En Portada # 662
41% de los ticos alejados de la banca
Son principalmente mujeres, personas de más de 50 años y residentes de zonas rurales
Cuatro de cada diez costarricenses prácticamente no saben lo que es poner un pie en una sucursal bancaria.
Se trata de personas que no usan ni tienen un solo servicio financiero o solo poseen uno que, en el mejor de los casos, sería una cuenta de ahorro.
De esos diez ticos, dos poseen entre dos y tres servicios bancarios y solo tres tienen más de cuatro; ellos son el grupo de la población más bancarizada.
Entre los primeros (poco bancarizados) figuran las mujeres, personas con más de 50 años de edad, los residentes en zonas alejadas, gente con un nivel de educación bajo (primaria) y, lo principal, que ganan menos de ¢250.000 mensuales.
Ese es el grupo que las entidades financieras del país tendrán que salir a buscar si quieren mantener y aumentar su negocio en los próximos años.
Estos son los principales resultados que arrojó la encuesta sobre bancarización contratada por EF a la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica (UCR) como parte de su proyecto Inteligencia Financiera, coordinado por el economista Ronulfo Jiménez.
La encuesta refleja que el país tiene un nivel de bancarización (uso de servicios financieros) bajo a pesar del fuerte crecimiento en el negocio bancario en los últimos años.
Eso nos indica que los bancos están haciendo clavos de oro concentrados en un segmento de la población: los que ganan más de ¢500.000 mensuales, los que tienen educación universitaria y los residentes en el Valle Central.
Un nuevo estudio elaborado por Jiménez y la Asociación Bancaria Costarricense (ABC) confirma también que el país es poco bancarizado respecto a otros que tienen un nivel económico similar, aunque la situación ha mejorado gracias a la fuerte colocación de crédito.
La encuesta de Inteligencia Financiera refleja que las personas piden pocos préstamos, no usan tantas tarjetas de crédito, carecen de ahorro voluntario y, prácticamente, no recurren a los puestos de bolsa ni a las sociedades de fondos de inversión.
Estas últimas empresas son las que tienen un escenario más crítico en cuanto a captura de clientes.
La gente sí usa más cuentas de depósito, pero ese grupo no llega al 50% de la población.
Escenario, ¿poco halagador?
Los especialistas coinciden en que la escasa educación financiera en el país, el bajo nivel económico de buena parte de la población y el escaso conocimiento mercadológico de los bancos son algunas de las causas que explican ese nivel de bancarización.
Aunque la encuesta dice que un 41% de la gente no se acerca a los bancos, también muestra los segmentos en los que los bancos podrían meter el diente a futuro.
Por ejemplo, un 61% de los encuestados dijo que no tenía préstamos. Entre los que ganan menos de ¢250.000 un 76% confirmó lo anterior.
Lo mismo ocurrió con siete de cada diez personas de mayor edad y aquellas que solo tienen estudios primarios.
La encuesta también arrojó un dato alarmante para los bancos: solo un 16% de los entrevistados dijo que solicitará un crédito este año.
Hasta ahora los bancos no han reportado una menor colocación, pero es algo para prestarle atención en los próximos meses.
El escaso uso de los servicios financieros también se refleja en la poca penetración de las tarjetas de crédito.
Solo una tercera parte dijo tener un plástico y el 80% de los que viven en zonas alejadas no usan ese medio de pago.
La diferencia es más clara por escala salarial. De los que ganan un salario bajo casi el 90% no tiene tarjeta.
Por eso banqueros, ¡pongan atención! Tampoco usan el plástico el 85% de los que tienen educación primaria; el 76% de las personas mayores de 50 años y el 64% de los que tienen entre 18 y 49 años.
Depósito sí, pero ahorro no
Aunque el bajo uso de los servicios financieros se refleja más en los productos de crédito y en los servicios más especializados (puestos de bolsa y fondos de inversión), la situación no es tan grave en lo que se refiere a los depósitos.
Por ejemplo, 45 personas de cada 100 tienen una cuenta de depósito. Aun así se trata de menos de la mitad de los casos.
Se repite la tendencia de que cuanto mayor es el nivel salarial de las personas mayor es el uso de este tipo de cuentas. Con la edad se confirma el caso (cuantos más años, es menor el uso del instrumento) y ocurre a la inversa con el nivel de educativo (cuanta menos escolaridad menor uso del servicio).
No obstante, el asunto se deteriora al consultar el uso de las tarjetas de débito: solo el 30% de los casos usa este medio de pago.
Es algo llamativo si se toma en cuenta que muchas empresas e instituciones públicas ahora utilizan este mecanismo para depositar el salario de sus empleados.
Empero, los banqueros dicen que ahí se refleja el bajo nivel de educación financiera de la población, pues la gente tiene la tarjeta pero la usa solo para retirar efectivo del cajero automático y no para hacer sus compras.
El otro servicio financiero en el cual se nota una leve mejoría en el tema de la bancarización es en la afiliación a una operadora de pensiones complementaria (OPC).
Cuatro de cada diez personas reconocieron estar inscritos a una de estas empresas. La cifra es mayor a la que arrojan otros instrumentos dado que es obligatorio (por ley) que los trabajadores estén en una operadora.
En todo caso, el nivel de afiliación está directamente relacionado con el nivel de ingreso de la persona. Cuanto más salario, más alto es la afiliación.
Por ejemplo, de la porción que no está inscrito en una OPC casi la mitad gana menos de ¢500.000.
Se repite la tendencia de una menor afiliación cuando la persona tiene una baja escolaridad o una mayor edad.
Los números vuelven a inclinar la balanza hacia una menor bancarización cuando se le pregunta a las personas si tienen un ahorro voluntario en su OPC: casi siete de cada diez dijo que no.
En otras palabras, la gente sabe que tiene que afiliarse por obligación, pero no le interesa tener un fondo de pensión voluntario y ahorrar un poco.
De los que tienen un ahorro, la mayor parte ganan más de ¢750.000 mensuales y de los que no tienen ahorro, la mitad gana menos de ¢500.000.
Está claro que las personas con bajos salarios tienen menos interés en servicios bancarios.
La encuesta dice que el 65% de los ganan menos de ¢250.000 tiene una baja bancarización; lo mismo ocurre con casi la mitad de los mayores de 50 años y con seis de cada diez que solo fueron a la escuela primaria.
Públicos con gran peso
Al examinar los créditos que poseen los jefes de hogar, la encuesta también arrojó algunos datos sobre el tipo de instituciones que prefieren.
El 30% de las operaciones de préstamo fueron obtenidos de un banco público (incluye los estatatales y el Banco Popular); un 27% de una asociación solidarista o una cooperativa y solo un 11% de un banco privado.
Como era de esperarse, el 41% de los créditos se usó para comprar o remodelar la vivienda, un 29% para cubrir gastos del hogar y 12% para pagar deudas.
Otro dato interesante: a nivel de servicio, las entidades mejor calificadas fueron las solidaristas y las cooperativas (nota 9 de 10); los bancos públicos quedaron con un 7,9 y los privados con un 7,4.
En resumen, el estudio confirma que los banqueros tendrán que planificar mejor su estrategia para competir. Deberán atender sectores menos rentables sin perder de vista a otros competidores, como las asociaciones solidaristas y las cooperativas.
Realizada por la Escuela de Estadística de la UCR entre el 1 y el 8 de febrero. La población incluyó los hogares con teléfono en todo el país. La muestra abarcó 701 hogares y el informante fue el principal sostén económico del hogar.









