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Estilos de Vida # 678

Hay platos que miden 160 km

El movimiento lovacore promueve consumir solo productos locales

El Financiero

Alexánder Salazar /EF

Jacques Lanusse Cazale

*Colaborador

Después de los carnívoros o los herbívoros, una nueva tribu, los locavores , hizo su aparición en Estados Unidos desde hace un par de años.

El nuevo vocablo locavore recibió el premio de la palabra del año 2007 por el distinguido New Oxford American Dictionary superando a tase (acción de infligirle una descarga eléctrica a un individuo rebelde) y munblecore (película con pequeño presupuesto filmado con actores no profesionales y con diálogos improvisados).

Un locavore es una persona que se compromete a comer solo productos cultivados, preparados y embalados en una zona de menos de 100 millas (160 km) de su lugar de vivienda.

A la escala de Costa Rica (55.000 km² contra 9.631.000 km² de los Estados Unidos, es decir 175 veces más pequeño), el locavore tico debería limitar su aprovisionamiento a una distancia de 914 metros alrededor de su casa.

“Escogimos locavore como palabra del 2007 porque es significativa de la importancia creciente del fenómeno ecológico en la sociedad estadounidense”, explicó Ben Zimmer, el responsable del diccionario.

Bautizo gastronómico

Cuatro amigas que viven en California idearon la palabra locavore y dieron origen a este nuevo estilo de vida que tiene como uno de los principales objetivos reducir, por sus acciones, los gastos en petróleo vinculados al transporte de los alimentos en Estados Unidos y en el mundo.

Cansadas de encontrar en los supermercados las fresas que provienen de Florida, mientras que California es productor de esta fruta para la exportación, lanzaron este movimiento que sedujo a miles de estadounidenses en algunos meses.

Según datos que maneja la asociación, la distancia media recorrida por los alimentos entre la finca del productor y el plato del consumidor asciende a 2.000 kilómetros.

Un vaso de jugo de naranja de Florida, consumido en Chicago, contiene también el equivalente a dos vasos de petróleo que fueron necesarios para transportarlo.

En el Estado de Oregon, la asociación Eco-Trust lanzó una campaña de sensibilización que cuenta la historia de dos tomates: uno es totalmente verde, tiene la mirada triste y se llama Traveling Tom.

Viene de lejos, se cosechó antes de madurar y será enrojecido a base de hormonas antes de venderse. El otro es todo rojo y tiene una gran sonrisa. Es Local Lucy.

Preferencia por lo local

EntreTraveling Tom que viene de un sitio desconocido y Local Lucy , originario de la zona, el consumidor de Oregon eligió rápidamente.

Asociaciones más radicales intentan convencer también al consumidor de privarse de carne por lo menos un día a la semana, porque según ellas, si cada consumidor americano siguiera un régimen vegetariano una vez a la semana, esto tendría el mismo impacto que retirar 8 millones de carros de la circulación.

El movimiento lanzado por locavore sedujo hasta a habitantes de Nueva York.

Adam Gopnik, distinguido crítico gastronómico del periódico New Yorker , decidió vivir una semana con alimentos que provenían exclusivamente de cinco barrios de Nueva York.

En su reportaje, que fue publicado el 3 de setiembre de 2007, explica que descubrió a un productor de pollo y de huevos frescos en Bronx.

En Soho compró miel producida por una pareja de jubilados sobre el tejado de su edificio.

Comió palomas y hongos de Central Park, tilapias producidas en un colegio de Brooklin y frijoles verdes cultivados por una señora en su pequeño patio en Manhatan.

En la conclusión de su experiencia, Adam Gopnik afirma que “comer algo local es ante todo encontrar a las personas que viven cerca de su casa, en cierto modo redescubrir a sus vecinos”.

Las otras principales motivaciones de los locavores son consumir localmente con el fin de privilegiar la frescura de los productos, generalmente cosechados 24 horas antes de su puesta a la venta; proteger el medio ambiente gastando menos energía, reducir la dependencia alimentaria hacia ciertos países lejanos y, por supuesto, dar su contribución a la economía local.

Numerosas personalidades norteamericanas del mundo de la gastronomía criticaron este aislacionismo alimentario que priva al consumidor de los viajes formidables y de los descubrimientos culturales que puede ofrecer la comida en el siglo XXI.

En reacción a esta moda, Joël Stein, periodista de la revistaTime , decidió elaborar minuciosamente una cena excepcional reuniendo productos que han recorrido unos 5.000 km.

El menú consta de corvina de Argentina, de camarones de Tailandia, de espárragos de Perú, de minivegetales de Costa Rica, todo acompañado por vino francés.

Hasta los altermundialiste condenan la filosofía dellocavore , pues estiman que causa perjuicio al desarrollo del comercio sostenible que permite a comunidades de Latinoamérica y de África vivir de sus producciones agrícolas.

El debate todavía es una ilustración de las preocupaciones actuales en Estados Unidos, donde las alerta de contaminación alimentarias son numerosos, y donde la gente cada día se preocupa más por la protección del medio ambiente.

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