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EDITORIAL

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En esta esquina: Devolver la esperanza


Silvia Castillo Nieto
Editora

Es imposible negar que los periodistas usualmente le amargamos la existencia a todos los mortales. Entre asesinatos, corrupción, robos y ahora hasta artistas de cine drogados, anoréxicos o suicidas, le llenamos la cabeza al lector y al oyente de noticias negativas.

Por eso a veces es bueno que mostremos la otra cara de nuestra sociedad, esa que muy poco difundimos pero que es la que oxigena la vida y nos hace volver a creer en el ser humano.

El pasado 19 de febrero La Nación nos contó sobre un programa del Hospital San Juan de Dios donde enfermos y sus parientes aprenden a leer y escribir.

Quienes crecimos escuchando que en Costa Rica los índices de alfabetización eran de los mejores del mundo, nos cuesta creer que existan ticos como Amalia Benigna Mora Cordero, de 56 años, que no puede descifrar los rótulos de los buses.

Doña Amalia participa en el programa que el Servicio de Trabajo Social del San Juan de Dios empezó en el 2005 luego de que se dieron cuenta de que muchos pacientes no podían leer las etiquetas de las medicinas y, por lo tanto, era muy difícil mandarles instrucciones sobre algún tratamiento.

El coordinador es un docente que como paciente del hospital conoció la iniciativa y ofreció sus servicios. Además, una fundación que nunca ha querido revelar su identidad, les entrega algún dinero con el cual compran material didáctico y pagan los pasajes de las personas más pobres.

La revista Proa nos contó otro caso el 11 de febrero sobre la labor de las Damas Voluntarias del Hospital Nacional de Niños.

Esas “doctoras del corazón” hacen todo tipo de labores: juegan con los niños, apoyan emocionalmente a los padres de familia, compran medicamentos que el hospital no tiene, le dan los pasajes a los padres si tienen que trasladarse con el niño y carecen de dinero, regalan el féretro y el transporte hasta el lugar de nacimiento de un fallecido y hasta tienen un banco de ropa para quien requiera ese tipo de ayuda.

Dos ejemplos de muchísimos otros que existen y que pueden devolvernos la esperanza en un país admirable.


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