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ENTREVISTA

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A sus 36 años, Laura Alán Berríos es dueña de cuatro tiendas marca Sweaters ubicadas en el cantón central de San José, Heredia, Curridabat y Cartago. Diseña sus propios estilos y da empleo a 25.
Foto Jorge Arce/Para EF

Laura Alán abrigó una idea exitosa


Ana Cristina Camacho Sandoval

Tiene cuatro tiendas, importa de 22 países y el 85% de diseños son exclusivos

Su vida, corta aún, es como las ventanas de sus tiendas que todos los días cambian de color, ayer verde, hoy turquesa, mañana rojo.

Laura Alán es dinámica e inquieta.

También es humilde y emprendedora. A lo mejor, dice, es la mezcla de su sangre: 50% china, 25% hondureña y 25% tica.

Ella es una trigueña achinada que jovencita apostó por el diseño, estudió para sobrecargo, modelaje y un poquito de actuación que aprendió en México pero que pronto se vio casada y con dos hijos lo que la obligó, “para no estar metida en la casa”, a buscar nuevos horizontes. Los encontraría meses después en vitrinas con maniquíes vestidos de suéter de colores.

Llamó a su negocio Sweaters, tiendas especializadas en este tipo de prendas, chalecos, bufandas, pañoletas y accesorios. Hoy son cuatro locales, ubicados en San José (detrás el Paseo Colón), Heredia, Curridabat y Cartago, que han crecido lento pero seguro en un mercado altamente competitivo.

Sin embargo, Laura está tranquila: el negocio está en su mejor momento, el 85% de los diseños son exclusivos, importa desde 22 países diferentes y ha creado una sorprendente lealtad entre sus clientes.

Maneja marcas exclusivas y es firme en su política de traer varias tallas de un estilo determinado que luego nunca más vuelve a importar.

¡Si todo fuera tan fácil!

La historia no comenzó tan feliz. Antes de crear Sweaters traía ropa con su tío desde California, Estados Unidos, pero las malas pagadoras echaron por la borda este primer proyecto. Luego, junto sus padres, su esposo y su suegra empezó a idear lo que sería su primera tienda. Alquiló un pequeño local donde ofrecía apenas 50 prendas.

“Yo me decía, con vender un suéter al día, sobrevivo”. Con detalle recuerda a su primera compradora a la que se sumó otra, otra y muchas más atendidas en medio de su hija, Mariana, y su hijo, apenas bebé, Alejandro.

A los tres meses de operar ya se sentía lista para invertir de nuevo, pero eso debía esperar porque sus primeros ¢500.000 alguien se los robó.

Tiempo después alquiló un local más grande. Se fue para Colombia a traer mercadería. Como no llegaba al país se fue a buscar ayuda al consulado.

“Me reuní con el cónsul. Me extrajo mucha información; yo creía que con el propósito de ayudarme. La ropa llegó meses después pero apenaS la mitad; la otra parte venía mojada, lo perdí todo. Cual fue mi sorpresa que a la par de mi nuevo local, el cónsul montó su propia tienda”, recuerda Laura con una mezcla de risa y cólera.

Sweaters se levantó de nuevo. Compró en San José su propio local, luego lo hizo en Heredia con una casa vieja y de adobe que remodeló. Le seguirían Curridabat y finalmente Cartago. Los dos primeros son atendidos directamente por Laura con el apoyo de su suegra. Los otros dos están a cargo de su hermana.

Hacia adelante

Crecer a otras zonas del país es parte de sus planes. Le interesan regiones como San Ramón de Alajuela y Moravia pero todo dependerá de cómo se comporte la demanda. Además, reconoce que Costa Rica es un mercado muy pequeño lo que impide un gran crecimiento.

Ella misma reconoce que el tamaño de la empresa rompió sus pronósticos. “Lo que comenzó como una pulpería pequeña se convirtió en un supermercado, antes le daba de comer solo a una familia, la mía, pero hoy ayudo a muchas”.

Actualmente emplea a 25 personas pero en temporadas altas llega hasta 80. Entre sus empleadas ha inculcado el valor de la humildad y la superación. “No importa cuánto vendan, basta que una cliente salga contenta con la forma como fue atendida”. Con satisfacción cuenta que algunas han renunciado porque entraron a estudiar y optaron por otros puestos.

¿Vender? Lo piensa unos segundos y responde: “Todavía no. Veré si mis hijos quieren en el futuro asumir las tiendas. Aún así no estoy atada al negocio si surge una buena oportunidad lo vendo”.

Su familia es su principal apoyo, su esposo, Alejo Madrigal, su suegra, sus padres y hasta sus hijos atienden clientes, dan vuelto, acomodan estantes y cuidan carros.

De hecho, la vena comercial le viene de ambos lados. Sus abuelos y luego sus padres fueron propietarios de la tienda Alán & Alán especializada en uniformes escolares y también fueron representantes de las muñecas marca Paco.

Su espíritu empresarial se mezcla además con la esperanza de convertirse algún día en dama voluntaria y en crear una fundación para ayudar a jóvenes costarricenses.

¿Quién es?

Nombre: Laura Alán Berríos.

Formación: Modelo y empresaria.

Edad: 36 años.

Estado Civil: Casada con Alejo Madrigal.

Hijos: Dos: Mariana y Alejandro de 16 y 13 años.

Pasatiempos: Dedica buena parte de su tiempo libre a compartir con su familia. Además, monta en bicicleta.


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