| Archivo | Indicadores | Lun 5 feb, 2007 - Dom 11 feb, 2007 | Escríbanos |
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Política | Llevar la amenaza a las cercanías del territorio enemigo ha sido siempre una táctica ¿Irán en el trópico? Constantino Urcuyo La presión estadounidense por los programas nucleares evidencia la necesidad iraní de buscar aliados Durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes abrieron un teatro de guerra en el Caribe, utilizando los famosos submarinos U y asestaron duros golpes a la marina mercante de los aliados. En el curso de la Guerra Fría los soviéticos establecieron una alianza con Cuba para contrarrestar el peso de los Estados Unidos en la región. Llevar la amenaza a las cercanías del territorio enemigo ha sido siempre una táctica utilizada por quienes enfrentan un adversario en su vecindad. La reciente presencia del presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, en Venezuela, Nicaragua y Ecuador lleva a preguntarse por los factores que subyacen detrás de estos nexos de Irán con algunos países latinoamericanos. Mucho más que el petróleo Las relaciones con la Venezuela chavista se explican a partir de los intereses convergentes de dos grandes productores de petróleo y de una retórica que busca un mundo multipolar. Sin embargo, el asunto va más allá y pareciera que sigue la lógica de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. El temor que provoca la presencia norteamericana en Irak y la presión que los Estados Unidos ejercen sobre los ayatolas para que abandonen su programa nuclear, ha configurado un escenario de confrontación que lleva a los iraníes a buscar alianzas manifiestas en los votos favorables de Venezuela y Cuba en los organismos internacionales. La candidatura fracasada de Venezuela para el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) constituyó una amenaza diplomática para los Estados Unidos, ante la posibilidad de que el voto venezolano estorbara la adopción de sanciones contra el programa nuclear de los persas. Un enemigo en común Las palabras de Ahmadinejad en Managua ofreciendo colmar todos los deseos del pueblo nicaragüense revelan una voluntad que sobrepasa la solidaridad originada en enemigos comunes. El anuncio conjunto con Chávez para la creación de un fondo de desarrollo por 2.000 millones de dólares refleja una voluntad de acción política regional. Ha llamado la atención que después de postular moderación en lo interno, en cuanto al régimen político y la propiedad de los medios de producción, Daniel Ortega no tuviera la misma prudencia en las relaciones internacionales. Para Washington, la presencia de uno de los integrantes del llamado eje del mal en su patio trasero es un desafío. Una embajada iraní en Managua pone en alerta roja sus mecanismos de seguridad nacional comprometidos en la guerra contra el terror. ¿No habrá querido Ortega, con esta cercanía con los iraníes, tomar venganza por la actitud beligerante del embajador norteamericano durante el proceso electoral pasado? ¿No es exagerado colocar de nuevo a Nicaragua en el centro del conflicto internacional aproximándose a un enemigo reconocido del Estado norteamericano? El excanciller nicaragüense Emilio Álvarez Montalbán ha visto en este acercamiento la mano de Hugo Chávez, aunque señala que Ortega tendrá que mantener un precario equilibrio entre esa amistad con la revolución bolivariana y la relación con los Estados Unidos. Por otra parte, esta presencia generosa de Chávez (“Venezuela tiene petróleo para darle a Nicaragua por los próximos 200 años”) y de Irán debe ser una llamada de atención para la política estadounidense en la región, guiada por el principio de que el comercio es más importante que la cooperación (trade not aid). Mientras sus adversarios tienen dinero que ofrecer, Washington sigue planteando únicamente los beneficios futuros del libre comercio. Es evidente que la amenaza de seguridad no es la misma que planteaba la presencia soviética, no obstante, las realidades de la guerra asimétrica (pequeños contra grandes) son percibidas como muy importantes a las orillas del Potomac y bien haría Daniel Ortega en no provocar reacciones que ya le costaron tanto en el pasado a la pobre Nicaragua. |
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