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ENTREVISTA

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Foto Principal: 1519479
Samuel Yankelewitz sostiene que Costa Rica tiene políticos pero carece de estadistas.
Priscilla Mora/ para EF

El empresario que habla al oído de los políticos


Juan Pablo Ferrari Saavedra

Su esposa lo frenó de aceptar cargos públicos

Con un dejo de pudor reconoce que su esposa lo libró de meterse en política, pese a la insistencia de Don Pepe (Figueres) que trató en su tercera administración de convencerlo.

“Tengo que ser sincero, la que me quitó el entusiasmo y se lo agradeceré toda mi vida fue mi esposa. Me dijo: ‘¿Usted está volado o qué?’ Si solo es un par de añitos le repliqué. ‘No, no, no, usted se dedica a producir’”.

Aunque siguió el consejo y declinó instalarse en una oficina de la Casa Presidencial, como líder de los empresarios desempeñó un papel político evidente.

Con línea directa a Zapote, con influencia para hablarles al oído a más de un mandatario e incluso para golpearles la mesa, criticó a los presidentes de turno, se peleó con algún ministro y se ganó más de un enemigo.

El Financiero fue a buscarlo luego que hace ocho meses desapareciera de la escena pública, tras renunciar a la presidencia de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada (Uccaep). Lo encontramos en Yanber, su negocio de toda la vida.

Lo curioso es que fuimos justo un día antes de que un hecho noticioso lo pusiera de nuevo en las portadas de los diarios.

Un operativo de la Dirección de Tributación, calificado como de rutina, allanó su industria en busca de evidencia por una denuncia de presunta evasión fiscal. Hecho que nos obligó a llamarlo otra vez para conocer su versión.

“Yo pongo las manos al fuego por mis negocios. Recuerde que estamos entre los grandes contribuyentes y vienen por aquí del Ministerio (de Hacienda). Claro, a veces de una manera que uno no esperaría, pero bueno, se entregó y respondió todo para su investigación”.

—¿Una vez usted dijo que este país tenía políticos pero no estadistas?

—Es cierto, y lo sostengo.

—¿Por eso no se hizo político?

—La verdad no me imaginé nunca ahí. No se puede ser empresario y político; no en Costa Rica.

—Pero, ¿y los empresarios que lo han intentado?

—Sin mencionar nombres y aunque hay excepciones, la participación de algunos empresarios ha sido buena, porque el empresario es un individuo que tiene una mentalidad de estratega.

—¿Pero un país no se puede manejar como una empresa?

—Desearía que un país se manejara con la eficiencia con que se maneja una empresa, porque al final de cuentas se miden resultados, y así debería ser.

—¿Lo tentaron para un cargo?

—Me han ofrecido de todo. El primero fue Don Pepe (Figueres). Pero mi esposa me quitó las ganas; ‘no seás necio Samuel’, me dijo. Ahí se acabó todo.

—¿Pero estuvo en contingencia?

—Claro, por ejemplo durante la Concertación de don Miguel Ángel (Rodríguez) tuvimos participación y lo poco que salió fue obra nuestra, de nadie más.

—¿Cree que durante el combo sí se equivocó el Gobierno?.

—Nunca pensé si metieron la pata o no. Tal vez después de los años quede en evidencia que la idea no estuvo bien vendida.

—¿Igual que con el Cafta?

—No. Don Abel (Pacheco) definitivamente no hizo el trabajo de un estadista. Es decir, si creía en el tratado debió impulsarlo.

(Sonríe con un guiño de ironía y arremete...)

“Don Abel siempre tuvo una evasiva para poner el huevo. No recuerdo una sola vez en que haya defendido el Cafta.

—¿Y ustedes si creían por qué no golpearon la mesa?

—Tratamos, pero nunca vimos voluntad política para decidirnos a comprarnos ese pleito.

—¿Don Abel no lo oía?

—Claro, pero eran evasivas, un solo “güiri güiri”, que al final se mezcló con la reforma fiscal lo que armó un bochinche mayor.

—¿Usted compartió con los tres expresidentes cuestionados?

—Claro, fue doloroso.

—¿Siempre pasaron esas cosas y nunca nadie las denunció?

—No, no creo que haya sido la tónica de nuestros gobernantes.

—¿Cree que el poder es la debilidad de un político?

—No sé, nunca he ocupado un cargo, pero la corrupción no solo se queda entre las esferas más altas del poder; también entre los funcionarios más sencillos.

—¿No tendrá que ver con la presencia de empresarios?

—No son muchos los empresarios en el campo político y tampoco son muchos los que se han enriquecido en el Gobierno.

“Me alienta pensar que la mayoría de los que participaron lo hicieron pensando en Costa Rica”.

—¿Y la corrupción al otro lado, por ejemplo el caso Fischel?

—Ahí hubo mezcla de políticos y empresarios.

(Guarda silencio, baja la mirada se acomoda los anteojos y con un tono más tenue continúa...)

“Emilio (Bruce) era mi sucesor natural en la Uccaep”.

—¿Se desilusionó…?

—Mire, he visto tanto, que ya no me sorprende, incluso en Estados Unidos ha pasado.

—¿Pero no es lo mismo que pase en el vecindario propio?

—Estoy de acuerdo, pero ahí hay un efecto de la colusión del empresario y el político. Siempre habrá problemas de intereses.

—¿Dejó la dirigencia en el momento adecuado?

—No sé, solo sé que quería irme, quería hacer una transición oportuna y sin pasiones.

—¿No se han vuelto a golpear las mesas?

—Ese era mi estilo, tal vez hoy no se necesite eso.

—¿Cómo? ¿Acaso no hay retos?

—Nosotros no nos vamos a tirar a las calles, hacer manifestaciones, nuestras formas son otras. Además, ahora se perdió el respeto y se polarizó esto.

—¿Más que antes?

—Mucho más que en otras épocas, porque ahora hay fuerzas que están influyendo desde otros lados en Costa Rica.

—¿De dónde?

—Gobiernos que tal vez no nos tienen tanta simpatía.

—¿Venezuela?

—No puedo afirmarlo, pero evidentemente (Hugo) Chávez es un hombre que pretende una hegemonía en Latinoamérica.

—¿Quiere volver a ser líder empresarial?

—No por ahora, solo estoy opinando cuando me lo piden…

—¿Pero sigue hablando al oído?

—Ah, eso sí, sigo hablando, yo con ellos y ellos conmigo.


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