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Fotos cortesía de Discine.

El fauno que llevamos dentro


Rodolfo González Ulloa

La sicóloga Saray González analiza este difícil laberinto mental

El dios Fauno es el equivalente romano del antiguo dios griego Pan. Nació con las piernas y los cuernos de una cabra y por eso lo abandonó su madre (Dryops o Penélope, según distintas versiones).

Su padre era el dios Hermes y se lo llevó a Olympia, donde le concedió la divinidad.

Pero a Pan no le gustaba Olympia, porque allí los dioses se burlaban de su apariencia. Por eso prefirió vivir con ninfas, sátiros y otras divinidades en los bosques de Arcadia.

Era legendario su apetito sexual. Por esto, además de su monstruosa reputación, y características físicas, el cristianismo medieval se inspiró en él para diseñar la imagen popular de Satán: un monstruo con cuernos y patas de cabra.

El director mexicano Guillermo del Toro utiliza esta figura mitológica en su película El laberinto del Fauno. Lo hace como una puerta a la fantasía que le permite a Ofelia, una niña de 13 años, escapar de la barbarie de sangre que la rodea.

Es el año 1944 en España. El padrastro de Ofelia es Vidal, un cruel militar del gobierno de Franco que persigue a los pequeños reductos de rebeldes republicanos.

Al mismo tiempo exige a su esposa viajar al campo, donde se encuentra él, para dar a luz a su hijo junto a su padre “como tiene que ser”.

En medio de este drama, el Fauno se le aparece a Ofelia para rebelarle que ella es una princesa, última de su estirpe, a la que los suyos llevan mucho tiempo esperando. Para poder regresar a su mágico reino, la niña deberá enfrentarse a tres pruebas, pero debe ganarlas antes de la luna llena.

Esta es la segunda película de una trilogía sobre la Guerra Civil Española en la que trabaja Del Toro desde el 2004, cuando filmó El espinazo del diablo.

“Para mí el fascismo representa el horror último, el más grande, y por esa razón es un tema ideal para contarlo como cuento de hadas para adultos. El fascismo es una forma de perversión de la inocencia y, por lo tanto, de la infancia”, señala el director.

Para producir el filme, Del Toro se inspiró en las pinturas de Goya. De hecho, la pintura de Saturno devorando a su hijo inspira al Hombre Pálido, uno de los personajes de la película.

Por la riqueza síquica de la historia, El Financiero le pidió a la sicóloga Saray González que se sentara en otra butaca y analizara el filme (véase recuadro: “Del diván a la butaca”).

Del diván a la butaca

Para la sicóloga Saray González, el filme presenta una de las maneras en las que la mente puede recurrir a la fantasía para defenderse del dolor extremo. He aquí un resumen de la entrevista.

¿La historia del Fauno es contrapunto o continuidad del drama real en la película? Contrapunto. La historia del Fauno es una manera de escape, un mecanismo de defensa para aliviar el dolor, manejarlo, enfrentarlo. Si la mente de la niña no lo hace, los recursos emocionales no dan abasto ante situaciones tan desgastantes. Llámese fantasía, escape de la realidad o magia, estos mecanismos son los “colchones” sobre los que reposa la mente para poder cargarse de energía emocional y lidiar contra lo que le es adverso. Allí todo tiene solución, todo es posible, todo se resuelve.

¿Hasta dónde podríamos decir que esta película trabaja para el espectador en dos niveles: consciente y lo inconsciente? Originalmente recurre a la fantasía consciente que brindan los cuentos de hadas y la magia: aprendizaje y mecanismo del cual parte Ofelia para enfrentar lo duro de su realidad y el rechazo que siente desde un principio hacia ella. El nivel consciente lo observamos paralelo al nivel mítico, hechos reales ante los cuales el director nos enfrenta, pero también “conscientemente” nos traslada al otro nivel comunicacional (lo mítico) como un recurso ante tanta dureza.

¿Qué importancia tiene esta película desde el punto de vista de la sicología? Habla de varios puntos de impacto: El primero es la resilencia de la niña, es decir, su capacidad y fortaleza prácticamente innatas de manejar la adversidad, pese a su corta edad. El segundo tema es la importancia de los mecanismos de defensa para que el “ego” no se desintegre ante situaciones amenazantes.

¿Qué es el “ego”? El ego (o “el yo”) es el mediador entre el id (ello) y el superego (superyó). El ello es todo lo irracional, lo impulsivo, es lo más primitivo del ser humano. El superego representa lo moral, lo social, los límites. El ego es el mediador entre ambos, que permite que las personas se manejen adecuadamente en un medio social. Los mecanismos de defensa, habitan en el ego o yo de la persona, evitan la desintegración o la locura, o bien, la represión total.

¿Hay otros temas? Sí, por ejemplo el uso y abuso del poder masculino, la necesidad de perpetuar el género, la fortaleza femenina encarnada por el personaje de Mercedes y que fusiona, a la vez, dulzura y ternura (Mercedes es, en apariencia, una sirvienta leal a un general franquista, pero en realidad está aliada a la guerrilla). Otro tema es la solidaridad ideológica que mantiene la esperanza y la fuerza, la unión familiar más allá de la muerte. El significado de esos lazos más allá de la vida.

¿Si tuviera que utilizar esta película para un cineforo, desde qué punto de vista lo enfocaría? Desde la óptica de cómo nace una relación de codependencia. Desde un principio lo vemos, cuando Ofelia, la niña, asume ser la enfermera, la amiga, la madre y confidente de su propia madre biológica. Ofelia es la que calma al bebé en la panza de la mamá, es la que asume la solución de los graves problemas que ambas están enfrentando, aunque sea en sus fantasías. La codependencia es grave y está muy presente en familias latinoamericanas.


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