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Industria | Mientras tanto en Nicaragua, venezolanos buscan terrenos Proceso de cierre de Alunasa será complejo Trasladar las operaciones de la empresa Aluminios Nacionales (Alunasa) a otro país será una tarea compleja que podría llevar meses y hasta más de un año para que se pueda clasificar, desarmar y transportar el equipo y maquinaria especializada existente en la planta de Esparza, Puntarenas. Además, parte importante del capital de trabajo de la compañía está sustentada en los hornos, sistemas hidraúlicos, sistemas de flujo de aceites o los equipos fundidos en el suelo cuyo desarme y transporte es complicado y costosísimo. Autoridades políticas y expertos costarricenses dudan sobre la viabilidad de trasladar la planta tal y como está tras la decisión del Gobierno de Venezuela de cerrar las operaciones de CVG Alunasa en Costa Rica por motivos políticos y económicos (veáse recuadro: “Desde 1978”). “No tiene ningún sentido, se destruirían muchos equipos”, aseveró Gerardo Porras, quien dirigió a esta empresa como su gerente general durante 12 años hasta el 2002, cuando el Gobierno venezolano, dueño de la compañía, decidió asumir directamente las riendas de esta fábrica de productos de aluminio colocando a personal de su administración en puestos gerenciales.
Por su parte, el presidente Óscar Arias ha sido claro en decir que lo más lógico es que Venezuela haga una nueva inversión en Nicaragua, país donde se prevé que Alunasa ubicará dos plantas de aluminio. Sobre este tema, el embajador de Venezuela en Nicaragua, Miguel Gómez, dijo a El Financiero que en esta nación se van a instalar dos plantas procesadoras para la fabricación de sartenes de cocina y otros utensilios. Hasta el momento, comentó, lo único firme es que una misión de ingenieros venezolanos se encuentra en suelo nicaragüense para buscar los terrenos donde ubicarlas y afinar otros detalles. ¿Una cooperativa? Aparte de la preocupación por el tema social ante el inminente despido de 400 trabajadores, otro aspecto sobre la mesa de discusión es la posibilidad de convertir Alunasa en una cooperativa o una empresa independiente. Es una idea que surgió en la última semana por parte de los trabajadores y algunos funcionarios del Gobierno. Sin embargo, Porras tiene sus dudas. Para que una empresa industrial pueda operar con eficiencia, explicó, se requieren cinco componentes. Una estrategia gerencial adecuada; trabajadores entrenados y eficientes; materia prima de buena calidad; tecnología y un buen mercadeo. Alunasa tiene algunas carencias en algunos de estos factores según la percepción del exgerente general. Cerca de un 88% de sus clientes son mercados fuera de Centroamérica con altos niveles de exigencia y con acceso al mercado global. Una amenaza de cierre con matices políticos como el que ocurre les obliga a aprovisionarse de materia prima por por otras compañías. Si bien el lingote de aluminio venezolano es de buena calidad, en Costa Rica la empresa tiene condiciones de compra favorables (no están obligados a abrir cartas de crédito y su abastecimiento está asegurado), como cooperativa ya no tendría tales beneficios. Además, dentro de la comunidad internacional de empresas de su tipo, Alunasa es muy pequeña, no es tan atractiva para los grandes proveedores. Sobre la tecnología, Alunasa tiene maquinaria actualizada y mejorada pero aún así es de finales de los setentas. Mantener la operación bajo otra administración requeriría fuertes inversiones. Lo ideal, recalcó Porras, es que la nueva empresa trabaje integrada con otra de más envergadura para minimizar el riesgo de los vaivenes en los precios internacionales y del abastecimiento. El Gobierno podría ayudar para que una empresa la adquiera y plantearle a Venezuela que el traslado sea gradual y ordenado, concluyó. Aviso tardío Para el Gobierno costarricense, el aviso del cierre de Alunasa fue tardío e informal. Al ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, le pareció una barbaridad el hecho de que Venezuela confirmara que había planeado desde hace más de tres años trasladar esta planta. El exgerente de Alunasa recordó que desde el 2002, el mandatario Hugo Chávez comenzó con la tesis de consolidar en su país un desarrollo endógeno lo cual incluía llevarse a suelo venezolano todas las empresas estatales que operaran fuera del país. “Creo que los trabajadores sabían que esto iba a pasar; sobre todo en el último año que se vio mucha ayuda social por parte de la compañía, pero nadie se imaginó que sería de la noche a la mañana”, afirmó.
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