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Entre Paréntesis: El legado de Isaac Asimov


Mario Bermúdez Vive
Periodista

Escoga su favorito: el mejor relato de ciencia ficción de todos los tiempos –Cae la noche–, la mejor serie de ciencia ficción –la trilogía de Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación–, las tres leyes de la robótica, las reflexiones sobre la sicología humana y la inteligencia artificial...

La lista de aportes puede seguir, porque la vigencia de Isaac Asimov, sin lugar a dudas el mejor escritor de ciencia ficción, se mantiene, como si no se cumplieran el próximo 6 de abril 15 años de su desceso.

El creador de personajes inolvidables como la sicóloga de robots Susan Calvin, los astronautas Powel y Donovan, el creador de la sicohistoria Hari Seldon, los robots Daneel Olivaw y Giskaard –entre otros–, se constituyó con mucho en el Julio Verne moderno, en un precursor de dilemas inquietantes que posiblemente se deberán considerar en un futuro cercano o lejano, desde los límites para las máquinas y la inteligencia artificial, el miedo a los robots, el temor al contacto humano, las sociedades despersonalizadas o hiperconcentradas, el conflicto entre el libre albedrío y la sociedad hiperregulada...

Ahora que Hollywood empezó a reconocer el filón de oro de sus escritos (con las flojísimas adaptaciones de Yo, robot y El hombre bicentenario), el mejor homenaje para uno de los escritores más prolíficos y precursores –inventó la palabra robótica, para empezar– es precisamente recordar su obra, recomendarla para que nuevas generaciones la adopten.

Porque a fin de cuentas, el rasgo más distintivo de Asimov no fue su imaginación desbordante, capaz de crear universos enteros, sino su humanismo.

Por encima de sus civilizaciones de fantasía y avanzados adelantos tecnológicos, siempre el factor humano fue la firma de Asimov.

Su fe en que sería el sentido común y no la ciencia, la capacidad para buscar por encima de todo el bien colectivo –de alguna manera, la ley Zeroth de la robótica– es quizá el mayor de sus aportes.

Esto tiene gran actualidad en estos tiempos, en que la humanidad se adentra en un siglo XXI todavía sin signo cierto.

Es necesario rescatar el humanismo y la forma de hacerlo pasa por la imaginación. La obra de Asimov es un buen aliciente para recordarlo.

Para quienes no lo conocen, la recomendación de viajar a su universo no los defraudará.


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