| Archivo | Indicadores | Lun 26 feb, 2007 - Dom 4 mar, 2007 | Escríbanos |
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Clase ejecutiva: Libros: El cielo de los clásicos Anacristina Rossi Aunque procuro estar al día con la nueva literatura, la verdad es que siempre termino volviendo a mis clásicos. Digo mis y no “los” clásicos porque son muy personales, cada quien tiene los suyos. También los tengo en música, dos de ellos son Leonard Cohen y Bob Marley y por supuesto no coinciden con lo que se entiende por música clásica. Otros de mis favoritos sí. Tampoco en literatura mis clásicos corresponden a “los” clásicos. Y mis clásicos cambian a lo largo del tiempo. Los primeros fueron Anaís Nin, Henry Miller, Erika Jong, Virginia Wolf y Vivian Forrester. De estos solo Virginia sigue conmigo. En dos estantes de arriba y en mi mesa de noche viven mis clásicos, que leo y releo buscando fuerza interior. Con dos excepciones, en estos momentos mis clásicos tienen que estar en su idioma original –salvo mis rusos, qué remedio. El más antiguo de mis clásicos es La Lozana Andaluza, de Delgadillo (1929). La siguen El Quijote y las Novelas ejemplares. De ahí doy un brinco enorme y caigo en los rusos: Turguenev, Dostoievsky, Chéjov. Cuando estoy escribiendo procuro no leer en francés así que no menciono a mis clásicos franceses porque están desterrados, con la excepción de Marguerite Duras –casi todos sus libros– y Blaise Pascal –los Pensées–. De los tres rusos doy un brinquito y caigo en Irene Nemirovsky, nacida en 1903 en Kiev. De ella tengo un solo libro: El Baile, pero un clásico sin duda. De El Baile sigo a Clarice Lispector, el único de mis clásicos que –junto con Duras y los rusos– puedo leer en traducción. Luego cambio de idioma y de mundo y caigo en V.S. Naipaul que como Virginia Wolf es un clásico constante. Antes amaba A House for Mr. Biswas y The Mystic Masseur. Ahora amo The Enigma of Arrival. De allí, cambiazo para ir a Ana María Matute, y de ella sobre todo a La Torre Vigía. Sigo al Vargas Llosa del periodo de Conversación en la Catedral, y luego voy a Pedro Páramo, para enseguida caer en mi clásico de los clásicos en español en estos momentos: Alejo Carpentier. Desde hace unos seis años, cuatro de sus libros están en mi mesa de noche: Concierto Barroco, El Siglo de las Luces, El Reino de este Mundo y el volumen de cuentos Guerra del Tiempo. Se me olvidaba mencionar a mi clásico mexicano: Elena Poniatowska, y de ella mi favorito: Hasta no verte Jesús mío. De la Ponia voy a Coetzee, mi clásico más moderno. Todos sus libros son clásicos mientras no sean traducciones, pero en estos momentos tengo tres amados: Elizabeth Costello, The Master of Petersburg y Disgrace. Y los poemas. No tengo autores clásicos sino poemas clásicos. En estos momentos son: Las coplas de Manrique a la muerte de su padre; East Coker, de T.S. Eliot; Cuerpo Cielo, de Carlos Martínez Rivas; Carlos, ojalá que las hormiguitas no te lo cuenten, de Gioconda Belli, y El Cazador Furtivo, de Miguel Huezo Mixco. Mis clásicos son implacables maestros. Y amigos que no engañan. |
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