona a las élites dirigentes y busca salvación más allá de las instituciones.
Las viejas categorías de izquierda y derecha, esencialmente posicionales, proceden de una época en que los problemas eran diferentes y las tomas de posición frente a estos definían distinto a los actores. Tras la caída del socialismo real, la economía centralmente planificada no se plantea como un eje definitorio de la dicotomía izquierda/derecha. Lo mismo sucede con el pluralismo político. No hay partido de izquierda latinoamericana, ni siquiera Chávez, que defienda la dictadura del proletariado.
El progresismo o lo retardatario se definirán en torno a la propiedad de los recursos energéticos (Bolivia) o la participación de sectores excluidos (Bolivia, Ecuador, Perú). La explicación desde el populismo también padece de defectos, pues se centra en los déficit de las clases dirigentes, presta poca atención al fenómeno de la exclusión política, invisibiliza factores externos como el interés por los recursos naturales de los países e ignora la propuesta de esquemas de integración que entran en contradicción con los intereses de los países más grandes (Argentina, Brasil).
El mapa político de la región ha cambiado significativamente y está preñado de consecuencias geopolíticas. Sin embargo, las transformaciones no pueden ser entendidas como parte de un solo proceso de giro a la izquierda, pues esto no explicaría mucho. Intersección con varias vías Por el contrario, si se entienden estos procesos como la intersección de diversas variables de naturaleza ideológica, social, de identidad y de movilización, el panorama puede ser más claro.
Los rasgos de este cambio son variados y ocurren bajo el telón de fondo de un malestar con las instituciones políticas (Ecuador, México, Venezuela, Perú, Bolivia, Costa Rica), aunque en algunos lugares el advenimiento de la izquierda está signado por la continuidad de estructuras políticas tradicionales (Nicaragua, Chile).
La vía de acceso al poder es una diferencia importante con respecto a periodos anteriores. Mientras que en los años setentas se discutía sobre la llegada pacífica al socialismo, enfrentada a la teoría del foco guerrillero; hoy, la izquierda latinoamericana es unánime en la adopción del camino electoral, a pesar de que algunos de sus candidatos triunfantes estén fuertemente asociados con la izquierda histórica y revolucionaria (Chávez, Ortega). Un elemento común que caracteriza a casi todos estos procesos es la “derechización” de la izquierda.
Se ha visto a la socialista Bachelet adherirse a las tesis del libre mercado y del libre comercio, posición que comparte con Tabaré Vázquez y Lula y hasta con Daniel Ortega, quien ha dado garantías de respeto a la propiedad privada y al tratado de libre comercio. El antiimperialismo se ha repartido desigualmente, pues el radicalismo de Chávez solo ha sido secundado, aunque no intensamente, por Evo Morales en Bolivia. La movilización social asociada a los procesos electorales les ha otorgado, en muchos casos, el carácter de referéndum sobre modelos de sociedad. La movilización étnica en Bolivia y Ecuador caracterizó esos ascensos electorales, unas veces como procesos anteriores a las elecciones y otras en forma simultánea.
La movilización social ocurrida en el caso mexicano en apoyo a López Obrador es parte del fenómeno. Resultados ajustados La polarización política se refleja en resultados muy ajustados y en segundas vueltas electorales (México, Ecuador, Perú, Chile, Nicaragua) que dejan a los gobiernos de la nueva izquierda populista con fuerzas opositoras importantes (Venezuela) y a los gobiernos de centro derecha (México, Colombia, El Salvador) frente a rivales de peso. El último año electoral queda marcado por triunfos de centro izquierda (Chile, Perú, Brasil) más significativos que los de la izquierda revolucionaria (Venezuela, Bolivia) o de la izquierda arrepentida (Ortega y Correa). Los grandes perdedores en el conjunto del tablero son los gobiernos de centroderecha (México, Colombia).
Para la política de Estados Unidos, los resultados son mixtos. Por una parte, la tendencia revolucionaria no pareciera haber prendido profundo, pero, por la otra, el protagonismo de Chávez lleva a una confrontación permanente con el Norte donde el gran ganador podría ser Lula jugando el papel de contención frente a los excesos de la izquierda mesiánica y del neoliberalismo puro. Sin embargo, al final Estados Unidos ha perdido gran parte de la iniciativa política, ocupado por el problema iraquí. Sus grandes aliados regionales (Colombia, México) han quedado inmersos en una marea desfavorable que podría continuar con el triunfo del peronismo de izquierdas en Argentina el año próximo. |
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