| Archivo | Indicadores | Lun 22 ene, 2007 - Dom 28 ene, 2007 | Escríbanos |
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Entre Paréntesis: El nombre es coraje Carlos Cordero Pérez Periodista
En una carrera infantil de 200 metros, realizada el 31 de diciembre pasado en Pavas, uno de los niños tropezó y cayó de frente, pero se levantó de inmediato con una firme expresión de coraje por el contratiempo, aunque irremediablemente ya era el último. Todos lo reconocieron con aplausos y gritos de apoyo, una muestra del ánimo de las carreras de cada domingo. Ese último día del 2006 también hubo una carrera de 10,4 kilómetros para más de 2.000 jóvenes y adultos; el punto de salida y llegada era frente a la tienda deportiva Runner, a la vuelta de Teletica. Culminaba así un año de esfuerzos solitarios, y entre ellos se destaca una abnegada elite local que apenas recibe el respaldo de algún casi filantrópico patrocinador. Algunos atletas logran ir más allá, como Gabriela Traña y Roy Vargas, que ganaron el primer y tercer lugar femenino y masculino, respectivamente, en la maratón Disney realizada en Orlando, Florida, a principios de la semana antepasada. Ese triunfo seguramente lo están compartiendo todos los corredores del país, sin mezquindad, pues a los ganadores se les reconoce y se les aplaude con orgullo y fraternidad. De la misma forma, años atrás se sentía admiración por los que participaban en la carrera de 100 kilómetros que se hacía en Pococí, un evento para el cual es tan frustrante estar sobreentrenado como mal preparado. Todos tienen la misma ilusión: llegar. Incluso, los que salen a trotar en las calles cada día en los alrededores de sus casas o lugares de trabajo. Quienes participan en las carreras de los domingos gustan de saber que comparten esa meta hasta con los más folklóricos que corren disfrazados con el uniforme de su equipo de fútbol preferido, de la Selección, de cacique apache o de Colacho, y hasta con el carajo que pasa a la par como si nada diciendo que llegó tarde. Todos se identifican en ese sacrificio. Si hay una emergencia en la carrera la preocupación es colectiva y personal, como si fuera alguien cercano. Como en el caso del niño que tropezó, se aplaude sin excepción: al que llega primero, al último, al que llega caminando, a mujeres y hombres, al que tiene 15 u 80 años de edad o a quien lleva ya diez o más años de correr o apenas un mes. Porque lo importante es el esfuerzo de correr periódicamente sin otro trofeo que la satisfacción del propio cuerpo, aparte de si se gana la carrera o se mejora el tiempo y su cardio. Todo eso ocurre fuera del espectáculo mediocre del fútbol local, de las pasarelas de modelos, políticos y de la farándula televisiva, o de las excusas de los funcionarios públicos ante los accidentes que siguen por toneladas o porque no previeron que el 2 de enero en todo lado se sacaría la basura acumulada tras las fiestas. |
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