| Archivo | Indicadores | Lun 15 ene, 2007 - Dom 21 ene, 2007 | Escríbanos |
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Ni Augusto Pinochet ni Fidel Castro Alejandro Miranda Lines Hacer una comparación entre Augusto Pinochet y Fidel Castro es un ejercicio casi obligatorio. Como costarricenses, como demócratas y como amantes de la libertad, ambos tiranos nos deberían parecer repugnantes. A mí no me agrada ninguno. Ambos gobernaron con mano de hierro y son crueles asesinos de personas, ideas y sueños. La cantidad de gente asesinada, encarcelada y desterrada por ambos tiranos latinoamericanos, son casualmente similares. Sin embargo, Pinochet, aunque evadió responder por sus atrocidades, supo entregar el poder y lo puso en manos de una democracia que ha probado ser positiva y muy progresista. Castro nunca quiso entregar el poder; aún ahora, después de su muerte como líder, deposita el poder en manos de su hermano, como si se tratara de una dinastía monárquica. En términos económicos, el Chile de Pinochet fue más exitoso que la Cuba de Castro. En derechos humanos, paredones, asesinatos y destierros, ambos fueron y siguen siendo un absoluto desastre, un asco. Quien no quiera –o no pueda– ver que Castro y Pinochet fueron déspotas tiranos está cegado por su ideología extremista, o simplemente ignora la historia verdadera de Chile y de Cuba. Qué pena Qué pena me dan los comentarios de la periodista Silvia Castillo en la edición No. 598 de El Financiero (8-14 de enero), en el sentido de que el presidente Arias no debe hablar porque podría afectarse a un tal comercio bilateral de US$20 millones con Cuba. Según esta opinión, si un gobierno totalitario nos ayuda con unos doctores y brinda educación a un puñado de jóvenes, debemos callar, plegarnos, hacer silencio y ser cómplices. ¡Qué pena! ¿Cuál será su posición con respecto a Estados Unidos o Taiwán, que superan por cientos de veces estos números de comercio y de ayudas a Costa Rica? ¿Habrá que callar cientos de veces más? Qué pena que Castillo no mencione a los cientos de muertos en el paredón cubano a manos de juicios sumarísimos y a veces hasta mal llamados “populares”. Qué pena que diga que en Cuba no se apalea a los disidentes y a sus manifestaciones. Cita la periodista como fuente los recientes reportes de Amnistía Internacional (AI), sin recordar que Castro ha sido el dictador de Cuba desde 1959. Asimismo, en los informes de AI –que apenas datan de 1996– hay reportes sobre múltiples prisioneros de conciencia, la situación desesperada de la disidencia, actos contra los derechos humanos, disidentes encarcelados u obligados a exilarse, el uso de la pena de muerte, la constante represión política, los periodistas encarcelados, etcétera. Esto sin citar a la comisión de Derechos Humanos de la ONU. Falta más lectura Tal vez hace falta más lectura: sobre Huber Matos, Osvaldo Payá, el proyecto Varela, “las damas de blanco”, los niños “Peter Pan”, el éxodo del Mariel, la embajada de Perú, el juicio del general Ochoa, los balseros, los periodistas y activistas de derechos humanos presos, Marta Beatriz Roque, la Ley 88, el centro de detención “villa Marista”, los comités de barrio o los Comités de Defensa de la Revolución, las Brigadas de Respuesta Rápida, los fusilamientos sumarios o “paredones”… Qué pena que la periodista no mencione que en Cuba no hay libertad de culto, de prensa o de asociación, que ese país no ratificó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Lástima que no hable de los presos de conciencia y de los torturados en Cuba, yo podría presentarle personalmente a varios de ellos. Qué pena que ignore a los casi un millón de exiliados cubanos, provenientes de todos los estratos sociales, que viven cada día bajo aquel precepto de José Martí: “Sin Patria, pero sin amo”. ¡Ni Pinochet, ni Castro! ¡Ni silencio, ni complicidad! |
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